Last Summer Last Summer

Álbumes

Eleanor Friedberger Eleanor FriedbergerLast Summer

7.5 / 10

MERGE

2011 está siendo un año en femenino. No sólo los grandes triunfadores masculinos como Bon Iver, James Blake o Christopher Owens han hecho gala de un carácter frágilmente afeminado, sino que las hembras han brillado por sí mismas con auténtica fuerza. En el terreno del pop-rock y alrededores, al menos diez de ellas han entregado discos importantes. Son, a mi juicio y por orden alfabético, Anna Calvi, Annie Clark, Björk, Britney Spears, EMA, Feist, Katy B, Lykke Li, Merrill Garbus y PJ Harvey, todas ellas aspirantes al galardón de Mejor Actriz del ejercicio. Un peldaño más abajo, en el apartado de candidatas a mejor rol secundario, podríamos nominar a Lana del Rey, Maria Minerva, Armelle “SuperBravo” Piolin, todo el supergrupo Wild Flag al completo y, sobre todo, a una gran conocida de hace tiempo: Eleanor Friedberger.

La hermanísima de Matthew Friedberger se lanza a la aventura en solitario con un trabajo consciente de sus puntos fuertes, fornido de grandes canciones y llamado a tutear a las mejores entregas de su banda madre. La comparación con Fiery Furnaces, claro, resulta inevitable. Sobre todo porque, de alguna manera, “Last Summer” se presentaba para Eleanor como la gran oportunidad para demostrar cómo valerse por sí misma fuera de la tiranía del proyecto principal. Ante la prueba de fuego que supone enfrentar este disco a la carrera de Fiery Furnaces (cubista y extravagante, plagada de reinvenciones constantes, sometida a una exhaustiva velocidad de producción), nuestra protagonista sale fortalecida. Y es que, comparado con trabajos como el fabuloso “I'm Going Away”, “Last Summer” suena claro y ligero. Infinitamente menos denso que el imposible “Blueberry Boat” y mucho más digestivo que el ladrillo en forma de doble disco editado por su hermano en 2006 ( “Winter Women / Holy Ghost Language School”).

Irregular mas siempre orgulloso de su carácter, esto suena, pues, como toda una liberación para Eleanor. Como un punto de fuga que le sirve para coger aire y echar a volar sin rudimentarios artefactos ni ningún ave delante marcándole el camino a seguir. Ella estaba segurísima de su capacidad para firmar un trabajo competente y así lo reafirma el hecho de que no quisiera mostrar a ningún allegado, ni siquiera a Matthew, el resultado plasmado hasta que el disco estuvo acabado de grabar. Sabía que “Last Summer” era un triunfo de antemano, aunque sólo lo fuera para ella. Un disco que la muestra, si cabe, más guapa de lo que ya era, manejándose con confianza dentro de unos parámetros estilísticos no muy lejanos a los de la banda madre pero que tampoco adolecen de no serlo. Porque, como canta en “I Won't Fall Apart On You Tonight”, “there's nothing new, and that's nothing bad”.

Indicado especialmente para admiradores de los Fiery Furnaces más accesibles y menos irónicos, es un álbum que va a encandilar a los admiradores que ya tiene, que le hará ganar nuevos adeptos a la causa y que también le permitirá rescatar a aquellos desencantados que se asustaron por las maniobras retorcidas perpetradas junto a Matthew. A todos ellos les conquistará la espléndida “My Mistakes” y otras gemas como “Heaven”, “Inn Of The Seventh Ray” o “Roosevelt Island”, todas ellas enmarcadas en la fabulosa primera mitad del álbum. Guiadas por los teclados y especiadas con sabrosones picotazos de doo-wop, funk, synth-pop o reggae, los temas remiten a los iconoclastas cantautores que florecieron a finales de los setenta, y utilizan como excusa argumental lugares y memorias de la ciudad de Nueva York para hablarnos entre líneas de lo que ha sido emocionalmente la primera década del siglo para una cantautora llamada a triunfar en la que entra.

Cristian Rodríguez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar