Ladyhawke Ladyhawke

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Ladyhawke LadyhawkeLadyhawke

6.3 / 10

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A lo mejor todo lo que tenga que ver con hacer música y con el concepto Lady Halcón nace necesariamente del petardismo, del rollo de los ochenta que te hace rimar hortera con palmera y con papelera y quedarte tan ancho. Ya se sabe, con el brillo de tanta lycra a veces se piensa de otra manera. Esta vez, de todos modos, no hay una masa de puristas heridos pidiendo la cabeza de Alan Parsons Project por dejarlos con la cara a cuadros viendo como Michelle Pfeiffer sufría de amor al ritmo de un sintetizador mas bien robótico -cierto, nada que ver con el rollo medieval boscoso de la peli, pero la idea no era del todo mala, y la banda sonora tiene sus momentos, en cualquiera de los casos-. Esta vez Lady Alcón no se traduce, se queda en su Ladyhawkeoriginal y así, como fan de los ochenta declarada, da sus primeros pasitos sin ruedecillas Philipa Brown: un gran nombre para la que seguro es una gran mujer. Philipa Brown nos cae bien. Hija de baterista y jazz singer empezó a tocar la batería con sus pintas de Barbie a la tierna edad de once años y ha hecho lo que ha querido, como buenamente ha podido. Como la niña no es una postmoderni con serrín en la cabeza y se ha preocupado de convertirse con toda solvencia una verdadera mujer orquestra el resultado es más que aceptable. Con aceptable quiero decir que este álbum debut (‘a lo primer viaje en bicicleta sin ruedecillas’) no es ningún tipo de revelación bíblicomusical pero va a entrar igual de bien en la pista que en un momento de hiperactividad doméstica, incluso para ponerte a limpiar. Con su electro rock de toda la vida Ladyhawke transmite unas ganas mucho más honestas y verdaderas que muchos de sus colegas de profesión. Sí, ha hecho un refrito de todo lo que pide la pista, al menos esa parte de la pista que ha superado la fase cocainómana, que ahora se pone ciega de MDMA – ya los veo saltando con “ Paris Is Burning” tanto como algunos saltamos con el “Rocker” de Alter Ego (aunque el “Rocker” mole infinitamente más) y que, por tanto, se ha hartado por fin de escuchar ese minimal coñazo que venia enquistado la escena en general desde hace demasiado tiempo, y que aún no ha muerto del todo, desgraciadamente. Todos mis respetos a Richie, que conste, a pesar de lo cansino de su religión, de su concepto y de sus interminables sesiones. Todos mis respetos tanto a Richie y a Philippa por hacer la cosas por placer además de por dinero, que es lo que deberíamos hacer todos.

Marta Delatte

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