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Discovery DiscoveryLP

7.1 / 10

Discovery  LP XL RECORDINGS / ¡POPSTOCK! Lo decíamos no hace mucho. Y ahora lo repetimos: parece que la temporada (fenómenos nacionales de chicas y arrebatos de folk pastoral al margen) está consagrada a los discos de sintetizadores, al revival ochentero de la fiesta y la resaca de la fiesta, a la reinvención del pop melancólico con medio ojo puesto en la pista de baile pero destinado, más bien, a satisfacer las fantasías hedonistas (ya sabéis el rollo: amaneceres con amantes de las que casi no recordamos el nombre y a las que conocimos bailando hasta las mil) de los singles (el soltero de toda la vida) de las grandes ciudades. No nos engañemos: esta música no es ni más ni menos auténtica que el rock sudoroso o el cabizbajo indie de camisetilla. Simplemente sus parámetros (estéticos, sobre todo; pero también de calidad, de intenciones) son claramente otros. En ese contexto surge el disco de debut de Discovery, nombre que esconde, en realidad a dos miembros destacados de la escena de qualité neoyorquina: por un lado, Rostam Batmanglij (teclista de Vampire Weekend); por otro, Wes Miles (vocalista de Ra Ra Riot). Poca cosa.

Y la verdad es que no se puede imaginar un momento mejor para la salida de este disco que el pleno verano. Desde el arranque, con la pegajosa infección (casi de R&B de radiofórmula) de “Orange Shirt”, el colorista disco de debut de Discovery es algo más que una anecdótica colaboración: hay algo exultantemente optimista en esta nueva música electrónica; hay algo, a pesar de su melancolía, que invita al baile menos sórdido, a sentimientos puros, breves pero puros, intrascendentes e intensos; algo divertido, tan frívolo que acaba casi cargado de profundidad. Es una bonita música contradictoria…

Está lleno, además, “LP”, de momentos para el recuerdo: la deconstrucción de “So Insane”, que arranca con esos versos – “when I saw you at the discoteque…”– y que mantiene la melodía, el ritmo, pero retorciéndolo, ralentizándolo a mitad de canción, como un punto de giro inesperado, para volverlo a acelerar. Como si estuviera jugueteando con el teclado y el sampler en tiempo real. La feliz melodía de videojuego de “Swing Tree”, capaz de animar cualquier mañana, con débitos a ritmos más meridionales que urbanos; “Carby”, que suena tanto a la petardez del electro o del europop como a las canciones más sentimentales de los propios Vampire Weekend (ahí está, poniendo la voz el cantante de estos, Ezra Koenig) o la oportuna revisión del “I Want You Back” de The Jackson Five, que suena a enloquecida, pasada, con el vocoder como protagonista; casi como un robot que se hubiera decidido a cantarla en un karaoke.

El disco echa el cierre con la extrañísima tristeza africana que desprende la breve y hermosa “Slang Tang” y pensamos en darle otra vez al play, dudamos entre si salir o no esta noche (inmersos como estamos en la fantasía colorista de drogas y sexo que, veladamente, propone el universo del disco), y la sensación de lento desenfreno no remite. Sus canciones de electro entre sofisticado y chungo se quedan impregnadas en la ropa como se queda el olor del humo y las copas en los bares. Es verano, salgan y escuchen “LP”. Es el único consejo que se me ocurre para estos días infectos de calor.

Fernando Navarro

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