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Violetshaped VioletshapedLP

8.1 / 10

Tras el colapso de lo minimalista y lo obvio de lo nostálgico-detroitiano, el techno actual necesitaba una vía de escape que le llevara fuera del laberinto estético en el que se había encerrado. La huida (parcial) la encontró en el regreso a la línea dura y tóxica del hard techno, ese subgénero vecino de la asfixia. Como resultado, desde hace un par de años, y sobre todo gracias al hype dentro del circuito endogámico del 4x4 experimental del proyecto/sello Silent Servant –la discográfica ya está clausurada, pero el colectivo regresa el mes que viene con un mix para la serie Fabric bajo la axila–, el viejo sonido industrial, colindante con el noise, se ha aupado de nuevo a la cima de la tendencia dominante en el género. Sin duda estamos ante un fenómeno minoritario y negado para incorporar público nuevo; todo lo que viene firmado por gente como Vatican Shadow, Blawan, el revitalizado por enésima vez Surgeon, Function o Ancient Methods, tiene un algo de sucio, viscoso, que espanta al personal menos curtido. Es un techno que rechina, que golpea con la mano abierta, que invade todo el espacio auditivo y chupa el oxígeno del mismo modo en que años atrás creara su particular agujero negro la recua de hotentotes y ostrogodos liderada por Oliver Ho, James Ruskin, Ben Sims y compañía. De hecho, éste es un regreso a la fórmula repetitiva e incansable, pétrea e imposible de resquebrajar, del viejo techno oscuro. Pero, he aquí el matiz, con un mayor interés por el detalle y un deseo más profundo de causar el horror. Ya no se trata de energía y de cerrar un bucle rítmico para bombardear la pista de baile, sino de destapar la caja de Pandora, esparcir horrores y destrozar los nervios. Sin control.

En 2012 entraron en este circuito truculento dos productores de los que se sabe poco o nada. Violent Poison no ha dado ninguna pista sobre su identidad, no se sabe de dónde viene ni a qué se dedica, ni si es nuevo en el techno o un veterano reformado. De Shapednoise se sabe algo más –lleva el sello Repitch Recordings–, pero lo justo como para meterle dentro del saco de los creadores anónimos del cambio de década. Y juntos, bajo el alias Violetshaped, editaron el año pasado dos EPs, uno con material original y el otro con remezclas, que entraron directamente y sin rodeos en las maletas de los DJs más aficionados a lo brusco. Esa línea de puntos imprecisa se prolonga en 2013 con varios lanzamientos más –dos álbumes de techno lo-fi, desaseado y pálido en Hospital Productions firmados individualmente por cada uno de los componentes del dúo– que convergen justo ahora en “LP”, una edición exclusivamente en vinilo que condensa algunos de los minutos de techno más rocosos y afilados de lo que llevamos de año (mejor dicho, de década), uno de esos platos de digestión pesada que basan su propuesta en la quiebra del ritmo, la resonancia enferma de los ecos y la textura pustulosa de los sonidos que rellenan un esqueleto, por lo demás, austero y negrísimo. Tomando como eje central “Spectral Nightdrive” –pieza que inaugura la cara C y, por tanto, el segundo vinilo–, nos encontramos con algo que va más allá todavía de lo que planchan sellos como Blackest Ever Black o Subtext: es un horror multiplicado, exagerado, es un techno astillado que se envuelve de psicofonías y redobles, donde los bajos golpean las cavidades del cuerpo casi de una manera subliminal. Hay una diferencia leve, pero decisiva, con respecto a Regis o Vatican Shadow: no es un techno monolítico como el primero, aunque tampoco líquido –al lado de otros tracks que parecen de carbón, esto es alquitrán caliente–, ni tampoco es de una confección lo-fi para intentar multiplicar así su efecto dañito. Son cortes muy bien montados, muy bien pulidos, de modo que en el proceso por sacar su brillo lo que se obtiene, a cambio, son manchas diáfanas, que parece que no están, pero extienden por toda la superficie.

“LP” es un disco condenado a pasar a la historia de las grabaciones de culto, a dejar una leve muesca en el presente para ser reclamado en el futuro como una obra mal entendida en su momento –como hoy ocurre con ciertos títulos de Bandulu de principios de los noventa, por ejemplo–. Quizá cuando haya que repasar lo que dio esta nueva transición del techno entre 2011 y 2013, la de la negación del minimalismo digital y del regreso a las fuentes románticas de Detroit para reflejar un mundo al borde del colapso, tengamos que acudir al álbum de Violetshaped como un título de capital importancia. Aunque, de todos modos, habría que frenarse un poco con los adjetivos, porque todo indica que esto no es la culminación, sino el comienzo: apesta a que la inescrutable pareja todavía no ha dicho la última palabra ni ha dado lo mejor de sí misma todavía.

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