LP LP

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Container ContainerLP

7.8 / 10

Confieso que siempre me ha fascinado la gran cantidad de productores de techno y de electrónica experimental con los que me he tropezado que, en su adolescencia y primera juventud, dedicaban sus energías a géneros como el hardcore, el noise o las diversas ramas del heavy metal. ¿Cuál es el atajo que les lleva de un lugar a otro? ¿Cuáles son las conexiones que existen entre mundos tan diferentes, al menos en apariencia? ¿Cuáles son las trazas que se quedan en el substrato de los discos que hacen, después de haber superado semejante educación? La respuesta a esas preguntas bien podría estar en los temas que graba el norteamericano Ren Schofield bajo el alias de Container. Residente en una ciudad tan poco afecta a la música electrónica como Nashville, Schofield dedicó su primera juventud al noise; a ese noise abstracto, rasposo y abrasivo que los anglosajones llaman tabletop-noise, y que no utiliza ordenadores, sino una montaña de pedales, algún módulo de sonido y un par de cajas de ritmos dispuestas sobre una mesa (si han visto alguna vez en directo a Fuck Buttons, ya saben de qué hablamos). Un line-up básico al que Schofield añade una guitarra (que no se nota demasiado, la verdad) y un cuatro pistas, ese no-instrumento que tiene la capacidad de aumentar los niveles de distorsión hasta el infinito.

Con semejante equipo en las manos, es fácil deducir que las producciones de Container suenan crudas y sucias, un aluvión de sonidos distorsionados que caen en cascada sobre la pista del club, destrozando tímpanos y membranas de altavoces (después de todo, hablamos de una música que cobra todo su sentido a volúmenes elevados), y que no intenta esconder el pasado como noisemaker de Schofield. Antes bien, el acercamiento al techno de nuestro hombre es elemental y directo: intenta evitar recursos fáciles como el subidón (o los emplea de una manera imaginativa, como en el tramo central de “Refract”), y prefiere basar toda su potencia en un sistema de adicción y sustracción de loops; en la construcción de unos castillos de sonido cada vez más enrevesados, que tienen mucho más que ver con las primeras producciones de Jeff Mills, Robert Hood o Dave Clarke que con cualquier disco que se haya publicado en Ostgut Ton o M-nus en los últimos tiempos. De hecho, una buena manera de describir “LP”, el segundo disco de Container, consiste en decir que tiene mucho más de minimalista que de minimal. Es minimalista porque sus partículas elementales son sencillas y primordiales: un bombo a negras, un filtro picado, una línea de bajo sin florituras, un charles metido en contrapunto, un chirrido desagradable; una materia que se hace compleja mediante un gesto tan sencillo y directo como la superposición, y que no necesita del arsenal de efectos y plugins que atenazan (y vacían de contenido) a la gran mayoría del minimal techno actual. “Dripping”, la pista que abre “LP” es un ejemplo perfecto de cómo funciona esta estrategia: varios elementos rítmicos que se van superponiendo a medida que avanza el tema, y que tras alcanzar un momento de máxima presión, van apareciendo y desapareciendo de la mezcla, manteniendo la tensión sin llegar a romperla. Una estrategia que la muy motórica “Paralyzed” y “Acclimator” llevan a cotas de salvajismo aún mayor, y que termina de estallar en la segunda cara del vinilo, con las ácidas volutas que va desgajando a su paso “Perforated” (un título más que revelador) y con la extrema violencia que desata “Refract”, una auténtica explosión nuclear que parece diseñada para arrasar la pista de baile sin dejar supervivientes. Que es un poco lo que sucede con “LP”: un disco que apenas necesita treinta minutos para devolver al techno toda su fiereza y peligrosidad. Pura dinamita.

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