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Álbumes

Ratatat RatatatLP4

7.9 / 10

Ratatat  LP4 XL RECORDINGS / POPSTOCK!

Su particular concepción de las guitarras encrespadas se enredó en algunos de los mejores hits del excelente “Man On The Moon: End of Day”(Universal, 2009) de Kid Cudi, donde colaboraron a cara descubierta. Unos meses después, quedó bien claro que sin la sublimación de las guitarras más horteras de los 80 como herramienta para la fiesta desprejuiciada que siempre se habían marcado Ratatat no existiría el alucinante debut homónimo de Fang Island. Los neoyorquinos iban por buen camino. Y así, después de reflejarse en otras superficies sonoras, llega un cuarto álbum, “LP4”, como continuación del anterior “LP3” (XL, 2008). Parece un título de Perogrullo, y lo es, pero también tiene su qué. No es que Mike Stroud y Evan Mast se hayan mostrado rácanos a la hora de pensar un título: la cuestión es que este “LP4” se grabó en el mismo lugar (los Old Soul Studios en Catskill) y al mismo tiempo que el mencionado “LP3”. De hecho, sus artífices avisan de que son dos trabajos que han de ponderarse como un todo. Así que la falta de originalidad en el título queda justificada. El rollo perro, no.

Y es que si de algo adolece el nuevo álbum de Ratatat es precisamente de perrancanismo, de falta de riesgo, de un dormirse en los laureles que en breve puede agotar el subidón que nos pusieron en forma de pastilla debajo de la lengua con sus dos primeros discos. Esto no imposibilita que “LP4” sea un álbum brillante (que lo es); de hecho, en esta ocasión Stroud y Mast han conseguido girar la rueda de enfoque de su particular cámara musical hasta acabar con los contornos borrosos de su anterior largo y dar con una imagen nítida hasta el punto de dejar al descubierto los poros en la epidermis. Ellos dicen que ambos discos se han de concebir como un todo. Yo digo que aquello fue poner la cámara y esto es encuadrar.

Pese al tirón de orejas previo, ha de quedar claro que “LP4” no es sólo el álbum con mayor cuota de aciertos sonoros de la banda, sino que es su trabajo más equilibrado. Si algo les distinguía en sus dos primeros discos fue su concepción de las canciones como un suma y sigue ultra-sónico en las que jugaban a una versión coñona y demoledora de un cut’n’paste concebido más como licuadora que como teoría matemática. En “LP4”, la licuadora se alimenta directamente de ciertos jugos tropicales de última generación para mezclarlos con las frutas maduras que Ratatat ya han exprimido en sus tres anteriores álbumes. Para la ocasión, vuelven a recuperar las guitarras eléctricas cercanas al rollo metalero ochentero que (para desgracia de muchos) estuvieron bastante ausentes en “LP3”. Además, se incorporan multitud de texturas novedosas y seductoras que caen en el oído de quien escucha como un psicotrópico excitante y triposo. Al final, es imposible quedarse con un solo elemento que resalte por encima de los demás: absolutamente todas las canciones de “LP4” alardean de desbordantes detalles freaks con una naturalidad que destierra de la mente el término “exhibicionismo”. Ahí está lo grande de Ratatat: hacen lo que hacen sin que nada chirríe. Su música, por compleja que pueda ser, se presenta ante quien escucha con una fluidez natural y casi nudista.

Imposible destacar algo: deslumbra tanto la apertura sísmica de “ Billar”, con su gravísima percusión y sus tembloroso sinte, como el cierre optimista y lisérgico de “ Alps”. Pero es que lo que hay en medio es un festival non stop: “ Neckbrace” incorpora la voz como textura sonora para configurar un paisaje de baile inquietante; la percusión de madera de la arrebatadora “ Bob Ghandi” remite a un baile tribal que se amplifica a través de unas guitarras eléctricas que crecen en espiral; el ritmo percutivo y casi ancestral de “ Party With Children” se entrelaza con unos theremines desquiciados y unas líneas de teclado que embrutecen la palabra “clásico”; “ Bare Fist” gira la cabeza hacia Asia con una mirada celebrativa y optimista que embarga de ilusión a todas las secciones rítmicas. El conjunto es una especie de sublimación del sonido Ratatat al que se le han incorporado ciertos pulsos de última ola (tropicalismo y afrobeat, básicamente). Un llegar a la cumbre a base de hincar codos que, sin embargo, adolece de la falta absoluta del factor sorpresa. Es lo que pasa cuando te sacas las oposiciones a base de años de prueba y error: que en vez de recibir felicitaciones la gente te dedica amplios “ya era hora”. Por todo ello, es inevitable pensar que un “LP5” es innecesario: después de esto, cambio de rumbo, o la muerte.

Raül De Tena

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