Kveikur Kveikur

Álbumes

Sigur Rós Sigur RósKveikur

7.6 / 10

Nunca antes Sigur Rós habían dejado pasar solo un año entre la publicación de un disco y otro, que es el tiempo que separa a “Valtari” de “Kveikur”, sus dos últimas grabaciones. Señal indicativa esta, que no la única, de que el grupo no parecía muy convencido con los resultados obtenidos por su predecesor, un disco que solo nos gustó a unos pocos y, por lo visto y leído, probablemente de forma equivocada. De canciones largas, tono contemplativo y apuesta formal esquiva, “Valtari” jugaba en territorio ambient para desesperación de sus seguidores pop y abogaba por un tempo de rebuscada tibieza, en las antípodas del crescendo épico y la tormenta de guitarras habitual de su discurso. O no se entendió, o no llegó en el momento idóneo o, directamente, no gustó, pero lo cierto es que incluso llegó a generar reticencias entre fans acríticos con la causa. Y quizás por todo ello, o quizás por las ganas de la banda de volver a las andadas, o también quizás porque los islandeses han recuperado esas ganas y motivación que ellos mismos confesaban haber perdido cuando encararon la gestación de “Valtari”, su nuevo álbum, “Kveikur”, les ha salido especialmente agitado y ruidoso.

Quien tenga un mal recuerdo de “Valtari” al momento recuperará la sonrisa. Los primeros compases de “Brennisteinn”, la pieza con la que abren fuego, marca la pauta: batería contundente, bajo distorsionado, feedback, arreglos de cuerdas excitados y sensación de que el discurso ha vuelto a su sitio. Tampoco es “Kveikur” la continuación de Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust en el sentido de explotación o prolongación de las claves pop que le dieron vida y lustre. Se puede decir que en este nuevo disco Sigur Rós han rebobinado un poco más en su carrera para ubicarse en una posición cercana a “Takk…”, aunque la impresión es que en esta ocasión con una mirada menos ambiciosa que entonces. Y aunque tenga apariencia de fiesta privada, de álbum para divertirse y recobrar viejas sensaciones, “Kveikur” contiene argumentos y canciones para reivindicarse como algo más que todo esto, y en buena parte se debe a la frescura y el dinamismo con el que los integrantes del grupo parecen haber afrontado este pequeño reset expresivo. Y a todo esto hay que sumarle un factor más importante de lo que parece: la posibilidad de trasladarlo al directo en toda su plenitud, algo que, por motivos obvios de tono y contexto, no permitía “Valtari” y su registro de ambient nocturno y melancólico.

La primera buena noticia que nos trae “Kveikur”, pues, es este replanteamiento formal para volver al pasado y el feeling que transmiten los miembros del grupo en este reencuentro. La segunda, quizás más importante aún, que esto lo llevan a cabo con un álbum en el que es fácil encontrar buenas canciones, incluso algún que otro amago de single. “Rafstraumur” es el rayo de sol del disco, otra canción redonda que puede formar parte de la lista de los hits redondos de la banda, y “Stormur” deja claro a quienes habían perdido la confianza en ellos que conservan el buen gusto por la melodía y el acento pop. También hay espacio para los mazacotes explosivos, e incluso para algunos pasajes de tensión y distensión de su marca de fábrica. Trucos de guión que muchos de sus fans echaban de menos. Los islandeses vuelven a sonar poderosos y magnánimos, reconciliados consigo mismos, se diría que renacidos. Perdido el factor sorpresa, y arrinconada por el momento su faceta más experimental, estos ‘nuevos viejos’ Sigur Rós apuestan sobre seguro y no fallan en la difícil empresa de recuperar las buenas sensaciones en un momento decisivo de su carrera.

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