Kuopio Kuopio

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Vladislav Delay Vladislav DelayKuopio

7.7 / 10

Hubo una época en la que Vladislav Delay era un (exquisito) churrero del ambient de composición viscosa y textura turbia: sacaba los discos a pares –o a puñados– y sus tentáculos llegaban hasta el house y el techno; lógicamente, llegó un momento en el que tuvo que bajar el ritmo para no cargar al personal y no saturarse él, que al fin y al cabo todos tenemos una vida. Llegó el amor, tuvo una hija, y durante unos años el ritmo de producción de Sasu Ripatti se resintió, como no podía ser menos. Pero desde hace pocos meses esta curva en descenso, esta desaceleración –como dicen los gobiernos– ha repuntado: “Kuopio” llega un año exactamente después de “Vantaa”, el disco con el que Vladislav Delay encontraba acomodo en Raster-Noton tras una etapa de montárselo por su cuenta en Huume, y antes de eso hubo más Luomo, más Vladislav Delay Quartet, más colaborar con Moritz Von Oswald y toda la pesca. La máquina rinde a pleno rendimiento, o sea. Pero eso no es lo importante: lo crucial es que la máquina está engrasada y renovada, rinde bien y el giro technoide que ya se atisbaba en “Vantaa” está plenamente formalizado en Vladislav Delay, que logra dejar (nuevamente) su sello propio en la música electrónica de dormitorio con un juego de referencias cruzadas entre el dub polucionado de Basic Channel y el desplazamiento reptante de los beats propio de Andy Stott. “Kuopio” es como ir al buffet libre del techno experimental, pillarse lo mejor y dejar el plato a rebosar con las viandas.

Kuopio es una ciudad de Finlandia –según Wikipedia tiene 97.000 habitantes, es la capital de la región de Savonia del Norte, está rodeado por el lago Kallavesi y se hace un paté de pescado de escándalo–, y “Kuopio” se puede entender casi como un disco descriptivo: ráfagas ambientales sacudidas por erupciones de ritmo espeso que vienen a ser como el reflejo sonoro de un invierno largo y oscuro, azotado por el viento y la nieve, casi inhóspito. Por supuesto, la música de Vladislav Delay siempre ha sido así, ha tenido muchas de las características que en este disco –el doceavo ya de su carrera sólo con este alias– suenan más afiladas, preeminentes, sin rodeos para no llegar a ninguna parte ni largas fases de duda en las que se acaba diciendo siempre lo mismo: el tríptico que forman “Vantaa”, el EP de mediados de este año “Espoo” y los ocho cortes de “Kuopio” (nueve en la edición digital) son la apertura de una nueva etapa. Un tema como “Osottava” es un buen resumen de sus intenciones, de la puerta abierta a nuevos terrenos: un bajo que tiene la cadencia insistente de un taladro eléctrico, un beat al compás y de tacto rugoso, una mezcla entre abstracción dificultosa y ganas de lanzarse a una pista de baile, aunque sea esquizofrénica, gélida y casi extraterrestre.

Todo lo demás sigue el mismo patrón: “Vastaa” es una prolongación renovada del techno helado de la marca Chain Reaction –bendita sea– mientras que “Hetkonen” es un paso decidido en la dirección de Andy Stott, T++ y otros renovadores de la substancia más intrigante del techno, siempre optando por longitudes generosas, entre siete y nueve minutos, para lograr que el sonido cale en el cuerpo con paciencia, alternando temas tranquilos, casi a temperatura primaveral ( “Kellute” o “Marsila”, que a ratos incluso parece Luomo), con otros de paso intranquilo y atropellado como “Hitto”. Después de tantos años, Vladislav Delay ya no está llamado a provocar la gran ruptura en el techno y es normal que mire de reojo lo que se hace en Modern Love y Honest Jon’s como antes reverenciaba todo lo que paría Moritz Von Oswald. Eso sí, habría que ver cuántos jóvenes de hoy conseguirán estar tan finos, activos y precisos como él dentro de 13 años. Un respeto.

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