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Álbumes

Konstellaatio

8.4 / 10

Desde que concluyó el proyecto Pan Sonic con el aclamado “Gravitoni” (2010), el momento creativo de Mika Vainio pareció entrar en una efervescencia aún mayor que en años pasados, que no es que hubieran andado precisamente cortos de material. Los discos en solitario han sido tres -los que van de las improvisaciones noise a la guitarra, al estilo Jim O’Rourke, de “Life (...It Eats You Up)” en 2011, a los desgarros anales de techno avantgarde del reciente “Kilo” (2013)-, y si nos atenemos a la obra en colaboración es aún más fácil perder la cuenta: con el músico finlandés han trabajado desde Stephen O’Malley a su paisano Vladislav Delay y varios popes de la experimentación sin compromiso como Kouhei Matsunaga y Kevin Drumm. Cuando un artista difícil entra en esta espiral de trabajo y de proyectos, algo que suele ser muy habitual en el gremio, a los comentaristas de su obra se les plantea una dificultad añadida: no sólo la de seguirle el ritmo, algo que se convierte en prácticamente imposible, sino también la de saber detectar dónde surge algo excepcional entre tanto material rápidamente masticado y digerido. Pero no con él, porque cuando Vainio tiene algo extraordinario entre manos suele servirlo en sus mejores platos y con los mejores aderezos. Una vez terminado “Konstellaatio”, sabía que había que vestirlo con su alias más refinado, en su propio sello, y con una portada de las que llaman la atención por su fragilidad, ambigüedad y ternura.

“Konstellaatio” no es un disco de ruido sin domesticar, como “Through a Pre-Memory” (2013), que firmó junto a O’Malley como ÄÄNIPÄÄ, ni tampoco un capricho improvisatorio. Ni siquiera es continuista con su propio trazado dentro de la música de baile editada en Sähkö. Es, en la forma, una muestra de su techno alejado de todas las convenciones, un ejercicio de minimalismo en su expresión más depurada -de eso siempre ha tratado el proyecto Ø- y un regreso, en cierto modo, al dub, el latido primario de la música de Pan Sonic. Si Pan Sonic sonaban como si el dub se hubiera inventado en el Círculo Polar Ártico y no en Jamaica, “Konstellaatio” es ese mismo sonido después de un deshielo que hubiera desviado la orientación del eje de rotación del planeta y aniquilado las formas de vida que lo habitan. Silencioso, quieto y contemplativo, este es un disco infrecuente en la obra de Vainio porque no lidia con la energía bruta ni con los espasmos, sino que, en la línea de ciertos compositores de música electroacústica y contemporánea con inquietud ascética (Morton Feldmann, Luc Ferrari, Bernard Parmegiani), lo hace con la sensación de vacío y flotación. Si otros discos anteriores de Vainio había que escucharlos en tensión, apretando dientes, con la sensación de peligro, este hay que hacerlo en posición de reposo, dejando que la música fluya y te atraviese como una lluvia de neutrinos. A un volumen generoso, a poder ser, porque todo trata con partículas diminutas de longitudes de onda muy largas y de silencios enormes. Los cascos no son una recomendación, son casi un imperativo.

El título, de hecho, da una pista sobre el contenido. “Konstellaatio”, desde nuestra posición terrestre, es la idea de una gran magnitud: un cúmulo de estrellas brillante y majestuoso. Pero Mika Vainio parece componer desde el ápex de la esfera del cosmos, y desde su mirada de ave-dios una constelación no deja de ser una mota insignificante flotando a la deriva en la dimensión infinita del universo. Este disco suena como una descripción de movimientos y trayectorias de pequeñas figuras luminosas a lo ancho de un gran vacío: domina un silencio inmenso, casi terrorífico, por el que flotan notas afiladas, pulsos huecos, un beat, un crujido, un bajo que late con una timidez adorable. Si la clave de la sensación hipnótica que producía el techno-dub rítmico estaba en el inteligente uso de los espacios vacíos dentro de la programación rítmica, “Konstellaatio” es muy distinto: como en las “Atmosphères” de Ligeti hay texturas aparentemente inmóviles que van trazando un dibujo que se expande poco a poco, y un silencio inabarcable por el que van circulando sonidos que son como estrellas, galaxias o regiones estelares negras y solitarias hasta allá donde cubre la vista y admite el terror. Que esa idea tan abstracta del infinito pueda ser resumida con tanta brillantez en este ejercicio de electroacústica minimalista es memorable, y por eso no estamos ante un disco más de Mika Vainio, sino ante uno de los verdaderamente importantes, pues es una de las pocas obras musicales que se ha atrevido con éxito a resumir en sus estrechos confines no una región particular o el recorrido de una distancia en el espacio, sino el cosmos entero.

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