King Of The Beach King Of The Beach

Álbumes

Wavves WavvesKing Of The Beach

8.1 / 10

Wavves, King Of The Beach

FAT POSSUM / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

Con la gota gorda cayéndonos por la frente, resulta casi inevitable jugar a comparar dos de los discos del verano: este nuevo trabajo de Wavves y el inminente debut de Best Coast. Comparten varias cosas: nomenclatura costera, portada colorista con gaticos (el de Wavves araña más) y una férrea adscripción al estilo indie del momento: el ya bautizado “beach punk”. Con permiso del refulgente disco de ceo –algo así como el orgasmo hermafrodita del estío–, Nathan Williams y Bethany Cosentino se coronan como el príncipe y la princesa del verano. Y si el de ella, como decimos, aún está al caer, el de él ya está aquí y ha llegado para quedarse. Adelantada su edición por filtrarse antes de tiempo, la nueva fecha del lanzamiento digital de “King Of the Beach” no podía haber encontrado mejor ubicación en el calendario: se estrenaba el pasado 1 de julio coincidiendo con el primer chapuzón del año de multitud de veraneantes.

Revoltoso como una gaseosa y refrescante como la brisa marina, “King Of the Beach” le sienta de perlas a la discografía de Williams, hasta ahora oxidada en exceso. Pero, sobre todo, le viene que ni pintado a una Fat Possum dispuesta como hiciera Anti- la temporada pasada a rejuvenecer su catálogo de viejas glorias (veánse las recientes entregas de Crocodiles, Black Keys, Smith Westerns o lo próximo de The Walkmen). Nathan es el niño más malo de todos ellos, la oveja negra del sello. Si el año pasado se granjeó enemigos, odios y caras torcidas allá por donde pasó, ahora la tortilla se da la vuelta gracias a unas canciones que barren con todo. Los malolientes titulares que en 2009 parecían importar más que su calibre artístico han dado paso a la reflexión y el trabajo. Williams se ha pensado mejor las cosas, ha embragado, ha echado el freno del fuzz y se ha sacado de la chistera doce temas como doce soles. “So Bored” y “No Hope Kids” suenan hoy como meros esbozos de lo que son “Post Acid”, “Mickey Mouse” o “Green Eyes”, tres ejemplos enormes rescatados al vuelo que ilustran cómo escribe el chaval ahora: sin dejar nada al vuelo, repasando la caligrafía de arriba a abajo, en condiciones. Son muchas las canciones de este álbum que sabrán a recompensa a quienes supieron ver en su debut algo más que ruido. Pero son más las que deberían acabar enamorando por igual a los que antes no le soportaban.

Porque, a pesar de las letras, estas son canciones para hacer amigos. “Miseria, tú me consolarás. Contigo me lo paso bien” (“Post Acid”); “Todavía odio la música, es toda igual. Me odio a mí mismo tío, pero, ¿a quién culpar? Supongo que simplemente estoy jodido” ( “Take On The World”). “No soy lo suficientemente hombre. Mis colegas me odian” ( “Green Eyes”). Sí, su vida sigue siendo la mierda de siempre, pero habiendo escrito el mejor disco punk-pop de la temporada hay más motivos para sonreír. Sus ínfulas de perdedor incorregible, rebotan ahora en un colchón artístico mucho más mullido. “King Of The Beach” está mejor escrito, mejor ejecutado, mejor producido y mejor arreglado, ejecutando exactamente la misma maniobra que llevó a Ariel Pink a salir de su habitación y entregarse al estudio de la mano de un productor. En este caso, Williams –muy listo él– ha reclutado a la sección rítmica del fallecido Jay Reatard y se ha hecho con los servicios del productor Dennis Herring (Modest Mouse, Camper Van Beethoven, Throwing Muses), santo y seña decisivo del sonido final. Tomando el testigo del autor de “Blood Visions” que nadie parecía recoger, Wavves se sitúan pues como la banda de punk-pop más adelantada del momento –con permiso de mis favoritos Love Is All–. Una banda arrastrada, caliente, obscena y sangrienta como lo era la de Reatard. Sólo cabe rezar para que no se le vuelva a ir la pinza y se vuelva a despistar. Por ahora parece que no será así: Williams ha confirmado la inminente edición de un álbum a cuatro manos con Zach Hill ( Hella) que ya tienen grabado.

Se ha hablado de punzantes influencias a la hora de definir el angst que recorre el álbum. Se ha hablado de Minor Threat, Descendents o Green Day, y es verdad. Pero lo verdaderamente jugoso de “King Of The Beach” radica en cómo ese espíritu se mezcla con uno de sus opuestos: el de la candidez de los girl groups de los sesenta. La exquisita “When Will You Come” mirándose en el retrovisor del “Be My Baby” de Ronettes o el encaje perfecto del sample de las Crystals en el tejido de “Mickey Mouse” hacen que el contraste y el choque de pareceres irradie una luz cegadora. Menos sorprendente es constatar una huella Pixies que ya conocíamos –desde “Weed Demon” en concreto–, pero se agradece por igual que con “Idiot” hayan escrito el nuevo “Cumpleaños Total” que muchos necesitábamos para olvidar de una vez a los últimos Planetas. Para terminar, “Convertable Balloon” y “Baby Say Goodbye” (dos canciones radicalmente diferentes al resto del tracklist que saben a ¿ Of Montreal?) evidencian, por si no había quedado clara, la capacidad regeneradora de un artista que no puede ni quiere esconder nada. Un renacido Nathan Williams que retoza en la orilla del mar en pelota picada, saltándose la hora de la digestión y quemándose la piel. Fenomenal. Cristian Rodríguez

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