Kilimanjaro Kilimanjaro

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Superpitcher SuperpitcherKilimanjaro

7.9 / 10

Superpitcher Kilimanjaro KOMPAKT

Desde que le vi pinchando en un Primavera Sound hace siglos, he sentido una predilección especial por Superpitcher. Me maravilló la energía que desprendía aquel alemán delgaducho de pelambrera aceitosa y fular arrugado. A partir de aquel momento, me sumergí en sus producciones, dándole gracias a posteriori al ciego de aquella noche festivalera por descubrirme un talento de tantos quilates y tan deliciosa extravagancia. Seis años después de “Here Comes Love”, epatante y romántico debut del germano, y tres años después de su partnership musical con Michael Mayer en el no menos excitante proyecto Supermayer –con aquel magnífico “Save The World” del que todavía se espera continuación–, Aksel Schaufler ha vuelto a sacar la patita por debajo de la puerta de Kompakt para demostrar tajantemente qué es él quien mejor ha sabido plasmar en plástico la filosofía del sello de Colonia.

Con este sensualísimo “Kilimanjaro” uno tiene la sensación de que Superpitcher ha crecido bien, como Dios manda, esto es, sin prisa y sin esa incomprensible pulsión de muchos artistas por hacer algo radicalmente nuevo. Así pues, seguimos teniendo los mismos paisajes emocionales, el poso pop y los beats micronizados que siempre han caracterizado sus trucos de manos, pero con una presencia mucho más notoria de pasajes vocales y lo que se intuye como un mayor volumen de instrumentación real. Las campanas del comienzo te ponen en situación y dejan paso a “Voodoo”, perfecto ejemplo del equilibrio que ha conseguido encontrar Schaufler entre garganta y beats bailables (y una humareda dub que empapa los pulmones de materia narcótica). El alemán fusiona perfectamente las ingenuas melodías cantadas con la base musical –una sabrosa mixtura de minimal, dub, deep house, rare groove y lounge music– y la cosa le sale redonda. El tempo es felino, sedoso, pensado para el dancefloor, por supuesto, pero en ningún momento se pasa de frenético. Es el tono que impera en todo el disco y es lo que confiere una suavidad y lubricidad extras al mejunje. Ahí, entre susurros, sintetizadores curvilíneos, noches lluviosas y labios humedecidos, Schaufler se mueve como Dios.

El disco flota a tu alrededor como una pompa de jabón. El vaho de Kompakt impregna todo el tracklist como el vapor de una buena ducha caliente después de una noche de fiesta, consumo de drogas y sexo. Las pulsiones bailables rebotan sobre una espuma de sensaciones que tiende a la melancolía en muchos momentos, como el electro-folk gótico de “Give Me My Heart Back”, los pianos nocturnos de “Joanna”, el ambient lloroso de “Moon Fever”, el fin de fiesta con bajonazo de “Holiday Hearts”… Pero no todo es mirar por la ventana con cara de besugo tristón. Si algo caracteriza el mundo de Superpitcher es el punto humorístico-hedonista-amanerado de sus producciones más bailables. “Country Boy”, con un fraseado ultra-kitsch y sintetizadores saltarines, podría ser un claro ejemplo. También “Rabbits In A Hurry”, himno pistero de cabo a rabo construido a base de electropop casero, sirenas burbujeantes y un estribillo de línea erótica. Mi favorita de todos modos es “Black Magic”, temazo esotérico, psicodélico y crepuscular para bailar descalzo en la playa cuando cae el sol. Schaufler, además, nos regala unos versos en castellano que son la monda. “Respira hondo, hondo… ¡cachondo!”, te susurra el freak en el oído, evocando los mejores y más delirantes momentos de Matías Aguayo. Ha cumplido con las expectativas. “Kilimanjaro” no decepciona. No le sobran canciones. Tiene todo lo que los adictos a Kompakt necesitan para pasar los próximos meses sin delirium tremens. Hay magia. Óscar BrocSuperpitcher - Moon Fever

Superpitcher - Country Boy

Superpitcher - Rabbits in a Hurry

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