Keeping a Record of It Keeping a Record of It Top

Álbumes

Lonnie Holley Lonnie HolleyKeeping a Record of It

8.7 / 10

“En la música ya no queda nada por inventar”. Cuando alguien te venga con la dichosa coletilla ponle un disco de Lonnie Holley. Podríamos hablar de que su música trasciende géneros y estilos, que no suena a nada de lo que has escuchado antes, pero sería despreciarle. Son expresiones devaluadas, pervertidas por el sobre-uso que les ha dado ese cadáver en descomposición que es el marketing musical. Por supuesto que no habías escuchado nada así. Nadie puede habitar un universo que no existe. Y el suyo no existía desde que el pasado año publicó “Just Before Music”, el primer álbum de su carrera. “Keeping A Record Of It” es el segundo y confirma la magnitud de la rareza.

Lonnie Holley publicó su primer disco a los 61 años pero su carrera artística empezó a finales de los setenta. “El genio se descubre en la fortuna adversa” dijo Homero; Lonnie Holley descubrió el suyo con la tragedia. En 1979, la casa de su hermana ardió y el fuego mató a dos de sus sobrinos. Para afrontar la desdicha, empezó a recoger baldosas y a serrarlas en un intento de hacer lápidas para los niños. Así fue como descubrió su impulso creativo. A partir de entonces empezó a crear esculturas con objetos que encontraba por la calle y acabó convertido en un icono del arte vernáculo.

Su arte no nació en academias ni museos, y su música tampoco entiende de procesos creativos convencionales. Holley no pone espejos al mundo, el único reflejo que le interesa es el de su alma. Es como un chatarrero caído del cielo, junta desechos abstractos y canta por encima de ellos con la devoción de un pastor de gospel y la voz de un bluesman errante. A diferencia de casos como el de Gil Scott-Herron -uno de los pocos artistas con el que se podría conectar-, sin embargo, su música no tiene un mensaje explícito. Lo suyo es la poesía automática. Improvisa todas sus letras y suena como un mensajero místico que conoce el código que descifra todos los misterios del universo. Su forma de cantar es primaria y desgarrada y sus canciones nos descubren que, muchas veces, la trascendencia se esconde en lo más elemental.

El proceso nunca puede justificarse por sí mismo, necesita de contenido. El instinto de Holley también le sirve para escoger envoltorios musicales que no por esquemáticos dejan de ser sublimes. Las campanillas de “Six Space Shuttles and 144,000 Elephants” revolotean como minerales en el espacio, el órgano de “Sun & Water” brota como enigma arcano y las guitarras afro de “From the Other Side of the Pulpit (feat. Bradford Cox & Cole Alexander)” se acercan a la psicodelia desde la contención. Como en su arte, los elementos brotan de lugares remotos y encuentran su lugar con la improbable naturalidad de un fenómeno cuántico. Él achaca su inspiración a mandatos divinos. Quizá sea exagerado, pero nadie podrá discutir la magia.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar