Kappe Kappe

Álbumes

Svarte Greiner Svarte GreinerKappe

8.1 / 10

Svarte Greiner  Kappe TYPE RECORDS

No deja de resultar curioso que la evolución que ha seguido la música de Svarte Greiner, el proyecto en solitario del danés Erik K. Skodvin (cincuenta por ciento de Deaf Center y dueño del sello Miasmah), corre en paralelo con la que han seguido la música de Xela y los discos que se publican en el sello T ype Records: donde antes había IDM de naturaleza introspectiva y músicas neoclásicas moderadamente oscuras, ahora crecen ambientes ominosos y góticos, artistas que hacen del terror bandera y de la opresión atmosférica su razón de ser. Ya hay quien ha puesto nombre a esta particular estética: drone ambient, que viene a ser un subgénero de otro subgénero, el doom ambient, y que se caracteriza por el uso extensivo de drones y atmósferas con sabor a funeral. Aparte de Xela y Svarte Greiner, se pueden encuadrar ahí artistas como Nadja, el Mokira más aficionado al ruido, o medio pelotón de (de nuevo) Miasmah.

" Kappe", el nuevo lanzamiento de Svarte Greiner, encaja como un guante en esta etiqueta: las cuatro piezas que contiene son como largos lamentos que discurren a baja velocidad, acompasados al rechinar de cadenas que se arrastran por el suelo, sustentados sobre truenos que parecen sonar en la distancia. De hecho, resulta difícil determinar la naturaleza de muchos de los sonidos que recorren este paisaje desolador: hay bajos que restallan ominosos, sin duda, y también cuerdas, guitarras henchidas de distorsión y algún pasaje de saxofón, pero es tanta la ponzoña sonora que rodea a los instrumentos, tanta la cavernosa naturaleza de las reverberaciones y ecos, que resulta muy fácil perder la orientación, incluso el sentido del tiempo. Y es ahí donde radica la principal virtud de " Kappe", en su impresionante capacidad para sumergir al oyente en un universo de negrura sin llegar a saturarlo. Es, para que se hagan una idea, como ir a cine a ver una película de terror: uno desearía estar en cualquier otra parte pero, al mismo tiempo, resulta imposible apartar la mirada, atrapado en una mórbida fascinación. Darío Argento estaría orgulloso, sí.

Vidal Romero

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