Kamaal The Abstract Kamaal The Abstract

Álbumes

Q-Tip Q-TipKamaal The Abstract

7.4 / 10

Q-Tip  Kamaal The Abstract RCA-JIVE / UNIVERSAL

Hablábamos el mes pasado, con motivo de la publicación, casi quince años después, del primer disco en solitario de The Large Professor, de los expediente X del hip hop, de todos esos álbumes que habían quedado suspendidos en el aire y ya formaban parte de una leyenda paralela a la industria. Una industria que en los 90, sobre todo, y con especial intensidad en el universo rap, se convirtió en un curioso y enigmático Triángulo de las Bermudas, ese emplazamiento en el que desaparecían producciones sin dejar rastro alguno y de las que sólo se empezó a hablar gracias a Internet y plataformas como Napster, que permitían llevar a todo el mundo algunas de esas grabaciones. Básicamente su salida a la luz se producía por el acto de caridad de algún periodista o trabajador del sello en cuestión, incluso en algunos casos se ha rumoreado que era el propio artista, que volcaba en la red un promo o un bootleg y dejaba que el virus se expandiera poco a poco. “Kamaal The Abstract”, segundo disco en solitario de Q-Tip tras la ruptura semi traumática de A Tribe Called Quest, fue uno de estos grandes olvidados que logró asomar la cabeza fuera de las alcantarillas. En teoría su publicación estaba prevista para 2002, pero Arista se echó atrás poco antes de la fecha de salida, metió el álbum en el congelador y nunca más se supo de manera oficial. Siete años después se abre el frigorífico para demostrar que la grabación se ha conservado en perfecto estado todo este tiempo y mantiene la frescura de su momento de gestación.

Eso sí: cuando escuchas el contenido puedes llegar a entender o comprender por qué la multinacional no tuvo bemoles de sacarlo a la venta. “Kamaal The Abstract” está concebido y ejecutado con una idea fija en la cabeza, con una aspiración constante: hacerle la puñeta a su predecesor, “Amplified”, puesta de largo en solitario del MC y productor, un viaje por el bounce hip hop que petaba en la época, finales de los 90, y una incursión explícita y entregada al rap mainstream que no gustó a los fans de A Tribe Called Quest. Al neoyorquino le llovieron palos y hostias de todas partes, se le acusó de haberse vendido al sonido bling bling y de haber mancillado de golpe y porrazo todo un legado intachable. Muchas de estas diatribas apuntaban bien: de repente, y sin entender muy bien por qué, nos encontramos a Q-Tip vestido como un millonario protagonizando videoclips futuristas de estética cyber con una banda sonora electrónica y comercial. Y las calles no perdonan, con más razón si se trata de mitos que habitan en un pedestal. El artista tomó nota y como contrapunto a ese paso en falso se sacó de la manga “Kamaal The Abstract”, algo así como una versión antagónica de su antecesor. En Arista, claro, alucinaron y no compraron la ( severo) moto.

Cuando lo ubico en las antípodas de “Amplified” es por dos razones fundamentales. La primera, obvia, tiene que ver con el proceso de creación y con el modus operandi expresivo del disco. Si su debut proponía una inmersión inconfundible por un tipo de producción muy artificial y sintética, aquí es todo lo contrario: instrumentación real como punto de partida y concepción jazzística del sonido, esto es, estructura voluble, orgánica y más libre. Esta fusión de jazz-rap no tiene muchos puntos de contacto con la golden era de esta variante, aquellos maravillosos años de Boogiemonsters, Gang Starr y Jazzmatazz, Digable Planets o Dream Warriors, pues todos ellos se amparaban en el sampler para armar el encuentro, es más bien una variación experimental de la primera etapa de The Roots y el anticipo algo disperso y errático de lo que posteriormente acabarían perfeccionando Outkast. Se nota que Q-Tip quería dejar atrás la estela de su fallida opera prima y recuperar el pulso de ATCQ, pero desde una óptica musical radicalmente distinta. El segundo punto de distanciamiento claro con “Amplified” es, precisamente, esa ambición experimental, la manifiesta anticomercialidad del recorrido. En algunos momentos se tiene la impresión de que incluso se fuerza esa máquina experimental como medida de contracrítica y de reivindicación de un bagaje y una historia creativa.

Conceptualmente es una apuesta fascinante. Cocinar un disco de estas características en pleno 2001, cuando todavía no había salido a la venta “The Blueprint” (Jay-Z), cuando el juego del hip hop seguía gobernado tiránicamente por los beats de silicona y la estética de cholo nuevo rico, implica riesgo, atrevimiento, autoconfianza y poca indulgencia. Y en cierto modo también implica conciencia y empatía con los fans, que habían dejado clara su postura ante el inesperado cambio de rumbo que había tomado su carrera poco tiempo antes. Musicalmente, sin embargo, es un ejercicio que presenta más sombras y lagunas. “Kamaal The Abstract” tiene varios problemas en ese sentido: en algunos momentos del viaje se deja llevar por una visión derivativa y dispersa de esa mezcla de estilos, un batiburrillo que no consigue cuajar del todo las ideas puestas en práctica, y acaba llevando sus intenciones jazzeras al terreno del tedio y la repetición. Se echa en falta un poco más de pegada y una visión más concreta y sólida del discurso, y también se puede llegar a pensar que hay fases del álbum inconclusas o poco elaboradas. Pero también es cierto que cuando la conjugación emocional y sonora de Q-Tip encuentra el punto justo de cocción, que es en buena parte del disco, el resultado nos reconcilia con su mejor cara. Tiene misterio, una mirada panorámica, valentía y visión de futuro (aunque debamos analizarla en tiempo presente), y en todo caso es una magnífica previa de lo que sería su mejor grabación en solitario y uno de los puntos altos de su currículo, ese extraordinario “The Renaissance” que nunca está de más recomendar.

David Broc

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