Kaleidoscope Dream Kaleidoscope Dream

Álbumes

Miguel MiguelKaleidoscope Dream

7.2 / 10

Podría dedicar la mitad del texto que sigue a hablar de las bondades de “Adorn” y me faltarían caracteres para expresar cuán hipnotizada, secuestrada, obnubilada, enamorada y cautivada me tuvo y tiene –y vaticino me tendrá– el primer single de Miguel para “Kaleidoscope Dream”. Un disco que se antojaba potente a juzgar por el susodicho single; “Adorn” no sólo pasará en 2012 como uno de los temas del año, sino que se quedará mucho tiempo en el hipotálamo de los colectores de bed bangers, con el batir de los graves aferrado a las neuronas y la efectividad de su letra nublando el pensamiento. Se han dicho muchas, muchísimas cosas preciosas en la historia de la música, pero que alguien te pida que dejes que su amor te adorne es tan simple y devastador que cuesta creer que no se le hubiera ocurrido a nadie antes.

Éste es el segundo trabajo de Miguel Pimentel, que debutó en 2010 con “All I Want Is You”. La ingente inversión de pasta en el estudio y la enorme aptitud vocal del angelino no se vieron recompensadas ni a nivel de repercusión ni de ventas. Algo falló en el primer intento de este joven por hacerse un hueco en la realeza del género. No le faltaron nominaciones a prestigiosos premios y, mientras preparaba su vuelta editorial, le hemos podido ver colaborando con Nas, Wale, Fat Joe o Jhené Aiko. No fue falta de calidad ni de esfuerzo, pero quizás su predisposición a evocar lo retro no casaba con el concepto artístico que se intentó vender al público con “All I Want Is You”. A este dandy moderno no se le puede vender como a otro Trey Songz, Jeremih o Mario. Ni tampoco se le puede comprar como tal. Quizás por ello las primeras sensaciones al escuchar “Kaleidoscope Dream” son tibias. No es lo que esperábamos; pero tampoco es Miguel el tipo de artista que creíamos que era.

Ni tan indie como Frank Ocean, ni tan tremendista como The Weeknd, ni tan ortodoxo como R. Kelly. No tiene la inclinación hip hop de Jeremih ni la crudeza coloquial de The-Dream. Miguel encarna un nuevo prototipo de estrellita R&B que bebe de lo más clásico de los clásicos –de cuando el rhythm & blues era rock & roll, que para algo está el disco petado de guitarras– para hacerse a un lado y/o adelantarse de sus competidores directos. Es curioso que, alejándose estilísticamente de los modelos ya comercializados, consiga un resultado más vendible. Porque, si bien la primera escucha del disco causa sensaciones encontradas, es obvio desde el primer momento que el disco tiene potencial. Suena homogéneo y redondo, la voz de Miguel va del susurro rasgado al ilustre falsete sin perder la compostura y combina momentos sosegados con otros más rítmicos en equilibro. Pero le falta gancho, chispa, el toque de gracia… un par más de bangers definitivos. Derrocha calidad pero le falta definir, es el típico ‘nueve’ maldito que triunfará cuando lo vendas a la Premier.

Canciones que ejemplifiquen este pequeño problema: “Don’t Look Back”, un tema que mezcla las bondades de Mark Ronson y M83 –ahí es poco– para acabar con una cover lo-fi con reminiscencias John Carpenter de “Time Of The Season” de The Zombies. Se agradece mucho su escucha, pero no es capaz de crear adicción cuando falta. Parecido ocurre con los dos singles que han seguido a la salida del disco. Primero fue “Do You…”, catchy, sensual y buenrollera. ¿Demasiado? Podría ser. Algo que no sucede con “The Thrill”, mucho más sobria en detalles, mucho más solemne en resultado. Pero no se me viene la melodía a la cabeza cuando no está sonando. ¿Convierte esta falta de gancho a “Kaleidoscope Dream” en un mal disco? Para nada; que baje Dios a darme un par de tortazos si “How Many Drinks” y “Candles In The Sun” y su rollo LaFace Records versión 2.0 no son buenos temas. O si la voz de Miguel, el punteo de guitarra y la letra de “Pussy Is Mine” no dan ganas de parar lo que estás haciendo para prestar atención a lo que está sonando. En comparación con su primer disco, Miguel ha encontrado el sonido que casa con su personalidad, con su background y con su naturaleza como artista. Puede que el problema sea yo, que no he conseguido casar de todo con su nueva idiosincrasia.

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