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8.1 / 10

Hay unos Emeralds antes de “Does It Look Like I’m Here?” (2010) y otros Emeralds –los actuales– que son producto directo de esa transformación. Lo que sucedió en ese álbum fue una sucesión encadenada de convulsiones que, dicho resumidamente, sacó al trío de Ohio del cómodo underground, minoritario con convencimiento, en el que habían estado militando desde cuatro años antes. Primero, para Mark McGuire, Steve Hauschildt y John Elliott ya no se trataba de editar capas de drones en casetes de no más de 30 ejemplares de tirada en sellos tan fugaces como Tusco/Embassy, Fag Tapes, Editions Brokenresearch o su propia marca Wagon, sino de dar el salto a una institución de la electrónica experimental como la vienesa Editions Mego. No sólo eso: el sonido inició una mutación consciente hacia las influencias krautrock que llevaban tiempo sobrevolando la estética del grupo, y la música no sólo se hizo algo más melódica –o al menos no tan repetitiva y árida como en “Solar Bridge” (2008), “What Happened” (2009) o “Emeralds” (2009), los tres álbumes anteriores, editados en una fase de máxima bulimia creativa–, con momentos cósmicos de estilo contrapuntístico, masaje ambiental y fogonazos de prog-rock. Y aún más: a partir de 2010, McGuire ha editado dos magníficos álbumes en solitario, John Elliott no ha cesado de planchar vinilos como Mist, Outer Space y tutelando a otros en su sello Spectrum Spools, y Hauschildt ya va camino del segundo en menos de 12 meses, además en una connivencia creativa que identifica a Emeralds, tanto juntos como por separado, con nombres como Manuel Göttsching, Tangerine Dream y Klaus Schulze, la santísima trinidad cósmica alemana.

De este modo, era fácil prever qué podía ocurrir en el nuevo álbum de Emeralds una vez las tres puntas del triángulo volvieran a coincidir en el estudio. La alineación estética es tan exacta que necesariamente tenía que ser un álbum cósmico y teutónico hasta las cachas, y cualquier otra posibilidad se antojaba remota. El comienzo, “Before Your Eyes”, que arranca como una de esas largas intros ambientales que ocupaban más de la mitad de una cara de vinilo en un LP de Tangerine Dream –tipo “Tangram”, “Zeit” o “Rubycon”–, y que rápidamente aparece asaltada por guitarras planeadoras, de hecho resulta tranquilizador: no ha pasado nada raro, y toda la línea llevada por el trío hasta aquí ha sido coherente en ese doble juego de promover el revival setentas a la vez que se buscaban diferentes vías de escape para seguir en contacto con los tiempos presentes. También es un trabajo muy bien medido: ninguno de los tres instrumentos principales (la guitarra muy Ash Ra Tempel de McGuire, la secuenciación rítmica de Hauschildt y los sintetizadores extendidos hasta el infinito de Elliott; en un símil Tangerine Dream, serían respectivamente Froese, Franke y Schmoelling / Baumann) domina por encima de los demás: “Adrenochrome” avanza gracias a un beat cíclico y saltarín, sobre el que se amontonan y sobrevuelan líneas airosas de guitarra y teclado, logrando esa armonía tan propia de la buena época.

Así pues, ¿hay algo más que admiración retro en este “Just To Feel Anything”? Ciertamente, dentro de sus márgenes revivalistas hay matices que se escapan de lo puramente alemán –las guitarras de la citada “Adrenochrome” son más Pink Floyd que Göttsching por momentos–, y “Through & Through” rememora el ambient kitsch de Tangerine Dream en su época Hollywood, la de mediados de los 80, en lo que sin duda parece ser un desvío hacia la new age dirigido por Hauschildt. Pero a partir de la agitada “Everything Is Inverted” el rumbo del álbum se encauza por caminos más rítmicos. Y esto, en Emeralds, es una novedad; no que suceda esporádicamente, sino que sea un elemento vertebrador de todo el álbum. Aquí la secuenciación de pulsos rítmicos es bullente, como si una sopa de beats comenzara a causar pequeñas explosiones de vapor y caldo sintético, cada vez con más velocidad –por supuesto, con la guitarra de McGuire dando zarpazos–, y en momentos así “Just To Feel Anything” se coloca en el mismo plano que el otro gran disco planeador del año, “Themes For An Imaginary Film”, de Adam Miller y Jonny Jewel bajo el alias Symmetry. Es música que sugiere la hipnosis y el movimiento de la conducción por una larga autopista tranquila, de noche, recibiendo el chispazo del neón a cada metro.

Después de la convulsión de “Everything Is Inverted” llega “Just To Feel Anything” –con tres minutos de ambient negrísimo y tétrico con adornos sintéticos, “The Loser Keeps America Clean”, a modo de interludio extraño–, y ahí es donde, en sólo nueve minutos, cristaliza todo el proyecto actual de Emeralds. Esta pieza es el resumen perfecto de dos años de actividad que combinan la imaginería galáctica de Ashra ( “Midnight On Mars” como tema icónico) y el Klaus Schulze de “Floating” con su orgullosa pertenencia a un presente que ha encontrado en este tipo de sonido su manera de evadirse de una realidad cruda, fea e insatisfactoria. Esta composición tiene la melodía en tirabuzón más limpia y luminosa de toda la trayectoria de Emeralds: repetitiva y minimalista –otra vez la estructura en canon contrapuntístico, perfectamente ‘switched-on Bach’–, con la guitarra anárquica zarandeando unos sintetizadores que pretenden mantenerse firmes, en línea. Y, al final, “Search For Me In The Wasteland”, folk marciano –es decir, como una descripción sonora de los valles de Marte, música bucólica en tierra muerta– en el que se acude al Mike Oldfield de las transiciones breves de guitarra en “Hergest Ridge”, aquí prolongando el estado de meditación y serenidad durante ocho minutos que calman la erupción precedente y asientan el álbum en una zona plana, árida y con grandes vistas estelares, hasta dibujar un tremendo arco iris de sintes en los dos minutos finales, en los que el cosmos parece concentrarse en un solo punto como el Aleph de Borges.

Comparados con Oneohtrix Point Never, Emeralds parecen haberse quedado atrás, muy obsesionados con la rama kosmische del krautrock. Puede que sea así, y que igual ya va siendo hora de exigirles que emprendan rumbo a otros planetas, con nuevos recursos de lenguaje. Pero en el contexto del cambio a partir de “Does It Look Like I’m Here?”, este nuevo álbum cristaliza, resume, perfecciona y divulga una manera de hacer que les ha mantenido en primera fila constante del underground electrónico. Es un estupendo broche final –quien sabe si un testamento– a un ciclo ganador.

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