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Trust TrustJoyland

8.2 / 10

Robert Alfons lo ha vuelto a hacer. Han pasado poco más de dos años desde que pusiera patas arriba los darkrooms con aquel artefacto enfermizo de su debut, un lascivo ejercicio de EBM y technopop gótico en clave 8 bits que convertía en un gallinero nuestros más ocultos instintos eróticos (homo y no homo). En su momento ya dije que “TRST” era un conglomerado de obscenidades sonoras brillante y repleto de hits, y “Joyland” anda a la par. Aunque puestos a trazar paralelismos, si aquel debut emanaba polvazos bareback, lo que ahora nos trae el canadiense es una versión más madura y menos primitiva de lo que ya escuchamos en su momento. Hablando en plata, Trust ha abandonado las catacumbas infecciosas de lo sado en pos del sexo limpio profiláctico gracias a una producción más rica en matices que no hace más que resaltar (en positivo) el malsano imaginario que corre por la cabeza de este fotógrafo que, de la noche a la mañana, decidió adherirse a la causa darks.

“El primer disco era más un estado de ánimo. Me limité, en ese sentido, a crear una atmósfera. Éste otro continúa con el mismo sonido, pero me permití ser un poco más libre”, comentó recientemente el artista a Exclaim acerca de esa nueva paleta de recursos de la que se ha valido en estas últimas once canciones. Ahora en solitario (ya no encontramos el toque femenino de la Austra Maya Pstepski, quien después de echarle un cable en el estudio decidió desvincularse de todo, incluso de los directos) Alfons se ha puesto a prueba a sí mismo incorporando elementos más marcadamente acid techno (podría viralizarse nuevamente el célebre Techno Viking intimidando al son de “Geryon” o esa “Peer Pressure” que nos hace desempolvar los recopilatorios eurodance noventeros que tantas alegrías nos dieron en nuestros primeros sudorosos desfases anfetamínicos) y jugueteando como nunca con sus cuerdas vocales.

Si bien en “TRST” sorprendía por cómo afrontaba los temas, creyéndose el hijo bastardo de Cthulhu, en “Joyland” esos falsetes son todo un ejercicio de exorcismo esquizofrénico y ganan terreno respecto a lo que ya hizo con anterioridad en “Chrissy E” o en la insuperable “Shoom”. No hay más que escuchar “Rescue, Mister”, en la que se impregna del espíritu de sus admirados Ace Of Base, o la pieza titular del disco que ahora nos ocupa, para concluir que Alfons se siente más seguro que nunca como cantante. Y lo mismo puede decirse de la producción. Sus temas siguen gozando de portentosos estribillos instantáneos como los de “Icabod” o la muy Austra “Capitol”, pero en conjunto todo suena menos atropellado, más fluido y con un punto menos tétrico que podría reportarle un mayor número de adeptos. Definitivamente, vuelve a hacer méritos para ser uno de los discos imprescindibles de la temporada.

San Miguel te trae este contenido.

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