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Drexciya DrexciyaJourney of the Deep Sea Dweller IV

8.3 / 10

Todas las grandes sagas merecen conclusiones a la altura de su dimensión épica, pero la de Drexciya, que durante más de diez años estuvo reinando en la mitología de Detroit, tuvo un final triste: como es sabido, James Stinson falleció el 3 de septiembre de 2002 de una enfermedad coronaria y, al faltar él, Gerald Donald -mitad del dúo electro, durante largo tiempo encerrado en un halo de misterio y anonimato- sólo ha podido ser el conservador del legado, pero ya nunca más el motor de Drexciya, que era una cosa a medias, una colaboración que se beneficiaba de la tensión proporcionada por sendos productores. Más allá de proyectos paralelos vigentes como Der Zyklus, Dopplereffekt o NRSB-11, lo que Donald y Stinson consiguieron como Drexciya fue y será irrepetible: una cosmovisión que sublimaba la idea del afrofuturismo -músicos negros con máquinas imaginando lo desconocido- y un sonido intenso, de convulsiones violentas e imágenes sintéticas reveladoras, que reunía todos los pliegues y aristas del sonido de la Motor City. A modo de denuncia sobre la marginación de la raza negra en la sociedad moderna, Drexciya se presentaban como los últimos supervivientes de una raza monstruosa y anfibia, mitad hombres y mitad peces, mutada a partir de los fetos nacidos en el mar de las esclavas negras que nunca completaron el trayecto de África a América para servir en los campos de algodón. Y con esa iconografía entre lo lovecraftiano y la villanía de las tiras de superhéroes, la música servía como perfecta banda sonora de la distopia.

Todo el legado de Drexciya se ha reunido en cuatro volúmenes editados por el sello holandés Clone, a razón religiosamente de uno por año: comenzó el repaso en 2011 y hoy llegamos a la última pieza que completa el puzzle, con varios cortes de electro primigenio y espasmódico, adornado con voces semi-robóticas ( “Living on the Edge”) heredadas de Cybotron y A Number of Names, y hasta cinco cortes inéditos (más dos interludios) rescatados de los archivos drexciyanos. Al unir los cuatro discos, pues, tenemos todo lo que se quedó fuera de los álbumes oficiales del dúo en Submerge y Tresor: todos los maxis, todos los temas sueltos entregados a recopilaciones como la seminal “True People”, todos los descartes. Y es la imagen completa la que ayuda a entender la magnitud de Drexciya: su música sigue viva, palpitando, sigue conjurando imágenes de ciencia-ficción y exploraciones del cosmos infinito, a la vez que golpean con la violencia de una tormenta marina y se oscurecen como un viaje al fondo de una fosa oceánica. En lo que respecta a este volumen IV, por separado es tan intenso como los demás: no sólo incluye alguno de los más tremendos himnos drexciyanos, como “Hydro Cubes” -uno de los trallazos de electro más demoledores de la década de los 90, editado originalmente en el EP “Molecular Enhancement” de Submerge (1995)- o el haz de energía desintegradora de “Black Sea”, sino también varias muescas de su sonido inicial ( “Depressurization”) y los últimos cinco cortes inéditos -los “Unknown Journey VI-X”-, que en su mayoría no pasan de meros esbozos, pero totalmente fieles al libro de estilo drexciyano. Al final, un inciso italodisco ( “Sighting In the Abyss”) y “The Last Transmission”, coda para certificar que el viaje se ha terminado, pero que la leyenda permanecerá viva para siempre.

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