Journey Of The Deep Sea Dweller I Journey Of The Deep Sea Dweller I

Álbumes

Drexciya DrexciyaJourney Of The Deep Sea Dweller I

8.8 / 10

Drexciya

Cuando hablamos de leyendas, nos solemos referir a ídolos, pero también a sucesos que tienen más de maravillosos que de históricos. Y si hablamos de Drexciya, ambas definiciones encajan en su estatus legendario. Primero de todo, por preservar su anonimato durante mucho tiempo, lo que provocó un runrún imparable sobre su verdadera identidad, supongo que beneficioso para su creatividad. Segundo, por haber creado uno de los relatos de música-ficción más alucinantes made in the Ghetto, junto con el de Sun Ra o George Clinton. Y tercero, por lo inasequible de algunos de los discos de su primera época, antes de “Neptune’s Lair” (Tresor, 1999). Si quieres el doble CD “The Quest” (Submerge, 1997), selección de temas de sus primeros maxis y uno de los mejores discos de techno que podrás encontrar, lo pagarás muy caro: a 200 dólares la broma. O eso o lo de siempre: a piratear se ha dicho. Hasta que llegaron los chicos de Clone en Rotterdam, label que publicó los trabajos de la última etapa del dúo, culminada por la muerte de James Stinson en 2002: aquí tenemos la primera entrega de una serie de cuatro volúmenes que recopilará en CD y en vinilo su obra remasterizada. Y que contiene precisamente temas extraídos de sus primeros 12”, entre 1993 y 1997.

Volver a cartografiar el universo drexciyano se antoja harto difícil, puesto que su obra y su temática son inseparables: historias de un mundo subacuático de ciencia-ficción repleto de sofisticadas armas secretas, ciudades construidas por hydrocubes –aquí se incluye la electro-bleepy “Bubble Metropolis”, en la que aparece una voz femenina dando instrucciones a las naves acuáticas que circulan por la Aquabahn– y extrañas criaturas mutantes: cada episodio de estas aventuras era un maxi. Cabe decir que no es la primera acuatopía musical: cuando a George Clinton se le acabó el presupuesto para ir paseando naves espaciales por el escenario, apareció cabalgando a lomos de dos delfines en la portada del “Motor Booty Affair” de Parliament (Casablanca, 1978) y compuso temas como “Aquaboogie (A Psychoalphadiscobetabioaquadoloop)”. Tanto unos como otros utilizan una temática futurista como alegoría de un presente dedicado a la supervivencia y de un pasado indigno, tal y como podemos leer en el libreto de “The Quest”: “ During the greatest holocaust the world has ever known, pregnant America-bound African slaves were thrown overboard by the thousands during labour for being sick and disruptive cargo. Is it possible that they could have given birth at sea to babies that never needed air? […] Are Drexciyans water breathing, aquatically mutated descendants of those unfortunate victims of human greed?[…] Did they migrate from the Gulf of Mexico to the Mississippi river basin and on to the great lakes of Michigan? […] Are they more advanced than us and why do they make their strange music?”. Sin duda, vamos a perder parte del concepto contenido en estos maxis, pero recordemos que se trata de música de baile, los temas funcionan por sí solos y se pueden reagrupar.

Lo que aquí vamos a encontrar es electrofunk crudo, desnudo, espectral. De hecho, ellos se anticiparon a la segunda ola de electro de mediados de los 90. Como decía el entrañable freak Kodwo Eshun; Drexciya extraen las palmas, los cascabeles y los bongos, depuran el electro de todo elemento salsa”. Y añaden bleeps y melodías fantasmagóricas que nos sitúan en su mundo subacuático. Escuchen, por ejemplo, “Wavejumper”. No hace falta visionar un documental sobre fauna abisal para darse cuenta de donde estamos: frío, profundo, fluido y oscuro. Sí que es cierto que con el tiempo su música se volvió más luminosa, pero aquí estamos todavía “Beyond The Abyss”, como dice uno de los temas más vanguardistas de la compilación: electro rápido como un látigo, cubista y ruidista. Una de las cosas que se puede apreciar en “Journey Of The Deep Sea Dweller I” es la influencia de grupos blancos de pop, rock y electrónica: no en vano, pertenecen a la primera generación de negros que han escuchado abiertamente música blanca. De hecho, el techno de su ciudad, Detroit, fue el principio del fin en la distinción entre música blanca y negra. Pongan el oído en “Welcome To Drexciya”: puro Tangerine Dream. Años después, todo el mundo recupera la onda cósmica alemana, pero ellos ya lo hacían en los 90 ¿Y qué les parece “Take Your Mind”, más que una canción new wave robotizada? Como aquella “Techno City” de Cybotron, sí, pero diferente. La fórmula que los chicos del electroclash replicaron años más tarde de manera chapucera. No solo bangers de electro hay en esta compilación: también hay pepinazos 4x4 al estilo de sus vecinos Underground Resistance (conocidos en España como “Urdangarín Resistance”, hoy más que nunca), “Sea Quake”, o guiños al house de Chicago en “Darthouven Fish Men”.

Está bien, pero ¿qué hay de nuevo para los enfermos que ya tienen toda su discografía? Pues, a pesar de que Stinson declaró antes de fallecer que había mucho material inédito acumulado, de momento tan sólo hay un tema, “Unknown Journey I”, con sonidos de engranajes y una Roland TR-808 soltando bombos épicos. Y un mensaje a todos sus discípulos en las notas del recopilatorio: "Message to the sons and daughters of the Drexciyan warriors: Dedication and passion will unleash the Drexciyan powers Luctor et Emergo" ¿Mensaje drexciyano? Todo es posible, aunque irónicamente, Google nos dice que “Luctor et Emergo” (lucho y emerjo) es el lema del escudo de armas de Zelanda, la provincia holandesa cuyo sistema de diques barra el paso al océano, que en caso contrario inundaría las islas y tierras bajas que la integran. Ojalá la recuperación de estas grabaciones revitalice el electro, género que ha desaparecido prácticamente del mapa, y que una tercera ola de músicos nos inunde de material sin dique de contención alguno.

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