Join The Dots Join The Dots

Álbumes

Join The Dots

7.7 / 10

Si echamos la vista atrás y un poco a toro pasado, podríamos decir que quizá el año pasado nos flipamos demasiado con Toy. Sí que es cierto que el panorama británico alternativo es algo descorazonador y es lógico aferrarse a lo primero digno que sale de las islas, pero de ahí a catalogarlos, como hicimos, como los nuevos Deerhunter hay un abismo. Básicamente porque los de Brighton no han aportado nada nuevo. Sí, su mezcla entre garage rock, krautrock y post-punk es bastante atractiva, ¿pero no lo habían hecho ya y con resultados más redondos sus amigos The Horrors? Sea como sea, en esta banda hay potencial, eso no lo puede dudar nadie, y un segundo disco iba a ser la clave para demostrar si lo suyo iba en serio o era flor de un día. Sabemos que las prisas son malas consejeras, pero Toy han dado con su nuevo largo poco más de un año después de su ópera prima, lo que resulta doblemente sorprendente teniendo en cuenta el poco tiempo del que han dispuesto, tan embarcados como estaban en mil y una giras (un signo de nuestros tiempos, en los que se impone la promoción por encima de todo). Pero que nadie se engañe “Join The Dots” es un trabajo en el que han estado enfrascados un mes, lo que viene a ser el doble de lo que tardaron en grabar y masterizar su predecesor. En palabras del bajista, Maxim ‘Panda’ Barron, aquí “han experimentado mucho más. Hay más armonías vocales. Es simplemente mucho más sofisticado sónicamente”.

Y una vez escuchado el álbum podemos decir que las palabras del bajista son del todo ciertas, no hay ninguna señal de bravuconería en ellas. Toy han sabido crecer y perfeccionar su fórmula sin traicionar a sus orígenes. Lo que encontramos aquí es un tuneado de su receta mágica, como si ese título de su single de debut, “Left Myself Behind”, fuese premonitorio: exacto, han dejado atrás las canciones del pasado para poner sobre la mesa unas mucho más refrescantes, enriquecedoras y musculosas. “Join The Dots” muestra dos facetas muy distintas: una primera en la que los temas son de larga duración (el más largo llega casi a los diez minutos), donde aprovechan para experimentar a tope y entregar desarrollos complejos y cambiantes, y una segunda con canciones más cercanas al espíritu pop que siempre han tenido, con estribillos más pegadizos y un minutaje que no pasa de los cuatro o cinco minutos, pero a la vez con un aire más opresivo y claustrofóbico que antaño. Del primer bando tenemos “Conductor”, que abre el disco y no empieza a poner las cartas sobre la mesa hasta el primer minuto. Es entonces cuando aparece un bajo ominoso y llega la percusión, que marca como un metrónomo el ritmo de esta pieza instrumental. Es oscura y muestra una madurez insólita para unos chicos de su edad. Las atmósferas que crea son realmente alucinantes y sus distorsiones pura gloria para los oídos más sadomasoquistas. “Fall Out Of Love” es otra historia: con sus diez minutos da tiempo para absolutamente todo. Momentos más accesibles, otros más dispersos y una voz de Tom Dougall que es pura gloria. Todo ello gracias a la mágica mano de su productor de confianza Dan Carey. Otros instantes que también son una bendición son el feedback de la pieza titular, la ligera experimentación de “Left To Wander”, la psicodelia de “You Won’t Be The Same” o la urgencia post-punk de “It’s Been So Long”. No han conseguido mejorar mucho sus letras algo simplistas, pero el equilibrio que consiguen entre ruido y melodía es digno de elogio (ahí está “Endlessly” para atestiguarlo). Ahora sí, con esta proyección pronto tendremos a la respuesta británica de Deerhunter entre nuestras manos y aquí estamos para celebrarlo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar