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Micachu & The Shapes Micachu & The ShapesJewellery

9 / 10

Micachu & The Shapes  JewelleryROUGH TRADE / POPSTOCK!

Matthew Herbert tiene una cabeza directamente proporcional al talento que exuda. Aparte de sus discos, arengas políticas camufladas de exuberantes discos de swing, o de cut and paste imposible en que lo mismo utiliza el sonido de una rinoplastia que el de una liposucción, ya conocíamos de sobra su talento como descubreartistas, aunque bien es cierto que, en ocasiones, lo tenía bien fácil: Dani Siciliano, por ejemplo, se metía en su cama y, él, por su parte, le producía unos disquitos que no estaban nada mal (aunque le faltara la imagen de una Róisín Murphy, aunque ésta ni con ésas). Accidental Records es su casa, allí donde artistas tan dispares e interesantes como Donna Regina y The Soft Pink Truth pueden sentirse libres de ser sacar los discos que le vengan en gana.

Micachu & The Shapes lanzaron su single “Golden Phone” gracias al olfato de sabueso del músico inglés, y, por lo que respecta a estos momentos, son un secreto a voces que espera ser espoleado por las revistas de tendencias. Porque lo tienen todo para que los prejuiciosos como nosotros nos cebemos con ella sin haberla casi escuchado. A saber: tiene unas pintas epatantes y modernas. Andrógina. Hace una música rara, diferente. ¿Y cual es la verdad? Que lo que Micachu & The Shapes han pergeñado en su disco de debut “Jewellery” (esta vez, bajo el techo de Rough Trade) es pop de muchos quilates, requiebros, cambios de sentido, ritmo, fecha, firma y caducidad. Clásicos del do it yourself en el que se utilizan instrumentos caseros. Actitud punk para melodías folk donde se puede intuir el cruce bastardo que saldría de un encontronazo sexual entre la ya citada señora Siciliano y Tara Jane O'Neil. Canciones que empiezan de un modo, se destrozan y se miran y se enrollan sobre si mismas, y cuando parece que van a terminar se dedican a retozar con distorsiones, con batidoras y demás cacharrería, con guitarras con el traste desmesuradamente hinchado. “Guts” está filmada a cámara lenta y se escuchan repiqueteos orientales. “Vulture” es el reverso tenebroso de Dan Deacon. “Lips” es una canción por la que Beck, el mejor Beck, mataría. Y le basta un riff autista y un ritmo machacón. “Golden Phone” es tierna y electrónica. “Abandon Ship” suena a elefante en una ferretería y es más Anticon que el propio Anticon. “Just In Case” adereza al folk de toda la vida un espíritu industrial incómodo. Y, no sé, qué más, por ejemplo en “Worst Bastard” los zumbidos, las pausas y los redobles nos pillan desprevenidos y salivando. Micachu & The Shapes han sacado un disco dispuesto a coronar las listas de lo mejor del año, porque en poco más de treinta minutos condensan quince canciones que se adelantan cinco años al futuro del pop, sonando como si tocaran en la habitación de al lado. No le tengan miedo, porque a la tercera escucha ya no podrán desprenderse de ella.

Antonio Bret

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