It?s frightening It?s frightening

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White Rabbits White RabbitsIt?s frightening

7 / 10

White Rabbits TBD RECORDS

Escuchar un disco de White Rabbits debe ser como esas tareas fáciles en las que aparece siempre un primer obstáculo enojoso que hay que sortear cuanto antes para que todo lo demás sea un camino de rosas. Es como la primera cucharada de sopa caliente antes de que el plato se tiemple para que, a continuación, todo vaya cuesta abajo. En el caso del sexteto de Brooklyn esa molestia, ese guijarro en el zapato, sería Greg Roberts y, más en concreto, su voz demasiado afectada, educada en la misma escuela que Thom Yorke. No es que la forma de expulsar las palabras del fundador de White Rabbits sea la misma que la del hombre de Radiohead con el párpado caído, no están al mismo nivel ni juegan en las mismas ligas, pero hay esa tendencia a dejar las frases suspendidas en el aire esperando a que una corriente se las lleve como una cometa y les haga hacer tirabuzones. Roberts espera demasiado de su voz, desea que exprese una intensidad que luego la música no acentúa, y por eso podría ser una molestia más que una virtud. Pero en cuestiones de vocalistas los gustos con como los colores, y llevamos ya muchos años de indie-rock épico y raro –démosle las gracias a Arcade Fire y, de paso, a Clap Your Hands Say Yeah, que vienen a ser como el hermano mayor y algo atontado de estos White Rabbits que han salido más descarados y abusones. “It’s Frightening” es un segundo disco que se lo cree, y de su propio convencimiento nos convence.

“Fort Nightly”, que lo publicó Academic Fight Song en 2007 –sólo en vinilo; la versión en CD para Europa la fabricó Fierce Panda, el mismo sello del que surgieron hace diez años Coldplay, cuando también eran, como estos, unos pimpollos con tendencia a la épica–, mostraba las cosas buenas de White Rabbits y también las malas. Las malas eran esas deudas con un art-rock arrogante que podían hacerles perder el norte de buenas a primeras, siempre y cuando optaran por los conciertos equivocados, por las groupies menos convenientes, por los gestos de superioridad. Las buenas estaban concentradas, fundamentalmente, en las pistas que iba dejando el grupo para sugerirnos que no eran unos copiones. En realidad, ningún grupo con dos percusionistas y un piano puede ser un copión, porque la fórmula –más el añadido de guitarra, bajo y demás relleno clásico– no es precisamente habitual. Cuando se escucha piano y rock, de todos modos, hay que andarse con cuidado porque te pueden salir Elton John o Ben Folds en la ecuación. Roberts, por fortuna, prefirió tener el modelo Thom Yorke cerca. También era el más lógico cuando quieres que tus compañeros te sigan por un camino de rock de formas libres, texturas raras y desarrollos no lineales.

“It’s Frightening” les ha salido muy arty, y eso es lo mejor: era lo que prometían y han cumplido con las expectativas, con ese piano golpeado que marca el ritmo, con esa guitarra de acompañamiento y el bajo disonante, y con la buena cautela de no llamar la atención allí donde se les pudiera recibir mal. ¿Pop? No son pop, Greg Roberts no quiere cuadrar un estribillo memorable, ni siquiera parece saber lo que es un estribillo. ¿Rock? Por ahí andan más cerca, por supuesto, pero ni son tan directos para caer en gracia al núcleo duro del seguimiento indie ni tampoco raros en exceso para que los listillos del post-rock les tengan en un altar. Se quedan en el terreno medio, lo que en inglés se conoce como el público middlebrow: ni demasiado elevado ni demasiado llano, con rasgos de ambos estratos de gusto y distinción musical. Tienen un repecho caribeño, o vudú – “Rudie Fails” tiene algo de los Rolling Stones de “Sympathy For The Devil” a la vez que esos punteos de dulce atardecer en la costa atlántica de Vampire Weekend, también en “Right Were They Left”–, y por momentos parecen a punto de embalarse con una sobrecarga psicodélica, aunque luego no ( “Lionesse”). Tienen el empacho de haber escuchado hasta la saciedad “In Rainbows” ( “Midnight And I”, “The Lady Vanishes”), aunque al final parece que han aprendido a ser peculiares por sí mismos y sin calcar descaradamente ( “Leave It At The Door”). En conclusión, “It’s Frightening” no da miedo, como dicta su título, porque es fácilmente diseccionable y aquí no se rompe ninguna regla. Pero es lo suficientemente osado como para marcar distancias y decir ‘aquí estamos’. El próximo tendría que ser o su “OK Computer” o su fin. Ya no valdrán medias tintas.

Juan Pablo Forner

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