Istiklaliya Istiklaliya

Álbumes

Aufgang AufgangIstiklaliya

7.3 / 10

Si nos ponemos a buscar un grupo como Aufgang tanto en la actualidad reciente como a lo largo de las últimas décadas, posiblemente no encontremos nada remotamente parecido. Lo que hacen Francesco Tristano, Rami Khalifé y Aymeric Westrich no tiene mucha comparación posible, y aunque pueden venirte asociaciones de todo tipo a la cabeza, lógicamente –tienen glam, música balcánica, la escuela post-romántica rusa, techno y muchos más ingredientes–, la misma combinación, la misma receta, no existe en otra parte. Hay que tener en cuenta que para ser Aufgang se necesitan unas cualidades muy particulares y que no basta con apretar botones, sino saber pulsar teclas (las del piano) de una manera profesional: Francesco Tristano y Rami Khalifé son pianistas experimentados, conocedores de su instrumento, inquietos concertistas que, a la vez que pueden dominar cualquier composición del repertorio clásico o del siglo XX ante un auditorio exigente, también conocen los mecanismos de la tecnología: eso no les hace ni mejores ni peores que cualquier DJ puntero o un productor de estudio especialmente virtuoso, pero sí les hace distintos e inimitables. Si no sabes hacer lo que hacen ellos, ni siquiera puedes aspirar a acercarte.

En 2009 editaron su primer álbum, “Aufgang”, del que se editaron hasta cinco maxis –dos a modo de previa, tres aprovechando el impacto que había tenido aquel disco en la comunidad electrónica, con remixes de productores tan respetables como Robert Hood, Chris Clark, Sutekh o John Talabot–, y ya se vio entonces que esta manera de trabajar era nueva: Francesco y Rami encaraban sus respectivos pianos de cola mientras que Aymeric se encargaba de sostener el ritmo con percusión electrónica, de modo que las piezas acababan por adoptar una forma entre libre y rígida, con un esquema de beats que variaba poco (necesario para que la música no se desintegrara o se desperdigara; no puedes conectar dos pianos con equipo analógico vía MIDI), pero sobre el que las manos de los teclistas tenían absoluta libertad para inventar fraseos virtuosos. Ese mismo planteamiento es el que se repite en “Istiklaiya”, aunque posiblemente con un punto más feroz aquí que en el álbum precedente: sólo comenzando con “Kyrie” –que tiene título de parte de una misa, pero que suena como un hit de Superpitcher o Reinhard Voigt en el sello Kompakt a mediados de la década pasada, cuando la fiebre schaffel; el ritmo es 3/4, como un vals en Transilvania– se aprecia que Aufgang tocan con más fuerza, con menos rodeos, incluso con más estrépito, quizá porque ya no hay que explicar mucho sobre cómo funciona el grupo y ya basta con tocar y crear.

“Istiklaliya” es un álbum que tiene su razón de ser en el formato y la flexibilidad de opciones que permite. Hay cambios bruscos de estilo todo el tiempo. “Balkanik”, por ejemplo, es música para la típica banda sonora de Emir Kusturica en tonalidad mayor, pero pasada por el filtro de Beethoven y Justice (dos nombres que, salvando las distancias, indican grandiosidad), y “Diego Maradona” alterna ritmos de tango y cumbia pero muy acelerados, siempre prestissimos, con un final de voluminosos sintes analógicos de textura muy sucia. Entre todo eso, los cambios de temperatura en Aufgang son constantes, pasando de los impresionismo de aires cinematográficos de “Ellenroutir” a los furiosos arpegios (y otro final a lo Justice) de “Vertige”, de los contratiempos de la música latina en “Abusement Ride” a los siete minutos de precioso ambient con piano, como Brian Eno en un viaje exótico, de “African Geisha”. Es difícil ponerle cotos y límites a Aufgang porque lo impredecible y la máxima libertad son cuestiones inherentes a su música, y esta dificultad para encajonarles o etiquetarles quizá les perjudique a la hora de llegar a ciertos públicos; ni son música clásica ni música de baile, ni experimentación ni fusión, sino un poco de todo. Pero con un álbum tan rico como “Istiklaiya” sin duda llegarán a otro público muy ambicionado por los músicos: ese que no tiene prejuicios, que aprecia la originalidad y el esfuerzo, ese que se toma la molestia de sentarse a escuchar y, cuando la ocasión lo permite, levantarse para bailar un poco y luego volver a recuperar la compostura.

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