Is Your Love Big Enough? Is Your Love Big Enough?

Álbumes

Lianne La Havas Lianne La HavasIs Your Love Big Enough?

5.9 / 10

Primera frase que se me pasa por la cabeza antes de escribir la crítica de una forma, digamos, ordenada: “música para arquitectos y publicistas que tienen casa en la Cerdanya”. Joan Laporta no tiene casa en la Cerdanya (y si la tiene da igual). De hecho, el avispado político independentista ya nos avisó durante su reinado en la presidencia del FC Barcelona: “¡Que no os embauquen! ¡Al loro!”. Armado con más razón que un santo, Jan enviaba un mensaje universal a sus congéneres, una advertencia a generaciones venideras que no debería caer en el olvido: recelad de los medios. Son comadrejas. Todos. Visca el Barça.

Vamos ver, calma, que hay hypes y hypes. Soy fan de los buenos hypes, me acostaría con Lana del Rey, le daría toda mi simiente para cuántos hijos quisiera alumbrar. Hay algo ahí que mola. Ah, pero luego están los otros hypes, los que apestan a la legua. Engañabobos que resultan intragables y van acompañados de un halo de trascendencia y profundidad que a mí me repele como el jabón a Gerard Depardieu. Resulta que Lianne La Havas es la gran esperanza del nuevo soul folkie británico. Ay, Dios mío, es la hurgatoria tan característica del hype inglés, la primera vez les sale más o menos bien –por cierto, ¿alguien ha visto a Duffy trabajando en un Burger King recientemente?–, pero cuando se engorilan se les va el volante y a la modelo se le ven las costuras de la faja y el bozo. Por mucho que a Prince le hagan palmas los testículos cuando la escucha, por mucho que la BBC la tenga en un pedestal, por mucho que haya teloneado al pesado de Bon Iver. Al loro.

Digamos que Lianne La Havas no canta mal. Tiene background de sobra. Pero esa voz sedosa, vaporosa y provista de dicción exótica la he escuchado en trillones de discos de trip-hop, acid jazz y pop de cámara, tantos como granos de arena hay en la playa de Gavà. Vaya, que tampoco es para tanto. “Is Your Love Big Enough?” resulta ser un álbum debut con algunos eructos de talento –baladas como “No Room For Doubt” o medios tiempos como “Don’t Wake Me Up” se dejan escuchar a la hora de la siesta–, pero lastrado por un tracklist obvio y sobadísimo que se centra en pasajes de folk, soul y pop a media luz, marcos diáfanos e ingenuos de música para restaurantes veganos que acompañan como un guante de seda a los gorgoritos de diva jazz de la veinteañera. No es la panacea con cebolla, Dios nos libre, de hecho se trata de una fórmula en tierra de nadie que parece diseñada para gustar a los amantes del buen rollito y el mate, y adiós muy buenas. Eso sí, Lianne sabe exprimir los tonos negroides que Dios le ha dado, acaricia el micro con sus gemidos y marca melodías de entidad en algunos cortes, como la juguetona “Elusive” o la desoladora “Lost & Found”.

Pero la garganta no lo es todo, y lo que molesta es que a la exótica londinense (ascendencia jamaicana y griega) le hayan servido un disco baboso, pretendidamente adulto, excesivamente lounge y sensiblero. Estoy seguro de que a Pep Guardiola le volvería loco este rollo. En este sonido melifluo que antaño podría haberse catalogado perfectamente como coffee table music imperan los tempos relajados y lánguidos, pero donde más me gusta la chica es en los segmentos movidos, es decir, en la optimista “Forget” –la pieza más rock–, en el la fusión de jazz y funk de “They Could Be Wrong” o en el hitazo veraniego “Is Your Love Big Enough?”. Y para de contar. Que no os embauquen. Tiene buena voz, pero todavía le quedan seiscientos mil años luz para ser la nueva Sade. De hecho, si yo tuviera un SPA pondría este álbum hasta la eternidad en el hilo musical. Es el disco perfecto para escuchar durante un masaje con chocolate o tumbado sobre un colchón de piedras calientes mientras una china te quita las espinillas. Música para arquitectos y publicistas que tienen casa en la Cerdanya.

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