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Dominant Legs Dominant LegsInvitation

8.1 / 10

Dominant Legs  Invitation LEFSE

“No encuentro demasiadas bandas jóvenes que se esfuercen por ser honestas. La mayoría sólo suena como una versión chunga de algún artista de los ochenta. Los ves y dices: 'esta es la lamentable copia de Human League’ o 'he aquí a los pálidos Dexys Midnight Runners’”. La cita es de Jeff Tweedy, hombre sabio que acostumbra a no equivocarse y que con Dominant Legs podría llevarse una gran sorpresa. Porque después de su estupendo EP del año pasado, los de San Francisco demuestran con “Invitation” que no son otra banda cualquiera. Lo suyo es sincero, sabroso, exuberante a rabiar. La enésima celebración de los interminables años ochenta pero brindando sin forzar, como si el influjo de aquellos tiempos se les hubiera inoculado en la sangre por ciencia infusa. Ryan Lynch (antes en Girls) y compañía han firmado un debut llano, sofisticado, chulo sin serlo del todo, un disco que se va hasta los días felices de todos aquellos grupos que vestían bien y componían mejor para volver erguido con una sonrisa en la cara y las lecciones de Chic, Aztec Camera, Paul Simon y The Human League bien aprendidas. Un disco de alma moderna y corazón musculado.

Al igual que Hot Chip, John Maus o esos Phoenix a quienes recuerda poderosamente la guitarra de “Take A Bow”, la música de Dominant Legs conquista porque, más que en el color, se centra en el calor de aquella década. Su racimo de nuevas y jugosas canciones viene servido a la temperatura adecuada. Maqueado lo justo, desfila lozano, bien peinado, con la camisa metida por dentro, haciendo gala de un sibaritismo natural del que la portada, puro coolness, lo dice todo. El repertorio, terso y brillante como la piel de una fruta lavada, está plagado de singles fabulosos: hits sin pepitas listos para deglutir ( “Hoop Of Love”), baladas con glucosa ( “Make Time For The Boy”), perlas ensangrentadas (sucísima “The One That You’re With”) o cuestas de hedonismo dispuestas a desafiar flatos ( “Lady Is Sleek And So Petite”). A todas las aptitudes que había en el EP –cosquillas instrumentales, riqueza en las letras, limpieza en armonías y melodías–, se suman ahora nuevas dimensiones controladas al detalle, bañadas en un joie de vivre contagioso y salpicadas de cold-wave, twee, funk blanco, R&B, noise... “Invitation” suena radiantemente joven, estiloso y esperanzado. Lynch confiesa que lo escribió “con la intención de hacer que las personas se sientan bien”, y no se puede negar que le ha quedado gozoso y goloso como un pecado que no debería estar prohibido.

Cristian Rodríguez

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