Invariable Heartache Invariable Heartache

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Kurt Wagner and Cortney Tidwell present KORT Kurt Wagner and Cortney Tidwell present KORTInvariable Heartache

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Kurt Wagner and Cortney Tidwell present KORT Invariable Heartache CITY SLANG / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

La prometedora carrera de Cortney Tidwell se resume hasta el momento en una bella coreografía sobre un escenario de madera quejumbrosa y una serie de pasos realizados de puntillas y con la uña del dedo gordo del pie, arqueada pero firme, en busca de la belleza ambiental –la que vimos en su apuesta (por momentos) por el country gótico en “Boys” (2009)–. Antes de la coreografía se había presentado como una cantautora de Nashville de la mano de su acompañante de gala y también paisano, Kurt Wagner ( Lambchop). Tidwell había dado dos o tres pasos indecisos, deudores de sus orígenes, zambullidos por completo en el country –ella es hija de Connie Eaton, cantante country, y Cliff Williamson, productor y cazador de artistas talentosos, así como nieta de Slim Williamson, creador del sello Chart Records (toma ya)–, así que bastantes pares de ojos se posaron encima de ella. Y después de aquel iniciático “Cortney Tidwell” (2006), propulsado por el single “Don't Let the Stars Keep Us Tangled Up”, y del mencionado –y evolutivo– “Boys”, resulta que la chica da una nueva vuelta de tuerca a su coreografía con un desplazamiento lateral y se le une a la fiesta el antiguo acompañante de gala, Kurt Wagner. Ahora, ambos se marcan un baile al más puro estilo lounge bajo el alias KORT, con las luces tenues y rojizas de bar de copas bien, y se nos acaramelan. Olvidadas –pero no tanto–, Beth Gibbons, Holly Miranda y Mazzy Star, nos han colgado en la sala de estar un retrato en sepia de Faron Young y nos lo quieren colar como un tiarrón misterioso y ligón. Y va a ser que no. Aunque resultón sí que es.

Para empezar, alguien tendría que darle credibilidad histórica al término/género “country new age” (muestras en “Incredibly Lonely”) o hacernos creer que es posible haber nacido en Nashville y ser crooner (en “Yours Forever”, Tidwell nos regala todo un speech, demostrando su magnetismo vocal en una balada de, sí, crooner-girl). Es decir, que la intención no es pifiarla como le ocurrió a la intrusa de Karen Elson, sino darle un toque etéreo al asunto sin caer en lo místico y sectario. Así pues, a pesar de ejercicios básicos de caligrafía (visibles en el dueto estelar para neófitos del género “She Came Around Last Night”), el flirteo presume sin sonrojo en “A Special Day” (con la voz melosa de la Tidwell aquí haciendo de pareja nocturna de una producción romanticona) y en la misteriosa “Eyes Look Away” (tañida con unas guitarras arpegiadas que caen como cortinas, corriendo un velo semitransparente y apaciguador). Es cierto que a veces les sale mal; y aquí mal debe entenderse con una falta de espíritu y de personalidad, como en la soft country acelerada “Picking Wild Mountain Berries” –nota freak: ¿a alguien no le recuerdan aquí las voces, ¡oh, blasfemia!, a las de Bill Medley y Jennifer Warnes?), pero en ocasiones la mezcla del post-rock y el soul adheridos a la dermis de Wagner-Lambchop como sanguijuelas casa perfectamente con el aura dream country de Tidwell ( “Penetration” se sale del country para entrar primero en el ambient dream-pop y en el cambio de ritmo al 2x4 en una segunda parte tan atractiva que deja ganas de más). ¿Que dónde está Farion Young? Young y compañía aparecen principalmente en “Let’s Think About Where We’re Going” y en “He’s Only A Memory Away” (guitarras paridas en un porche que complementan el único tema referente del verdadero country, toques de piano y tristeza placentera incluidos).

¿Después de todo esto, realmente es necesaria una conclusión? Ahí va, pues: la prometedora cantautora Cortney Tidwell se sacudió de encima las brasas de la hoguera del dream pop con toques electrónicos y se ha ido a refugiar en los brazos de Kurt Wagner para volver sobre sus pasos y bailar juntos una melodía que parecen haber aprendido de niños en las calles de su ciudad natal. La cuestión ahora es decidir si la coreografía que están bailando pasa examen como baile privado o como una demostración universal de intimidad compartida. Jordi Guinart

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