Interpol Interpol

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Interpol InterpolInterpol

7.1 / 10

Interpol Interpol

MATADOR / COOP SPAIN

El hecho de que Interpol se hayan convertido en esclavos de su propio sonido puede haber acabado por jugarles una mala pasada. Las siempre maliciosas y cíclicas modas convirtieron a los neoyorquinos, hace unas temporadas y como todo el mundo sabe, en la última gran esperanza post-punk de dos generaciones –la nostálgica y la nueva– que reivindicaban a Joy Division como el símbolo máximo de la tragedia hecha música. Por aquel entonces, con las cenizas del 11-S todavía presentes en la memoria, la banda despuntó con un debut, “Turn On The Bright Lights” (2002), que les abrió las puertas del éxito de par en par gracias a unos singles que destellaban brillantez por sí solos. Aun repitiendo la formula con “Antics” (2004), no fue hasta “Our Love To Admire” (2007) cuando muchos pusieron en tela de juicio la durabilidad del grupo. Ya había dudas. Incomprensiblemente, los neoyorquinos recibieron sus primeras collejas públicas con un álbum más que notable –ya sólo por “No I In Threesome” se merecían todo nuestro respeto–. ¿Era que el público empezaba a hartarse de su sonido? ¿Los arreglos orquestales de “Our Love To Admire” les hicieron vulnerables ante los resentidos? ¿O simplemente había pasado su gran momento, esa chispa que prende y se apaga?

En varias entrevistas previas, algunos miembros de la banda nos estaban advirtieron de que su disco homónimo, “Interpol”, sería una vuelta a los orígenes. Sabemos que la rueda promocional es un nido de medias verdades que nunca se ponen en entredicho, pero lo cierto es que este cuarto álbum que nos ocupa no difiere en exceso de lo que nos habían mostrado hasta la fecha. Decantándose por la autoproducción –y de vuelta a las filas de Matador después de abandonar Capitol–, Interpol no buscan, en esta ocasión, el hit incontestable – “Barricade” exhibe todo lo mejor que nos pueden ofrecer, pero suena en el fondo a popurrí contemplativo poco sorprendente–. Todo apunta a que, después de la marcha del bajista Carlos Dengler –que fue la verdadera alma del grupo junto a Paul Banks–, Interpol deberán tomar cartas en el asunto y avistar un nuevo rumbo. Aunque para comprobar si este pronóstico o recomendación se hace cierto tendremos que esperar por lo menos un par de años más.

“Interpol” podría considerarse, pues, como un impasse, el cierre de una etapa –caduca para algunos– que pide a gritos una reformulación de sus cimientos para no caer en el agotamiento definitivo. Dicho esto, se podría llegar a pensar que nos encontramos ante un disco menor, pero aún así la banda sigue haciendo lo que mejor sabe. En los cinco primeros temas se decantan por las secciones rítmicas enérgicas, como ocurre en “Success” –hermanada con “Obstacle 1”– o en la brillante “Summer Well”, pero a la altura de la segunda mitad del álbum comienzan a llegar las mayores sorpresas, cuando Banks y los suyos se aferran a las atmósferas opresivas en forma de medios tiempos – “The Undoing” está muy mal cantada en castellano, por cierto–. Así, desde el desenlace de “Always Malaise (The Man I Am)” –claro ejemplo de ese manto de piano que inunda muchas de sus canciones– pasando por el tándem formado por “Try It On” y las guirnaldas electrónicas de “All Of The Ways” –una de las piezas más sobresalientes que han firmado nunca: sobrecogedora, hipnótica y capaz de poner la piel de gallina gracias al mejor registro vocal de Banks–, Interpol revalidan su estatus con unas canciones que carecen de inmediatez pero que, con las escuchas, acaban convirtiéndose en la piedra testimonial de un trabajo que no defraudará en absoluto a sus acérrimos fans.

Sergio del Amo

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