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7 / 10

“Ring”, el primer trabajo de Glasser, fue uno de los mejores debuts de 2010. Más allá de las comparaciones con Björk o Fever Ray, con ese primer disco Cameron Mesirow logró delimitar un mundo propio. Un universo que exudaba mística selvática a base de ritmos tribales, melodías percusivas y una de esas raras voces de efectos balsámicos. Un espacio extraño pero reconfortante, en el que uno podía perderse escucha tras escucha descubriendo los infinitos pliegues que escondía. No en vano, uno de los mayores logros de ese trabajo era su capacidad de sorpresa. Mesirow experimentaba a cada paso, descubriendo recursos distintos en cada canción. Cuando creías poder predecir el curso de sus hechizantes inflexiones vocales, tomaban carreteras secundarias; cuando tu mente construía estructuras lógicas, el disco las desarmaba con ingenio. Fue un disco de pop arriesgado, tan preocupado en sonar bonito como en desafiar su propio lenguaje. Este transitar en el filo es, precisamente, lo que se echa de menos en “Interiors”.

Mesirow tiene una voz privilegiada, y lo sabe. No es extraño que el apartado vocal se muestre más en primer plano que nunca. Sus armonías son inmaculadas, y cuando funcionan ( “Shape” o “Dissect”, por ejemplo) siguen regalándonos momentos de elevación y piel gallinácea, pero en demasiados cortes su utilización acaba resultando formulaica. A diferencia de lo que ocurría con su predecesor, uno se acostumbra fácilmente a sus colchones de coros angelicales coronados por modulaciones etéreas, lo que convierte a canciones como “Keam Theme”, “Forge” o “Divide” en un tanto predecibles. La superficie sigue siendo tan bella como siempre, pero Mesirow parece menos interesada en estirar sus límites, quizá por miedo a romper el equilibro. Es una lástima porque cuando se lanza a explorar estructuras informes, los resultados siguen siendo magníficos. Sirva “Design” y sus giros imprevistos como perfecto ejemplo de ello.

Uno de los momentos más inspirados del disco es “Exposure”. En ella, se utilizan gemidos, tartamudeos y respiraciones como elementos del armazón rítmico a la vez que incorpora el tipo de chimes tropicales popularizados por productores como Jamie XX, John Talabot o Young Marco. Una conjunción perspicaz que incluso parece tener efecto en la melodía de voz, sin duda una de las más vivaces del conjunto. En demasiados momentos, sin embargo, el apartado instrumental del disco suena a una continuación un tanto descafeinada de su primer disco. Los tonos orientalistas, las melodías burbujeantes y el complejo detallismo de los acabados siguen ahí, pero, en vez de dirigir el paso de las canciones con la fuerza agreste de un fenómeno natural incontrolable, se asemejan más a un clima artificial diseñado para complacer el confort de un huésped que se niega a salir de la habitación. El contraste lo ponen las tres partes de “Window”, sin duda los momentos más intrépidos del disco. En las dos primeras Mesirow explora conexiones entre las nociones de espacio y las relaciones personales, el eje temático de todo el disco, mediante formas abstractas y esbozos líricos, mientras que en la tercera plantea un paréntesis meditativo a lo Julianna Barwick sin alcanzar sus mismas cotas de profundidad. Esta falta de calado es, precisamente, la mayor tara de “Interiors”, especialmente si lo comparamos con “Ring”. Glasser sigue siendo capaz de embrujarnos con el extraño encanto de sus canciones, pero para seguir generando espacios que atrapen de un modo tan indefectible como su predecesor deberá seguir expandiendo su zona de confort. Su potencial hace pensar en que probablemente lo conseguirá, pero no en esta ocasión.

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