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A Mountain Of One A Mountain Of OneInstitute Of Joy

8 / 10

A Mountain Of One  Institute Of Joy10 WORLDS

Un grupo raro estos A Mountain Of One. Pero como toda banda extraña, ejerce una atracción en quien les escucha de cuyo influjo resulta difícil sustraerse. Decimos que son un grupo raro porque hace un par de años, cuando debutaron con un álbum que más bien se presentaba como un recopilatorio de banda ya veterana, “Collected Works” –en realidad un compilado de sus dos primeros EPs en su propio sello–, parecían extraídos con pinzas de un parto imposible entre el prog-rock de hace cuarenta años, el folk pastoral y camp, y ese sonido balearic tan almibarado (para muchos que abominaron siempre de esta última palabra, A Mountain Of One son un grupo trasnochadamente a contrapelo). Hoy en día su sonido encaja perfectamente en el contexto como por arte de magia. O, mejor dicho, por artes metafísicas y por culpa de los escandinavos, que se han encargado de poner el sonido más pausado de la isla blanca de principios de los noventa en el candelero –algún remix suyo se puede encontrar en recopilatorios como “Nu Balearica” de Ministry Of Sound, toda una declaración de principios–. Y también seguramente por todo ese revival psicodélico algo subrepticio que escapa a los medios especializados clásicos, pero que emana de la catarata de blogs auspiciados por freaks de los sonidos progresivos de los años sesenta y setenta. Además, AMO es una banda que tira de épica en todos y cada uno de los temas de este “Institute Of Joy”, del que se dice por ahí que parece una copia de Roxy Music, cuando no de Fletwood Mac, aunque el total de la crítica apuntan a los Pink Floyd más azucarados.

Tienen un algo también en el sonido, y en las formas, de aquellos Talk Talk del controvertido Mark Hollis (¿ ande andará?), que llegaron a las masas y a la radiofórmula para adultos pero siempre escondieron un halo de malditismo que los dejó como colgando en el limbo de un mainstream obsceno. Coros en clave falsete, pianos dramáticos, riffs tremebundos, un barniz cósmico, algunos efectos psicodélicos por la patilla, letras que hablan sobre el olor de las nubes… (que si el sol está alto y luce radiante esta mañana, hay que aprovechar lo que nos queda de vida, arañas blancas, la joie de vivre…). Vamos, que su literatura buenrollista y algo ajada parece sacada del repertorio de l’ esbart dansaire de la Catalunya Central cuando se reúnen todos sus integrantes en acampada y tocan la guitarra a la luz de la hoguera de turno. Menudos mimbres para una banda que ha despertado la atención de la prensa internacional y del público de tal modo que este su primer álbum propiamente dicho ha circulado por internet muchos meses antes de su salida al mercado. Incluso algún proyecto über-cool inglés como Time & Space Machine, de Richard Norris –la mitad de Beyond The Wizards Sleeve junto a Erol Alkan– ya ha puesto las manos encima del single de adelanto, “Bones”, para vacilar de remix antes que nadie. También tenemos remezcla del mismo tema de House Of House, que son ahora mismo lo más de lo más después de haber firmado este año un doce pulgadas en el sello Whatever We Want (el de Harvey y su banda de hardrock, Map Of Africa).

Escapistas, accesibles, a poco que le vayan bien las cosas este grupo tiene su puesto reservado y garantizado para muchos años en los céspedes de los estadios de fútbol de medio mundo (al menos en los polideportivos de gran capacidad). Vamos, una banda que podría ser un pastel y resulta un bombón por receta secreta. A Mountain of One son grandes porque, pese a todo, enamoran. No me pregunten a mí por qué. Pregúntenselo al viento.

David Puente

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