Instinct Instinct

Álbumes

Niki & The Dove Niki & The DoveInstinct

7.3 / 10

No sabemos si será el frío, el legado internacional de ABBA, los meses de penumbra que secuestra a sus habitantes o vayan a saber ustedes qué, pero Suecia ha sido y es una mina para el pop. Están a años luz de todo lo que se cuece en el resto del Viejo Continente y han sabido dotar mejor que nadie a los ritmos sintéticos de una sensibilidad y una épica que no conoce rival. Ya sea en la vertiente mainstream de Robyn, la más gélida y oscurantista de The Knife (a Fever Ray también hay que meterla en el mismo saco) en contraposición a la emotividad orgánica de Lykke Li, o en la más arty de esa debutante llamada Zhala que ya está haciendo daño entre los trendsetters más exigentes, el país escandinavo entiende el género como una policromática paleta de texturas que llevamos años venerando como si fuera el único texto sagrado de nuestras míseras vidas.

Hace un par de años, dos de sus habitantes también decidieron aportar su granito de arena al asunto tras haber probado suerte con el folk en The Dora Steins. Malin Dahlström y Gustaf Karlöf, dos viejos amigos que se conocieron entre bambalinas mientras componían música para obras teatrales, unieron sus fuerzas en pro del pop electrónico bajo el nombre de Niki & The Dove. Tras ser avistados por la carta astral del BBC Sound del 2012 y habernos presentado numerosos avances que se recogían en los EPs “The Drummer” (Sub Pop, 2011) y “The Fox” (Sub Pop, 2011), autoproducidos, todas las esperanzas de aquellos que sueñan con que Björk deje de ser una loca del coño y vuelva a centrarse en firmar canciones memorables estaban volcadas sobre estos dos suecos. ¿Ha valido la pena la espera o al final han resultado ser un hype?

Partiendo de ese “Tomorrow” que abre “Instinct”, hemos de darnos por más que satisfechos. Es tan hitazo, tan The Knife para las masas (Dahlström tiene bien aprendidos los trucos vocales de Karin Dreijer), tan jodidamente épica y tan memorable que uno la tiene en repeat desde hace semanas. El tema es el que está a más años luz en comparación con el resto de inéditas que aquí pueden encontrarse, pero la ternura inherente de “In Your Eyes” (inevitablemente invita a rescatar los momentos menos horteras del debut de Ladyhawke) o esa fantástica batucada que preside “Under The Bridges” (la canción que Bat For Lashes siempre ha querido firmar y nunca ha tenido agallas de hacerlo) pueden toserle a la cara a las ya conocidas “DJ, Ease My Mind” (lo que saldría si Florence Welch fuese accionista de Ikea) o esa “Mother Protect” incluida en “The Drummer” que araña su muro sintético en busca de algo de luz.

Porque otra cosa no, pero siempre han hecho gala de asfixiantes claroscuros sonoros ( “Gentle Roar” siempre se llevará la palma) que han intentado encajar con su causa de acercarse a los oídos más facilones y menos entrenados. Hablando en plata, “Last Night” (¿a alguien más le parece un tema de la desaparecida Lisa Stansfield?) o “Somebody” están ahí por motivos de relleno. Su producción es más convencional, menos rebuscada y rompen el ritmo esquizofrénico del disco, lo cual perjudica el conjunto de un álbum que, pese a reciclar muchas referencias ya conocidas del pop del nuevo milenio, es de lo más disfrutable que hemos oído en los últimos meses.

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