Innundir Skinni Innundir Skinni

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Ólöf Arnalds Ólöf ArnaldsInnundir Skinni

8.1 / 10

Ólöf Arnalds Innundir Skinni ONE LITTLE INDIAN / HOUSTON PARTY

Pongamos que el 50 % de personas que se dedican a la música son mujeres (falacia: ya sabemos que éste es un mundillo preeminentemente masculino e incluso algo machista). Pongamos, además, que el 50 % de ese 50 % se quedan embarazadas en algún momento de su vida (mejor que seamos ecuánimes y lo dejemos así, por mucho que yo juraría que suman mucho más que el 50%). Con estos datos en la mano (y que me acabo de sacar de la manga), habría de suponerse que los “discos de embarazo” están a la orden del día. Y, sin embargo, parece que cuando toca hablar de algo tan íntimo, las féminas prefieren plasmar sus emociones en su diario personal y no en sus canciones. Hay excepciones. Por poner un ejemplo: el genial y malrollero debut homónimo de Fever Ray, que seguro que atormentará la existencia de su vástago ad aeternum. Y, por poner otro ejemplo en el lado opuesto del espectro emocional maternal, aquí queda “Innundir Skinni” de Ólöf Arnalds.

La misma artista ha confirmado que los nueve temas de su segundo álbum son una especie de recopilación de las composiciones más redondas que ha ido acumulando en los últimos años. Al tenerlas bien empaquetadas y con el lazo rosa anudándolas, se dio cuenta de que todas giraban en torno a su reciente maternidad. De ahí que el “Innundir Skinni” (algo así como “bajo la piel”) del título de una de las canciones haya acabado siendo también el título de un disco que cruje suavemente como la fina capa de hielo que cubre las cosechas en las mañanas de invierno. Si “Vig Od Vio” (One Little Indian, 2007) fue un disco-amuleto que le ayudó a la hora luchar contra las sombras de la reciente muerte de su padre, Ólöf cierra el círculo en su segundo trabajo al deslizar morosamente sus canciones en torno al concepto del nacimiento y el embarazo. Muerte y vida. Muerte y nacimiento. Y, sin embargo, Arnalds esquiva elegantemente el peligro pasteloso de convertir “Innundir Skinni” en un suma y sigue de nanas para arrullar a su bebé. Por el contrario, sus nuevos temas suenan a esa soledad íntima en la que la mujer descansa dulcemente en el porche mientras el hijo duerme en la cuna: esos momentos en los que la madre deja de ser dos para volver a ser uno y necesita imperiosamente rebuscar entre las ruinas de su personalidad a la búsqueda de la unicidad.

Siguiendo el camino de las comparaciones con su debut, lo que allá era voz y guitarra aquí florece en un rango más amplio de instrumentos. A ese respecto, el primer tema resulta esclarecedor: “ Vinur Minn” parte de las brasas de “Vig Od Vio” arrancando con una voz totalmente desnuda que pronto se ve acompañada por una guitarra y, cuando piensas que todo seguirá igual que en su anterior referencia, la canción gira suavemente como un bumerán y se enriquece con coros luminosos y una percusión rítmica que se adhiere al paladar como el humo de una fogata en medio de la noche. A partir de allá, y alejándose de la coherencia marmórea de su primer álbum, las canciones se van abriendo como diferentes flores orientadas cada una hacia soles diferentes pero contiguos. Lo que más prima es la sensación de estar en una encrucijada en la que se encuentran los caminos de Björk y Bill Callahan, alumbrando un folk gélido que cambia las águilas y caballos del norteamericano por una imaginería poblada de animales benévolos cercanos a lo polar. Es este el caso de la canción que da título al disco, pero sobre todo el de dos de los mejores actos del lote: ese “ Crazy Car” rayano al himno pastoral de atardecer (con el dulce añadido de la bonnieprinceana voz de Ragnar Kjartansson) y esa “ Jonathan” con una percusión que resuena a través del espacio y del tiempo. Tampoco andan lejos las sombras de Vashti Bunyan (en la diamantina “ Svíf Birki”), de Mark Kozelek (la esquelética pero no raquítica “ Madrid”) y de otra ilustre: Joanna Newsom (ese “ Surrender” a medias con Björk en el que el ukelele muta en arpa asilvestrada para firmar uno de los temas más bellos de la temporada).

Lo más impresionante de “Innundir Skinni” es percibir cómo las emociones rasgan el velo idiomático para llegar hasta tu pecho intactas: casi todas las canciones están cantadas en el islandés natal de Arnalds, pero eso no impide que, bajo las palabras, lata un significado puro que acaba trascendiendo hacia la superficie. Habrá que culpar de esto último, en parte, a la íntima y delicada producción de cristal de Kjartan Sveinsson ( Sigur Rós). Pero, sobre todo, habrá que culpar a esta artista que, desde ya, se ha convertido en la alternativa a los aspavientos megalómanos de Joanna Newsom. Es curioso que ambas gestaran sus discos a la lumbre de un embarazo (real el de Ólöf, psicosomático el de Joanna, pues nunca concibió). Pero mientras que la de “Have One On Me” (Drag City, 2010) prefirió convertir sus vivencias en una especie de “Aquí Hay Tomate” decimonónico de cara a la galería de la Ópera (y que conste que esto no es negativo para nada), Ólöf Arnalds ha optado por destrenzar sus emociones como quien se sincera con un amigo mientras comparten un café bien caliente a las puertas del invierno.

Raül De Tena

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