Infinity Infinity

Álbumes

Jesu JesuInfinity

6.8 / 10

Jesu  Infinity AVALANCHE INC.

“Infinity” tiene como uno de sus principales ganchos el hecho de que está formado por una única composición de cincuenta minutos de duración en la que su autor, Justin K. Broadrick, se encarga de todos los instrumentos y no permite que nadie interfiera en su desarrollo. Concepto de hombre orquesta y, a su manera, invocación de esa idea de único plano secuencia que sobrevolaba alrededor de películas como La Soga o El Arca Rusa, en ambos casos con las obvias y pertinentes trampas de montaje que posibilitaban lo imposible. Aquí está claro que el tema está grabado por partes y que hay un proceso de corta y pega posterior para darle esa unidad. Se nota. Se nota porque hay tres fases muy diferenciadas en su recorrido que en cierto modo acaban restándole impacto a la aventura y, sobre todo, al concepto de dicha aventura. Si las separara un corte de pista no sucedería absolutamente nada, y aquí es donde a su manera patina Broadrick con este experimento que anda bastante lejos de lo que podríamos considerar un nuevo álbum en la cuenta particular de Jesu. Se suponía que “Infinity”, disco y canción, tenían como gran foco de interés la idea de bloque y de pieza indisoluble, a fin de cuentas imaginamos que esa es la gracia del invento, pero en la práctica el resultado no está a la altura de los mejores, que son muchos, logros de su carrera.

Se entiende que “Infinity”, publicado en Avalanche Inc., el sello propio de Broadrick, y no en Hydra Head, donde habitualmente da rienda suelta a su creatividad más fértil, es una probatura, un capricho de estudio cocinado en los tiempos muertos y en la soledad del creador que no depende de su banda para aclarar ideas y experimentar a su aire. En esta tesitura podemos ser benévolos y dar por correcta la iniciativa, aprobarla sin muchos aspavientos. Pero en el marco de su obra, sin embargo, estos cincuenta minutos (completistas, no perdáis detalle de la edición japonesa, que incluye un segundo CD con una relectura de la misma canción titular) saben más bien a poco, a proyecto paralelo de iniciación, a pasatiempo de un autor prolífico e hiperactivo que publica casi todo lo que graba en el estudio y que algunas veces no tiene claro el filtro editorial.

Dicho esto a modo de previa y de contextualización, y ya valorando el contenido estrictamente musical del producto, podemos definir “Infinity” como un paseo más o menos consciente por la primera etapa de Jesu y por los estertores de Godflesh, el grupo con el que este músico británico, que debutó con Napalm Death, alcanzó la gloria y el respaldo de la crítica no especializada en metal. La composición utiliza mucho las guitarras, el rasgueo, los riffs y la pauta rítmica de las seis cuerdas, es casi la estructura de todo el trayecto, como si hubiera querido recuperar parte de esa esencia que marcó los últimos años de Godflesh y que poco a poco había ido olvidando en Jesu en beneficio de una sonoridad más shoegazer, ambiental y emocional.

Los mejores pasajes de la canción, sin embargo, son aquellos que están más cerca de lo que tenemos en mente cuando hablamos de Jesu: la integración de un background industrial y metal en un contexto de nebulosa pop cercana a My Bloody Valentine. Cuando se conjugan ambos universos es cuando vuelve la magia y el misterio de un proyecto que tiene el crédito suficiente como para permitirse tonteos y excursiones como “Infinity” y salir indemne. A este CD, en definitiva, le falta emoción, rotundidad y fuerza, pero en sus fases más solventes se reivindica como un meritorio tentempié para matar la espera antes de que aterrice su próximo lanzamiento, un EP para Caldo Verde, el sello de Mark Kozelek, previsto para octubre y cuya canción de avance invita a esperar los mejores augurios posibles, con una mezcla imposible entre Codeine, Red House Painters y Godflesh.

Julio Pardo

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar