In Praise Of More In Praise Of More

Álbumes

Engineers EngineersIn Praise Of More

7 / 10

Engineers In Praise Of More KSCOPE

Hace unos meses, las cosas empezaron a ir mal en el seno de Engineers. La catástrofe estuvo a punto de acabar con la que es una de las referencias inevitables del dream-pop londinense: dos de sus miembros (Dan Macbean y Andrew Sweeney) decidieron colgar los instrumentos e irse después de que la publicación de “Three Fact Fader”, el álbum que acabó por ampliar su campo de miras y los decibelios de sus atmósferas (al menos en comparación con el disco de debut de la banda), fuera continuamente pospuesta por la discográfica. Un poco más y no sobreviven. Llegados a este punto, o renovación o muerte. Con la incorporación de Daniel Land –que capitanea su propia banda shoegaze, Daniel Land & The Modern Painters– y el berlinés Ulrich Schnauss –que en sus trabajos en solitario, como es el caso de “A Strangely Isolated Place”, ya proyectaba el recuerdo de Cocteau Twins y My Bloody Valentine, además de colaborar con el propio Land–, Engineers emprenden una segunda etapa con la formación renovada, una situación ideal según la opinión de muchos fans: el grupo se encuentra ahora en el punto idóneo para distorsionar su patrón y las señas de identidad de su melosa y psicodélica propuesta. Sin embargo, lo cierto es que los cimientos de su sonido no se han movido lo más mínimo –ocurre lo mismo con el protagonismo vocal de Simon Phipps– y todo prosigue su curso. De momento, nada nuevo bajo el sol.

El hecho de que en este “In Praise Of More” no hayan grandes sorpresas con respecto a sus anteriores trabajos puede significar, en principio, un gesto de acomodamiento. Y lo es, ciertamente. Pero, a su vez, el álbum explora en sus nueve cortes todos los palos que han ido madurando con los años y con notable acierto, dejando así claro que nuestros protagonistas cada vez se dejan querer más por las estructuras melódicas y menos por las rupturas de estilo. Esto no quiere decir que se nos hayan puesto accesibles, pero desde la belleza etérea a lo My Bloody Valentine de “What It’s Worth” pasando por el folk sideral de “Las Vegas” o el post-punk de clave shoegazer en ese highlight a la altura de “Sometimes I Realise” que es “Press Rewind”, Engineers enseñan un trabajo cuya coherencia –potenciada por su corta duración– es como una de esas apacibles cabezadas que a cualquiera le pueden salvar de la rutina y el cansancio. Es cortito, sí, pero ya se sabe que dormir más de doce horas del tirón no es bueno: sientes como si una apisonadora te hubiera machacado los huesos durante la noche.

La presencia de Schnauss –anteriormente les acompañó de gira; ahora no ha tenido más remedio que involucrarse en el álbum a tiempo completo– empieza pasando algo desapercibida, aunque a medida que pasan los minutos empieza a hacerse evidente. En “To An Evergreen”, por ejemplo, una pesadilla que puede recordar a la era “Ultra” de Depeche Mode y en la que los sintetizadores lo acaban dominando todo y dejan muy discretas y al fondo a las guitarras acústicas que habían empezado mandando en el disco y que, de hecho, son su principal hilo conductor. Lo mismo ocurre, pero de un modo electrificado, en la pieza que da título al LP, muy en la línea de “Three Fact Fader”, con un compás motorik de batería y un teclado juguetón como de Gameboy que hace que Engineers se pasen por la entrepierna esa etiqueta de dream pop que arrastran desde el principio y se atrevan a ser sólo pop, pop a secas. ¿Irá por aquí lo próximo que se traigan entre manos? ¿Menos vapor y más canciones? Si así fuera, muchos se van a tirar de los pelos. Pero, por lo que parece, están predestinados a ir por ese camino, tarde o temprano.

Sergio del Amo

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