In Decay In Decay

Álbumes

Com Truise Com TruiseIn Decay

7.2 / 10

A la hora de rendir cuentas, Seth Haley nunca ha ocultado de dónde viene su sonido. Ya en una entrevista temprana – que se le hizo aquí en septiembre de 2010–, aseguraba que a lo largo de estos últimos cinco años, descubrir a Boards Of Canada ha sido uno de los impactos más grandes que he recibido, por no decir el mayor de todos”. A medida que ha ido editando discos, y hasta llegar a su primer álbum oficial, “Galactic Melt” (2011), Com Truise se ha aproximado poco a poco a ese pop sintético y retro tan propio de la etapa más naïf (y aún así hipertecnificada, con la llegada de los equipos domésticos de televisión y vídeo, y de los primeros ordenadores personales) de la década de los 80s, y no es casualidad que su alias artístico sea una alteración en el orden de las letras del nombre del más famoso divorciado de 2012, pues su música parece como salida de cualquier escena de “Risky Business”. Pero cuando Com Truise era un adolescente maquetero en su habitación de New Jersey, lo primero que intentaba eran breves miniaturas desbordadas de nostalgia, con esa textura brumosa y desvaída que recorría todo “Music Has The Right To Children”. La primera pieza de “In Decay”, titulada “Open”, lo explica todo de manera conclusiva: suena como una prolongación durante cuatro minutos del mejor fragmento de Boards of Canada, aquella deliciosa “Roygvib”. Sólo le falta ese momento de voz de niño, entre la risa y el gemido, para tenerlo todo.

“In Decay” no es el segundo álbum de Com Truise tras “Galactic Melt”, sino una exploración arqueológica de su disco duro de juventud, en el que estaban almacenadas sus grabaciones primerizas –y que nunca se editaron de ningún modo, o de hacerse fue únicamente en demos colgadas en la red, descargadas y escuchadas por una minoría de fans primerizos–. Es, por tanto, el episodio anterior al EP “Cyanide Sisters”, y no hay que esperar de él más que una contextualización de su música: de dónde emana y hacia dónde va. Está claro que emana de Boards Of Canada –como el Nilo nace del lago Victoria– a juzgar por momentos como “Smily Cyclops”, que están construidos con los mismos sintes y el mismo suave decay en las notas dominantes de la melodía que utilizan los hermanos Sandison (por no hablar del beat, lento y constante como el paso de un elefante). Y hay más aún: también “Controlpop” y “Stop” evidencian largos meses de obsesión con los escoceses. Se hacen simpáticos.

Sin embargo, Com Truise no tenía entre sus aspiraciones ser un clon exacto de BoC –de haberlo sido es más que posible que jamás hubiéramos oído hablar de él y su música de segunda mano se habría quedado encerrada para siempre en un cajón, y con justicia–. Los 13 momentos de “In Decay” evidencian que su universo personal ya estaba trazado y que sólo había que ir puliéndolo a base de experiencia y trabajo, y es el mismo mundo que el de Oneohtrix Point Never –de alucinaciones y obsesión con la parte sensual de las máquinas, de ahí títulos como “84’ Dreamin”, “Dreambender” y “Data Kiss”–, con una inclinación decisiva hacia la melodía más que hacia la atonalidad: se aprecia en Com Truise un esfuerzo por concretar cada pieza en una canción, en una estructura simétrica con principio y final, con una historia y un desarrollo. El equipo utilizado es barato y antiguo todavía en fragmentos como “Yxes” o “Video Arkade” –donde asoman otras influencias primigenias: electrónica y juegos por ordenador, funk digital elástico–, y aunque hay completa devoción a la máquina su dirección nunca emprende el camino de la fuga cósmica –no hay canción que dure más de cinco minutos–, ni la incertidumbre de una improvisación. Si la influencia de Tangerine Dream existe –que existe, y muy fuerte–, es la de la banda en 1980 hacia adelante, cuando se dejaron en buena parte de las jams de media hora y condensaron su peculiar visión del kitsch en píldoras analógicas de pocos minutos.

“In Decay” tiene, además, otra virtud: su música es tierna porque es ingenua, y no aparece en ella la sobrecarga de referencias y ambición que hizo de “Galactic Melt” un disco fallido por momentos: allí, Seth Haley quiso demostrar demasiadas cosas en poco tiempo, rendir cuentas con sus héroes de forma apresurada; quiso ser una obra maestra por la vía rápida, en vez de ser un eficiente álbum de debut con el que empezar a andar los primeros pasos de una trayectoria a primer nivel en la música electrónica. No se puede hablar de traspiés, pero sí de paso en falso, o ese paso mal medido que rompe el ritmo de la carrera. “In Decay” se puede escuchar como si se repasara un viejo álbum de fotos, para ver cómo eran las cosas antes que conocerlas de verdad –y evidencia que, más allá de las deudas contraídas con sus influencias, Seth tenía buenos fundamentos–, pero consigue algo más, y más valioso: volver a orientar su camino para, a partir de aquí, proyectar un nuevo álbum que, esta vez sí, le dispare como un cohete al centro del universo synth-pop retronostálgico. Lo que en el lenguaje de los videojuegos se conoce como “ganar una vida extra”.

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