In And Out Of Control In And Out Of Control

Álbumes

The Raveonettes The RaveonettesIn And Out Of Control

8.3 / 10

The Raveonettes  In And Out Of Control

FIERCE PANDA / POPSTOCK!

“In And Out Of Control”, el quinto álbum de estudio de los daneses The Raveonettes, podría ser perfectamente la banda sonora de un primerizo Almodóvar sin lluvia dorada de por medio. Putas, drogas, violadores, lipsticks corridos de mamarracha, suicidios justificados… Vamos, que uno no sabe a ciencia cierta de dónde saca el dúo la inspiración para ilustrarnos con unas letras tan bizarras a la vez que bellamente decadentes. Pero eso sí, mejor que sus amistades se mantengan alejadas de la sociedad, porque tales elementos no dejarían títere con cabeza. Después de “Lust Lust Lust” (Fierce Panda, 2007), a priori todos pensábamos que la pareja seguiría explotando esa vena noise tan inconfundible de sus álbumes precedentes. Pero nada más darle al play con “Bang” empiezan las incógnitas. Con un sonido drásticamente más limpio y apurado rozando cuotas de dream-pop incluso, Sune Rose Wagner y Sharin Foo se marcan un disco de pop con mayúsculas donde las distorsiones guitarreras y la suciedad sonora pasan a mejor vida, a excepción de “Break Up Girls!” o “Heart Of Stone”, que no hubieran desentonado en el trabajo que nos ofrecieron hace dos años.

Si han dejado de sonar tan guarramente, ¿dónde está entonces la gracia? Pues ni más ni menos que en sus perturbadas letras, donde la inocencia de sus melodías malvive con la oscuridad absoluta de retratos costumbristas más propios del antiguo Barrio Chino barcelonés que de la inmaculada estampa de su Dinamarca natal. Quizás su nueva vida en territorio yanqui les ha influenciado de algún modo. Habría que preguntarles qué ven cuando asoman la cabeza por sus ventanas. Pero esa clara dicotomía hace de “In And Out Of Control” un caramelo envenenado para sus fans más acérrimos, los cuales suponemos que no acabarán de pillarle el punto a su nueva propuesta. Aunque un servidor tiene que confesar que se muestra más que encantado ante tal evolución.

La ya mencionada “Bang” supone una clara muestra de intenciones retro. Los efectos twang y el eco sonoro marca de la casa siguen estando ahí, por supuesto, pero se puede observar claramente, asimismo, el principal leitmotiv del álbum: las ansias de facturar estribillos instantáneos de esos que sin apenas esfuerzo se quedan en nuestra cabeza por mucho que rememos contracorriente. Y cuando uno ya está del todo hipnotizado, se encuentra con “Last Dance”, el primer single extraído hasta la fecha, donde las melodías vocales a lo Everly Brothers se mantienen inalterables. Y, entonces, me viene a la mente la imagen de una Carrie ensangrentada con toda su mala hostia cantándoles a sus amiguetes “este es vuestro último baile”. Aunque los tiros, de todos modos, van más hacia esas calientabraguetas que, después de levantar torres a mansalva, se piran de la discoteca de turno echas unas puercas con todo el maquillaje corrido.

“Boys Who Rape (Should All Be Destroyed)” se lleva el premio honorífico a la canción más truculenta por méritos propios. “Nunca olvidarás a esos cabrones que están en tu cabeza. Los violadores serán destruidos”: no me dirán que un tema de este calibre no le iría como anillo al dedo a Marilyn Manson. Pero los daneses se marcan no sólo la canción más visceral de toda su carrera, sino una joya de esas que duelen en el alma por el mero hecho de atrevernos a contonearnos ante tal brutalidad lingüística. “Oh, I Buried You Today” representa el punto de inflexión ralentizado del disco, pero con “Suicide” vuelven a las andadas. Si tienes una madre puta y eres una desgraciada, suicídate como una Nancy Rubia y tírate al vacío del East River neoyorquino. Pero no esta noche, pégate unos buenos bailes y déjalo todo para el mañana. Ironía en estado puro. Y cuando uno cree que el listón bajará drásticamente aparecen “D.R.U.G.S” y la magnífica “Breaking Into Cars” para demostrarnos que hay vida después de aquel “Pretty In Black” (Columbia, 2005) que aún sigo rescatando cuando el cuerpo me lo pide.

Después de batallar con un sinfín de productores (y su caché), el también danés Thomas Troelson ha sido quien se ha llevado el gato al agua. Así que sólo le podemos dar las gracias, ya que es el principal culpable de tal degustable berenjenal. Algunos no entenderán de qué va la historia, mientras que otros se verán simplemente obligados a elogiar a estos loquitos europeos. Aunque dicho esto, dejémonos de chácharas y dediquémosle un baile a la decadencia.

Sergio del Amo

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