Impossible Symmetry Impossible Symmetry

Álbumes

Helm HelmImpossible Symmetry

7.5 / 10

Quizá sea porque he leído demasiado “El Señor de los Anillos”, pero el nombre Helm lo identifico única y exclusivamente con uno de los enclaves más peligrosos de la Tierra Media, el Abismo de Helm, donde se libra la primera gran batalla del libro, en el tomo segundo. Lo que en principio es una fortaleza, se convierte en una trampa. Este disco también es una trampa y así funciona su autor, Luke Younger, sembrando el camino de minas antipersonales en forma de drones y desarrollos atmosféricos que acaban por conseguir su objetivo: meterte miedo en el cuerpo, ponerte nervioso, dejarte tiritando de frío. No es un título fácil este “Impossible Symmetry”, pero si lo circunscribimos a su área de influencia, el de la música experimental con un trasfondo terrorífico y esotérico –el que va de Demdike Stare a Tim Hecker pasando por The Haxan Cloak o el primer Anduin (otro artista que, no debe ser casualidad, toma su nombre de la geografía de la Tierra Media, en concreto el río que lleva desde Rivendel hasta Gondor)–, tenemos que estar de acuerdo en que se ha convertido en un joven clásico.

Helm, o lo que es lo mismo, Luke Younger, no es un extraño en la escena experimental inglesa. Dirige el sello Alter –en el que se han prensado vinilos de Oneohtrix Point Never y Hyerogliphic Being– y lleva años funcionado bajo el proyecto Birds Of Delay junto con Steven Warwick, destilando ruido deforme y bulboso, que se reproduce como un tumor –improvisación analógica a medio camino entre Black Dice y Mordant Music– en diversas plataformas dedicadas a la edición de CDrs y vinilos de tiradas ridículas. Su entrada en el sello experimental de moda, Pan, se debe entender, pues, como un premio a toda una trayectoria, e “Impossible Symmetry” como la consagración de un lenguaje duro, sin una sola concesión y más inhóspito que un mes en el Sáhara. Como ‘dronista’ no es particularmente académico, no es tan fino como el misterioso Eleh ni tan cromático como Tim Hecker, pero sabe aprovechar muy bien la aureola maldita y el trasfondo de terror –como si alguno de los pasajes más secos de Demdike Stare, sin beats ni samples exóticos, se repitiera de manera inclemente y sin descanso durante 40 minutos–.

Antes de recomendar la escucha de Helm, hay que tener en cuenta cuál puede ser la reacción final: nervios, sudor, parálisis. Este abismo en el que Younger te invita a entrar está ocupado por la muerte y por las cenizas, es un terreno yermo y volcánico donde no habitan ni las plantas ni los insectos, ni la más miserable bacteria querría estar aquí. Es un descenso pesado y doloroso a una sima negra, un viaje a un infierno escondido. Sólo se oyen crujidos –como desprendimientos de rocas– y unas notas electrónicas, afiladas y tétricas, que te envuelven en un manto de maldad como si fueran un cielo gris a punto de descargar tormenta. Nadie en su sano juicio querría estar aquí, menos esas personas –y podrías ser tú– que estén fascinadas con la idea más depurada y perfecta del mal, gente a la que les atrae lo demoníaco y lo mórbido, la simple sensación de la soledad y la extinción. Si eres ese tipo de oyente, bienvenido: aquí sabrás lo que es el verdadero miedo.

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