Immer 3 Immer 3

Álbumes

Michael Mayer Michael MayerImmer 3

7.6 / 10

Michael Mayer  Immer 3 KOMPAKT

Michael Mayer ha manifestado en diversas ocasiones que es la idea de eternidad la que persigue con ahínco en cada entrega de la serie “Immer” –en alemán, “Immer” significa “siempre”–. Sueña el de Colonia con discos de sesión que, aunque tengan que competir con una abundancia desmesurada de material gratis –y buenísimo– en la red y, a la vez, sean incapaces de condensar la magia de una noche de club en 70 minutos, puedan aspirar a no envejecer y no quedar relegados al olvido. Es una ambición notable la de Mayer, pero no utópica, ya que los resultados, por ahora, le han acompañado: el primer “Immer” (Kompakt, 2002) ha alcanzado estatura casi mitológica desde que se publicó, e incluso fue escogido por la revista online Resident Advisor como el mejor cd-mix de la pasada década. Para Mayer, el disco de DJ enlatado debe funcionar según la lógica del pop antes que de la del techno: él los plantea como una narración, como un relato breve, con prólogo, desarrollo y epílogo, y confía en que esa historia que él cuenta con la ayuda de un puñado de discos pueda afectar emocionalmente a quien está en el otro lado del espejo. Un cd-mix estándar aspiraría a ofrecer los nuevos temas de moda, a querer condensar un estilo emergente, a fortalecer una marca o preocuparse por la autopromoción del artista. Pero desde el momento en que Mayer está en una situación de privilegio en que ya no necesita nada de eso, un mix como “Immer” puede plantearse según sus propias reglas.

Para mí, la idea de permanencia a la que aspira Mayer –eternidad quizá sea una palabra demasiado hiperbólica tratándose de un disco– se resume en la conclusión de “Immer 3”. Justo en el momento en que se desvanece el destellante deep house del sudafricano Culoe De Song “The Bright Forest”, maravilla editada en Innervisions–, suena “New Day” interpretado por Kinky Justice: y es como si se detuviera el tiempo de verdad, como si todos los placeres y los días se condensaran por un momento en un puñado de minutos y no importara nada más que lo que estás escuchando. “New Day” es una versión que grabó Justus Köhncke del original de Round Two –una de las primeras incursiones reggae de los dos hombres de Basic Channel– y que él transforma en una balada serena, para una mañana de sol, en la que el latido dub original es substituido por capas ambientales arrebatadoras, efectos espaciales y notas de xilófono. La sensación general es de entrar en una arcadia fabulosa, y con este último movimiento Mayer consigue uno de los pequeños milagros de la serie “Immer”: primero, tener un momento para recordar –y el recuerdo es la eternidad mientras el recuerdo dura–, y segundo, rescatar del olvido fragmentos de música maravillosos a los que nadie había prestado atención antes. Me sucede cuando suena “New Day” que deseo que se alargue el final todo lo posible –me deprimo cuando se acaba–, así como me olvido de todo lo que ha pasado antes por mis oídos.

Y eso que este “Immer 3” tiene momentos notables. El comienzo, por ejemplo, también rema en la misma dirección: es el remix ambiental de Ewan Pearson para el “Don’t Let Stars Keep Us Tangled Up” de Cortney Tidwell –el que sólo apareció en la reedición de R&S–, y con él Michael Mayer ya establece unas coordenadas precisas en su GPS de cabina, sitúa al oyente en un marco más pop-friendly que club-friendly, avisa de que, por ejemplo, las voces van a ser importantes y que habrá abundancia de melodías. Tal como plantea el disco, es más el trabajo de un selector que el de un DJ: importa el tracklist, no tanto la mezcla –aunque la manera de enlazar los temas es correcta en todo momento–. Importa el tracklist porque se compone de clásicos olvidados y cubiertos de polvo por el paso del tiempo –hay que estar rescatando siempre el “Departures” (2002) de Closer Musik–, así como de buenas producciones, fronterizas con el techno, el pop y el house, que lo que reclaman es compañía afín para poder unirse en un puzzle que avive los sentidos. Quizá haya instantes en que el conjunto flojee o se resienta –no soy muy fan del “Edges Of Corrosion” de Tim Paris, me suena a gastado–, pero en cambio el quiebro que da el mix hacia territorio hipnótico, casi italodisco, con el “Falling Stars” de Smith N Hack es brillante, como lo es la entrada –con esas notas de piano deprimidas– del “Paradise Circus” de Massive Attack remezclado por Gui Boratto.

Está claro que el efecto del primer “Immer” ya no se repetirá. Aquel disco llegó en el último estadio de inocencia colectiva, cuando aún no se había desatado por completo la fiebre de los blogs y la libre circulación en tiempo real de la información en la red. Ahora ya no hay secretos: los hits potenciales lo son al día siguiente de filtrarse. Antes, muchos grandes temas quedaban sepultados por la avalancha de novedades y sesiones como las de Mayer servían para demostrar habilidades de husmeador con las que adelantarse a la competencia. Con aquella sesión no inventó nada, pero presentó en sociedad el que sería el sonido de moda durante años, esa intersección entre house, pop y minimal techno que consiguió ser omnipresente y que todavía puede producir canciones fabulosas. En cierto modo, “Immer” cambió la manera de hacer cd-mixes y alteró el curso de la historia del techno. No creo que “Immer 3” esté en disposición de lograrlo de nuevo, y quizá no dure para siempre, pero ha durado varios días en mi reproductor de CD y a mí ya me sirve, porque siempre me saca una sonrisa.

Richard Ellmann

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