I'm New Here I'm New Here

Álbumes

Gil Scott Heron Gil Scott HeronI'm New Here

7.6 / 10

Gill Scott-Heron  I’m New Here

XL RECORDINGS / POPSTOCK!

Mi primer contacto con el spoken word se produjo a través al verbo afro de Raphael de la Ghetto. Las nuevas generaciones de lectores quizás no le conocen, pero los mongoloides de treinta y tantos que pensamos que El Príncipe De Bel-Air es una de las mejores sitcoms de la historia conocemos perfectamente el legado del alter ego de Jeffrey, el mayordomo negro de los Banks. En un episodio, Will, con el sempiterno objetivo de calzarse una de sus zorritas, le convence para que adopte la personalidad de un poeta negro hippy, y el viejo Jeffrey protagoniza uno de los delirios más celebrados por los headz de Fresh Prince. Todavía recuerdo la poesía con la que el sirviente británico, disfrazado de revolucionario negro (afro radical, collares, túnica, gafas con lentes oscuras en bisagra y sandalias) deleita a un grupo de estudiantes: “escucha el latido del gentío. Oye a la multitud. Tápate las orejas. Disfraza tus penas. Ocurre algo extraño. Escucha el latido del gentío. Escucha el supermercado. Si no escuchas… te mato. Carambola a la derecha. Carambola a la izquierda. Carambola al centro. Lucha con la tormenta (…). Préstame tres pavos para chile con carne”. Lagrimones me caen cada vez que rememoro ese maldito gag. Gill Scott-Heron no es Raphael de la Ghetto. Pero está cerca del genio. Figura capital del funk/jazz/spoken word de los años 70, el de Chicago se forjó una reputación casi divina como poeta maldito, silueta incómoda y voz emo del gueto estadounidense de la época. La legendaria masterpiece “Pieces Of A Man” fue una de las chispas que dieron lumbre al rap, especialmente en su ramificación más política, sobre la que ejerció vastísima influencia ( “The Revolution Will Not Be Televised” y todos es rollos). El tiempo no ha sido compasivo con él, especialmente en su decrepitud, definida por los azotes de la calle, los barrotes y una nariz y pulmones perforados por el consumo abusivo de nieve y crack. Fue precisamente la cocaína lo que le hizo entrar y salir de prisión durante 16 años de sequía –un solo LP editado– en los que se ha ido pudriendo víctima de la vida al límite y de su decadente salud (recordemos que es VIH positivo).Harto de ver un talento puro desperdiciado en Riker’s Island, el fundador de XL Recordings, Richard Russell, decidió sacarle de la mugre para recuperar la gloria y el respeto que el deteriorado poeta –cuenta 60 inviernos, pero parece que tenga 80 años– dilapidó con billetes manchados de sangre y pipas infectadas. Lo cierto es que Gill Scott-Heron tiene todos los ingredientes para convertirse en el clásico artista que vuelve del averno para dejarnos una acrobacia digna y memorable antes de espicharla. Por eso, muchos han equiparado la jugada de Russell a la que ejecutó hace años Rick Rubin con Johnny Cash. Las líneas convergen e incluso el tono del álbum (también con algunas versiones) recuerda sobremanera a las magistrales marchas fúnebres que The Man in Black grabó para Def American, pero en formato negroide, claro.El resultado es inopinadamente sobrecogedor, un disco aplastante en su brutal honestidad, desnudo y crudo como el sushi. Lo mejor es que resulta imposible hallar en esta obra un solo resquicio de esperanza u optimismo. Más bien todo lo contrario, el viaje es cenagoso, siniestro y asfixiante. No parece en ningún momento que Scott-Heron nos diga que ha vuelto para quedarse, hay algo de triste despedida en estas partituras faltas de oxígeno, un punto de derrota que deja una amargura extrañamente embriagadora. “Me And The Devil” (uno de los temas del año ya) encierra en su desarrollo la ambrosía del disco: bases densísimas de hip hop industrial, bpms comatosos, sintetizadores dramáticos y la voz de Scott-Heron rasgando la tela con piruetas de blues apocalíptico. Pero es en las piezas más minimalistas como “New York Is Killing Me” –con unas simples palmas de fondo– donde la voz del maestro se advierte más ronca y desgajada. “Your Soul And Mine” y “Running” son lúgubres retratos urbanos à la Burial y, no sé por qué, pero me producen las mismas sensaciones que el mítico “Spare Ass Annie And Other Tales” de William S. Burroughs. Los pianos de “I’ll Take Care Of You”(versión de Bobby Blue Bland) convierten los gruñidos del negro en lamentos de tanatorio. Y atención, joya escondida que merece toda suerte de admiración: un coverantológico del “I’m New Here” del viejo Bill Callahan (hacía siglos que le había perdido la pista a Smog) en clave folk-zombie. Y es que, más que un disco, esto es la psicofonía de un muerto viviente. Media hora de funeral. Disfrutémoslo como si fuera su última voluntad. Óscar Broc

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