I'm Going Away I'm Going Away

Álbumes

The Fiery Furnaces The Fiery FurnacesI'm Going Away

7.9 / 10

The Fiery Furnaces  I’m Going Away

TH RILL JOCKEY Para algunos, y desde hace años, son la mejor banda del momento. Para otros resultan insoportables. Hay redacciones importantes donde se les considera “el grupo”, mientras que otros periodistas se han negado a darles cancha contrariados, ¿aburridos?, ante unos discos exageradamente angulares. La música de Matt y Eleanor Friedberger resulta pesada (recuerden aquella galopada infumable junto a su abuela que llevaba por título “Rehearsing My Choir”) y, sobre todo, controvertida. Son, de aquella manera, polémicos. Un grupo trabajador, honesto y con muchísimo talento, que a veces acierta y a veces no, pero al que da la sensación de que no se le ha dado la oportunidad de mostrarse en toda su amplitud y alcance. Domándose a sí mismos, ahora entregan el que es desde ya el disco más accesible de su carrera, el único que junto al lejano “Gallowsbird’s Bark” y “Bitter Tea” podrán tragarse de cabo a rabo aquellos que no se cuenten entre sus fieles seguidores.

Tremendamente vanguardistas en ocasiones, ridículamente frívolos otras veces, en “I’m Going Away” las ambiciones de The Fiery Furnaces parecen apuntar a la conquista de un público mayor. Los autores del todoterreno cubista “Blueberry Boat” suenan hoy llanos, limpios y educados como nunca habían sonado hasta el momento Sus alocadas inquietudes de ayer parecen estar atravesando el periodo menos alarmante de su historial, aunque sigue bien presente el nervio que les define como banda robusta y caliente, ese que les anima a rastrear sin descanso en busca de nuevos anti-hits del calibre de “Single Again”, “Tropical Ice-land” o “Ex-Guru”. La secuencia de temas de su sexto álbum de estudio fluye relajada y distendida, guiada por los picos de sus habituales melodías rollizas e instantáneas y mezclada por un Jason Loewenstein ( Sebadoh) que sustituye a John McEntire a los controles (él pulió las aristas del injustamente ignorado “Widow City”). Loewenstein les ayuda a rebajar la dosis extravagante de su caos vintage y les echa una mano a la hora de sepultar sus habituales disonancias heredadas del rock vertical de Faces, The Who o Led Zeppelin (bandas a las que, de alguna forma u otra, siempre acaban guiñando algún ojo).

Las referencias y la estética de su discurso siguen en su sitio. Suena “I’m Going Away” (el tema) y el blues trapezoidal de Captain Beefheart acude a la cabeza al instante como un buitre carroñero. Suena la parte final de “Staring At The Steeple” y su inocente picardía les sitúa al lado de los más funkoides y actuales Yo La Tengo. Por su parte, la paleolítica “Take Me Round Again” les hace parecer algo así como un híbrido cachondísimo de Pavement y The Rutles. El caso es que sigue sin haber nadie como ellos. Misteriosos, defectuosos, orgánicos, impredecibles, The Fiery Furnaces plantean sus virtudes a chorro (las melodías que explotan como géiseres, los azorados giros instrumentales, las acentuadas interpretaciones) y exponen sus defectos al aire libre. Más eficaces o menos, siempre aplicados e insatisfechos, los hermanos componen al rojo vivo, quemándose los dedos como casi ningún otro outsider que se precie: ¿ Deerhoof?, ¿ Ween?, ¿ They Might Be Giants?.

A ratos, “I’m Going Away” parece una parodia de sí mismo. Es un disco de incomprensión y renuncias, plagado de frases en negativo, contradicciones y sentimientos inescrutables como los que nos impiden discernir si “The End Is Near” es lo más suave que han grabado nunca o si por el contrario se oculta algo diabólico en su interior. Sanote, travieso, juguetón y mordaz, es también el título más dirigible de su carrera, uno en el que por fin el oyente tiene la sensación de dominar la escucha, y no al contrario. Por sus venas corre veneno, pero sus admiradores ya les conocemos y tenemos el antídoto a mano. Resignados, jodidos pero contentos, somos los que seguimos rezando para que vengan a tocar de una puta vez, los que disfrutamos como críos con estas nuevas doce canciones con las que tenemos para comernos las uñas durante semanas, y los que en lo más profundo de nuestro confesable egoísmo seguimos sin querer compartir su maldita discografía. En 2009, los más avispados antihéroes del rock americano actual nos tienden la mano como nunca. Tú decides si quieres darles cancha. Si eres uno de nosotros, The Fiery Furnaces pueden ser tuyos y sólo tuyos.

Cristian Rodríguez

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