Ill Manors Ill Manors

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Plan B Plan BIll Manors

6.8 / 10

Importante chasco el que se llevarán muchos de aquellos que compraron The Defamation of Strickland Banks, el segundo disco de Plan B, y que ahora hagan lo propio con su regreso, “Ill Manors”. Básicamente porque muchos de los que convirtieron ese álbum en un superventas lo hicieron porque en esa grabación el cantante, compositor y director de cine británico ofrecía un lavado de cara a su discurso en clave de soul-pop, aprovechando claramente el tirón Amy Winehouse, de innegables prestaciones comerciales y admirable proyección pop. Como si todo aquello le hubiera provocado una crisis de identidad musical o como si quisiera demostrar que es algo más que un sucedáneo masculino de la diva desaparecida, Ben Drew ha dado un nuevo volantazo en su carrera con el lanzamiento de un disco que se propone un retorno a conciencia a sus orígenes hip hop, sin apenas rastro de su reorientación soul y con una clara vocación de recrudecer su sonido y recuperar el aliento más street.

En “Ill Manors” Plan B no se plantea la incidencia que este viraje estilístico tendrá en su relación con los nuevos fans, y de hecho incluso viene a decir en la pieza de despedida que aquellos que se sientan desconcertados se pueden ir a hacer gárgaras, más o menos. No es tanto un desprecio a los seguidores como una declaración de intenciones, que no son otras que volver por los fueros del rap puro y duro y dejar claro a quien le acusaba de haber vendido su alma a la llamada del dinero que no se ha desviado de su esencia y sus raíces. En cierto modo esto es algo que ya persigue el filme del mismo título que él mismo ha dirigido y escrito, cuya banda sonora integra seis canciones de este disco, y en ese sentido parece encomiable y sugerente que un personaje en la cima del éxito y la repercusión pop decida salirse de lo esperado y anticipado –un gesto que no habrá gustado a los responsables de su discográfica, eso seguro– para darse un baño de credibilidad callejera, aunque sea mediante un claro acto de retroceso musical como el que nos ocupa: un paso hacia atrás para recuperar la fisonomía de su debut.

Es este un álbum lleno de rabia, tensión y pocos escrúpulos que se deja guiar por una producción contundente, atiborrada de samples de soul y loops de hip hop ortodoxo, en una dirección opuesta de su predecesor. Intenta ser un reflejo de la película, discutida y vapuleada radiografía de la Londres olímpica desde el punto de vista de unos hustlers o buscavidas, y en ese sentido se exprime y se esfuerza al máximo exponiendo las miserias, desgracias y contrariedades de una gran ciudad. El tono es pesimista y en algunos casos incluso demasiado atormentado, toda una terapia de choque lírica para aquellos que le descubrieron con su faceta más relajada e intimista. Como rapper es aguerrido y atrevido, pero no siempre brillante y en algunas ocasiones demasiado apegado al fatalismo, y este “Ill Manors” no acaba de encajar en la evolución musical que había emprendido hace unos años, queda claro que es un impasse para darle un empujón a su película, pero llega en un momento inoportuno. Quizás “The Defamation of Strickland Banks” acusaba en exceso las deudas con Mark Ronson y el sonido Winehouse, pero presentaba a un artista versátil y capaz de domar sus aspiraciones comerciales con mucho contenido y descubría una nueva personalidad de su abanico artístico, incluso más poderosa y atractiva que esta actual, empeñada en sacrificar la luz, los estribillos, la producción vistosa y los hits a cambio de un descenso a las alcantarillas londinenses que en ningún caso reflotará el maltrecho estado del rap inglés en la actualidad.

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