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Jon Convex Jon ConvexIdoru

6.6 / 10

Salvando las distancias, la escisión de Instra:mental recuerda en parte a la de otro dúo de primer nivel de la electrónica underground inglesa, Vex’d: una alianza creativa entre dos talentos a los que se les agota la motivación –que no la inspiración– por división de pareceres, de los cuales uno sigue manteniendo la esencia del proyecto en solitario y el otro da un inesperado giro retrofuturista siguiendo un método de producción muy diferente en concepto a los orígenes en los que se dio a conocer. En Vex’d el guardián de la fórmula fue Roly Porter –que mantuvo la violencia de texturas, aunque cambiando el dubstep apocalíptico por una suerte de música de aliento cinematográfico–, y el otro, Kuedo, ha empezado a andar un camino distinto experimentando con patrones footwork y exploraciones varias de la idea de ciencia-ficción (en ocasiones con un rastro ochentas muy desdibujado). Con Instra:mental, que no hace mucho lideraban la facción más arriesgada del drum’n’bass moderno, Boddika es quien ha conservado el aura del proyecto original, aunque añadiendo aspectos de electro y house a su sonido denso y noir, de ritmos intrincados –y colaborando con Joy Orbison en una línea de EPs de alta gradación experimental–, y Jon Convex quien ha ido a buscar inspiración allí donde la música de club de hoy se da la mano con la de ayer.

En Jon Convex hay una verdadera nostalgia, o fascinación por una época no vivida, en relación con la ciencia-ficción de los años ochenta. Su sello, Convex Industries, evoca en cierto modo a la Tyrell Corporation que fabricaba los replicantes en “Blade Runner” –y el logo, además, es un unicornio de papel, un motivo simbólico decisivo en el film de Ridley Scott inspirado vagamente en un relato de Philip K. Dick–, e “Idoru” es el título de una novela de William Gibson sobre espionaje en la red, un futuro distópico y una estrella del pop holográfica. Así, su sonido, que ya había empezado a macerarse con acierto –y con una inclinación hacia el house de bajos hinchados– en sus dos primeros 12”s para el sello 3024 de Martyn, “Convexations” (2011) y “Lied To Be Loved”, y en los que ya se anticipaba el uso de la voz, ha acabado convergiendo en un “Idoru” que traspasa aún más la línea del lado oscuro. Avanzado originalmente por dos apetitosos packs de vinilos dobles en formato 10” –de los cuales se recuperan siete de los ocho cortes originales para el álbum, al que se le añaden tres más inéditos: “About Her”, “No Love” e “Idoru”–, el nuevo sonido de Damon Kirkham tiene ahora galopadas techno con bajo turbo, como es el caso de “Aversion”, y algo así como baladas electro para robots tristes y enamorados, en la línea del mítico I-F, como la carta de presentación de todo el proyecto, “Fade”, que ya abría el primer vinilo.

Antes trazaba una analogía entre Instra:mental y Vex’d, y por tanto entre Jon Convex y Kuedo, pero es prudente advertir que “Idoru” no alcanza el sentido futurista ni el nivel de sorpresa (y calidad) de “Severant”. Kirkham es mucho más predecible en sus movimientos, no se mueve del entorno de club y de ciertas referencias culturales muy fáciles de cazar, mientras que lo de Kuedo era una aventura cyberpunk por extremos poco transitados de la música electrónica –tanto entonces como ahora– que está marcando el listón a superar para muchos productores jóvenes. Sin embargo, sorprende el giro absoluto de Jon Convex, quien cada vez más busca ese 4x4 sin flexibilidad, adornado como mucho por un bajo zumbón, unas notas tensas o una bocina o una pizca de voz metálica ( “New Model”), incluso cuando su punto de destino es el garage-house ( “What I Need”; que acaba sonando más a Kevin Saunderson que a El-B, en todo caso) o la trillada fórmula dub + shuffle de Basic Channel ( “About Her”). Como otros desencantados ingleses de la escena bass –Untold, Scuba–, Jon Convex ha mirado para otro lado y, tras mucho buscar, se ha encontrado con Detroit: “Desolation” es como Robert Hood con algo de relleno acolchado –minimalista y amplia–, “Idoru” tiene cajas de ritmo virtuosas a lo Derrick May y “No Love” (en la que colabora Breakage)… bueno, “No Love” suena más a DJ Hell.

Lo bueno del álbum de Jon Convex es que no quiere repetir el pasado –mejor dicho: su pasado– y busca, busca con ganas. Su debilidad es que lo que encuentra no es novedoso ni chocante, pero hay que reconocerle la intención y pensar que, tarde o temprano, acabará dando con algo que reúna como merece su tremendo nivel como productor y su ambición como futurólogo.

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