Idiot Box Idiot Box

Álbumes

P.U.D.G.E. P.U.D.G.E.Idiot Box

7.8 / 10

P.U.D.G.E., Idiot Box RAMP RECORDINGS

Con poltrona en Los Ángeles y plataforma de despegue en Londres –punto ganador para el sello Ramp–, P.U.D.G.E. llega al Planeta Tierra con las manos en la maldita masa, dispuesto a engrosar el catálogo de cup cakes radioactivos de la Costa Oeste y, de paso, añadir unas cuantas lorzas de más al pellejo de los que nos alimentamos profusamente, desde hace ya algún tiempo, con esta sacarosa de funk lisérgico tostada al sol californiano. Después del 10” de culto compartido con Dibiase para el label All City, este productor de sangre jamaicana y biblia angelina se bautiza a sí mismo en una pila con forma de platillo volante y olor a silicio. Lo suyo son los márgenes de la espiritualidad digital post-Dilla y la experimentación a cara de perro. Y creedme, es bueno en lo que hace.

Los que no acaban de comulgar con la facción más psicodélica de Los Ángeles y prefieren un hip hop instrumental más ortodoxo y encorsetado quizás no consigan entrar en los parajes oníricos que propone P.U.D.G.E. Alejado del manual más street, con una libertad de movimientos absoluta, nuestro hombre surfea en un embravecido mar de ondas hertzianas, interferencias, psicofonías y funk escapista. El título del álbum no tiene nada de gratuito. El hilo conductor de esta extravagante novela escrita al más puro estilo cut-up es la televisión entendida como elemento idiotizante. De ahí que, en prácticamente todas las canciones, encontremos una intrincada red de samples arrancados de programas basura estadounidenses, especialmente de esos talk shows que siempre acaban con peleas de novias cornudas. Podríamos decir que “Idiot Box” es un álbum conceptual, sin duda, y por eso resulta imprescindible desmenuzarlo de cuerpo entero, sin interrupciones, sin picoteos que valgan.

Así pues, entendido como una historia con principio, nudo y desenlace, el LP cobra una apariencia caleidoscópica de la que resulta muy difícil escapar. Las machaconas voces televisivas, el extraño groove de los mantos musicales, la deliciosa anarquía sonora que parece reinar en todo el tracklist, las subidas, las bajadas… Si algo está claro es que una vez dentro de esta embriagadora espiral resulta casi imposible bajarse del tren; sin darte cuenta te encuentras tumbado en el sofá, con las pupilas clavadas en el techo, desconectado por completo del mundo que te rodea. La cocina podría estar en llamas, Megan Fox podría estar hurgando en tus calzoncillos, la policía podría estar derrumbando la puerta y no te enterarías de nada. El modus operandi en términos puramente musicales evoca la artesanía en el MPC de J Dilla, recurre a la elegante profundidad de Flying Lotus y se alinea con la psicodelia cósmica de Lone y similares. El resultado es una crepitante sopa de funk psicotrópico para audiencias alienígenas con ramalazos de future jazz –el saxo crepuscular de “Lost AngeLA” es maravilloso–, de soul a lo 9th Wonder bajo los efectos de un chute de jaco –brutal superposición de coros en “Everything 2 Me”–, de afrobeat digital – “The Price Is Wrong”–, de hip hop opiáceo para amantes del cannabis – “Insensitivity”–. El tejido del álbum es vaporoso e intoxica al más mínimo contacto con la piel; como una ortiga, pero con los efectos de la ayahuasca. Y es que “Idiot Box” es un disco que ronronea con mayor calado hipnótico si se adorna la escucha con vino y hachís. Es un disco que tienes que inyectarte con paciencia, sin premuras, sin presión. Es un disco que exige el uso de unos auriculares de verdad, no esa mierdecilla blanca que Apple vende a precios abusivos. Es un disco que se lee de principio a fin como si fuera un libro imaginario escrito por William S. Burroughs y Raphael de la Ghetto. Retiro lo dicho, “Idiot Box” no es un disco; “Idiot Box” es un viaje al fondo de la mente. Óscar Broc

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