Idiosynkrasia Idiosynkrasia

Álbumes

Francesco Tristano Francesco TristanoIdiosynkrasia

8.1 / 10

Francesco Tristano Idiosynkrasia INFINÉ

“Idiosynkrasia” resume perfectamente todo lo que Francesco Tristano explica cuando se le pregunta por su conexión con la música a un nivel profundo, por debajo incluso de la piel: el piano es el instrumento con el que él puede expresarse de una manera más honesta y creativa, admira sin descanso a Bach sin que eso sea una contradicción con su interés por la música del siglo XX –más desintegrada en aspectos estéticos como ritmo, melodía y armonía, prácticamente abstracta–, la libertad absoluta del jazz y el hálito romántico del primer techno de Detroit. Como pianista profesional que viaja por el mundo y ofrece conciertos en prestigiosos auditorios para señoras con abrigo de visón y carcamales con frac, la música clásica es su trabajo, lo que le alimenta. Pero luego está la juventud, la rebeldía y la apertura de miras que no le constriñe exclusivamente al ámbito académico ni a las partituras de compositores muertos y enterrados. Por eso, desde que empezó a grabar su propia música con “Not For Piano” (Infiné, 2007), esas otras dos vías de expresión alternativas han ido encontrando su espacio natural. Aquel primer disco rendía tributo a Detroit a partir de la versión, de la traslación de clásicos como “The Bells” (Jeff Mills) o “Strings Of Life” (Rhythim Is Rhythim) a partitura, y se acercaba al jazz en la digitación. No buscaba grandes alardes, era un disco sencillo, básico, de fan en su habitación tras un impulso incontrolable de saldar deudas con los maestros de la música electrónica.

Luego llegó “Auricle Bio On” (Infiné, 2008), y el salto fue espectacular. Trabajado en colaboración con Moritz Von Oswald, aquel ya era un disco de techno sin máquinas y miles de astillas del sonido del piano reconstruidas en un entorno digital; un puzzle de corcheas a las que se les había sacado brillo o pulido las impurezas, organizadas en la pantalla del Ableton Live para crear una sonata post-digital heredera de la dinastía Basic Channel –es decir, ese techno profundo hasta un extremo abisal– sin que en él hubiera necesidad de acudir al vetusto lenguaje del dub. Francesco exprimía las posibilidades expresivas del piano hasta extremos desconocidos, era como si lo tocara a distancia, era el aura, o el fantasma de un piano, lo que sonaba ahí. Y por momentos, con la entrada de un beat sólido, “Auricle Bio On” abría la puerta a la música de club. Fue, por derecho propio, uno de los discos más singulares de aquel año y todavía ahora; un disco que sólo puede hacer quien simultáneamente es un virtuoso del solfeo y se maneja con soltura con el software. En los conservatorios de París o Nueva York, por desgracia, no se cultivan talentos así.

Ahora, “Idiosynkrasia” es como la suma de los dos primeros álbumes de Tristano más la alegría del single intermedio, “The Melody” (Infiné, 2008). Ni suena tan básico, tan grácil como el primero, ni tan técnicamente complejo como el segundo; se queda con lo mejor de cada uno para avanzar por una tercera vía en la que piano y techno se conectan sin que exista ninguna fricción perjudicial. En esta ocasión, el asistente (de lujo) en la grabación del disco ha sido Carl Craig (quien ya había remezclado “The Melody”). Francesco viajó a Detroit para hacerse un lugar en los estudios Planet E y contar con la asesoría del gran mago en la creación, paso a paso, de estas nueve piezas. En ningún caso se trata de una producción, sino de una ayuda gentil –Tristano ha tocado el piano en la banda en directo de Innerzone Orchestra, la amistad les une– que consiste en prestar máquinas, instalaciones e ideas con todo el tiempo por delante, tanto como fuera suficiente para dejar el disco perfecto, con un sonido a la altura de las circunstancias. Y en esto ha quedado: en un disco de piano con injertos de ruidos y bombos, que bascula entre la ornamentación concrète y la sinergia con Detroit. Por ejemplo, “Mambo”: el piano suena cristalino, repetitivo, como inspirado en la escuela minimalista –aunque en realidad es una técnica de digitación del barroco, como el bajo continuo en el aria de una suite–, y a su paso le van interrumpiendo el avance found sounds y crujidos de extraña procedencia, sombras en un camino de luz.

A partir de aquí, “Idiosynkrasia” avanza por diferentes vías. Por momentos se desnuda de interferencias (la sencillísima “Lastdays” o “Nach Wasser Noch Erde”, una composición circular, como un track de baile, sin variaciones, en la que sólo entra un pulso digital en el último suspiro), y en ocasiones se adentra en la floresta del jazz (free y colorista en el caso de “Eastern Market” o “Single And Dopppio”, más technoide en “Wilson”), aunque donde alcanza mayor altura es cuando la alta gama deja paso al techno sin ambages y los bombos concisos; allí donde los pads ambientales subrayan las melodías románticas: “Idiosynkrasia”, “Fragance De Fraga” –un shock, también una extensión de “Auricle Bio On”– y la final “Hello Inner Space Dub”, el segmento más cósmico de todo el álbum y la confirmación de que, en efecto, Francesco Tristano es uno de los verdaderos creadores idiosincrásicos del momento, un hombre con un lenguaje único –fruto de la mezcla de genio innato y gustos divergentes; su visión del techno es la que se hubiera dado si, en el siglo XIX, la cámara de eco hubiera convivido con el piano de cola– y con la habilidad suficiente como para extraer arte y emoción de extrema delicadeza allí donde otros sólo habrían fabricado un pastiche ridículo.

Javier Blánquez

Francesco Tristano - Idiosynkrasia

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