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Petar Dundov Petar DundovIdeas From The Pond

8.3 / 10

Éste es un álbum en el que se superponen tres planos estéticos: techno en la base, nueva música cósmica en la forma y trance en el espíritu. Petar Dundov es un veterano de casi 40 años que a lo largo de su carrera ha sufrido horrores –nada menos que la guerra en su país, Croacia, a principios de los 90s, cuando comenzaba a producir sus primeros tracks– y honores, como ser uno de los primeros artistas en ser invitados por Jeff Mills a unirse a la escudería Axis (vía subsello, Tomorrow), y como músico ha experimentado una maduración paciente que parecía haber culminado en su espectacular álbum de debut, “Escapements” ( Music Man, 2008), aunque a tenor de “Ideas From The Pond” parecía claro que lo mejor aún estaba por llegar. Aquél fue un disco de techno épico y pulsante, una colección de escapadas furiosas hacia un punto de fuga espacial propulsadas por contrapuntos y bombos insistentes, una versión 4x4 del material que por entonces –sin un beat tan marcado– estaba produciendo la bestia Gavin Russom, y precisamente fue Russom quien firmó la remezcla de “Oasis” en aquel vinilo dorado con “Sparkling Stars” en la cara A. Definitivamente, Dundov era el primo balcánico de las juventud americana adicta a la música planeadora de los 70s y el hermano de sangre de los viajeros galácticos de Detroit, y parecía lógico imaginar que, algún día, estos dos caminos dejarían de bifurcarse para pasar a ser uno, liso y recto.

“Ideas From The Pond” es, a todas luces, esa convergencia y unión de caminos. En casi 80 minutos, Dundov tira de recuerdos de juventud y de buen oficio para dramatizar con infinita paciencia y pulso más frío que el de un asesino en serie una orgía de arpegios y capas de sintetizadores galácticos en lo que parece ser el encuentro idóneo, aunque no consumado a la perfección, entre el techno de Carl Craig bajo el alias 69, las circunvoluciones oníricas de Cosmic Baby –y, por extensión, todo el catálogo antiguo del sello MFS– y la vieja guardia del sonido kosmische, de Tangerine Dream en adelante. De hecho, el primer corte del álbum, homónimo, que suena como aquel ‘ballet estático’ de Conrad Schnitzler, sugiere por error un giro de Dundov a la new age tal como la entendieron Klaus Schulze y sus epígonos, Robert Schroeder y Harald Grosskopf, un ovillo de sintes que parecen perseguirse entre sí en un contrapunto angelical, con arpegios airosos, y sin duda esa ambición –tan cercana a la de los actuales Emeralds– es crucial en todo el álbum: “Distant Shores”, con punteo de guitarra incluido, no anda lejos de la influencia de Manuel Göttsching –que es lo mismo que decir que comparte un mismo espacio emocional con el trabajo en solitario de Mark McGuire–, y “Brownian Interplay”, justo hasta que entra el bombo tras una introducción eterna –¡y aún así ocho minutos antes del final!–, es la clase de corte que debe ir en la maleta, o en la carpeta de ficheros para el Serato, al lado de los remixes de “Does It Look Like I’m Here?” que ha firmado Daphni.

Lo que tiene Petar Dundov que le falta a los Emeralds, Oneohtrix Point Never y demás cachorros de las escuderías Software y Spectrum Spools es una educación sentimental, dicho en términos flauvertianos, muy distinta. La edad es un factor importante, pero aún más el contexto histórico: Dundov viene de un país que aún está curando las heridas de la guerra, su deseo escapista es más puro, más intenso, que el de un post-universitario con tiempo libre que escucha a Philip Glass en su casa por las noches, y además le acompaña una vida completa de amor y adicción a un techno viajero, envolvente, que ha flirteado con el trance sin descanso. Sería muy difícil –más bien sería ridículo– identificar a Dundov con el pop hipnagógico –de haber algún rastro de pop en “Ideas From The Pond” sería en los diez minutos de “Together”, donde aparecen líneas melódicas que pueden recordar a dos clásicos secundarios de Kraftwerk, “Spacelab” y “Metropolis”, con acordes introductorios que podrían venir de algún disco antiguo de Paul Van Dyk–, y más con el remake soñado de la banda sonora de “Risky Business”, sublimado en “Around One”.

Lo interesante de “Ideas From The Pond” es que, tras muchas escuchas repetidas, nunca acaba de ser lo que parece. Cuando se quiere ver en él un remedo de kosmische musik actualizada, aparecen aromas de psicodelia house en cualquier parte, y de los 70s en Alemania te transporta a los 90s en Inglaterra. Cuando parece ser un milimetrado ejercicio de techno con marchamo de Detroit, unos arreglos excesivos y un vuelo melódico elevado lo llevan a las arenas movedizas del trance, de las que sale siempre con unos teclados templados que nunca se abigarran en exceso y acaban volviendo a la fuente, al origen primero, a los arpegios de Chris Franke en Tangerine Dream, a las fases más tranquilas de Harmonia, al “Floating” de Klaus Schulze, y de rebote a la recreación de esa música planeadora teutona vía IDM –la amplitud, la calma, la obsesión por el detalle– que también se encuentra en el álbum Holkham Drones de Luke Abbott y en el single “Triangle Folds” de James Holden. Dicho todo esto, podría parecer que “Ideas From The Pond” es el álbum electrónico definitivo de 2012. Bien, no lo es, pero sí es un álbum armonioso en su construcción, profundo en su recorrido, bello y humano, y cuando se necesita siempre hay un bombo al rescate para llevarlo del club al dormitorio y viceversa. Si hubiera justicia poética, Petar lo tendría que ídem con esto.

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