Ice On The Dune Ice On The Dune

Álbumes

Empire of the Sun Empire of the SunIce On The Dune

5.8 / 10

Empire Of The Sun llamaron la atención en 2008 por dos razones. Una era el travestismo que exhibían, a medio camino entre el chamanismo indio con plumajes y la tradición del glam-pop. Y la otra por una canción. Luke Steele (líder de los rockeros The Sleepy Jackson) y Nick Littlemore (miembro de Pnau) destaparon una joya que aún hoy en día sigue sonando como un gran acierto. Hablamos de “We Are The People”, aquel single inmaculado incrustado en un “Walking On A Dream” que en conjunto no parecía trazar ningún rumbo fijo, y con el que Empire Of The Sun pretendían ser algo así como la alternativa australiana de MGMT y sus atuendos de mohicanos pasados de éxtasis. Desde entonces ha llovido bastante, tanto como que Littlemore tuvo tiempo de desvincularse durante una temporada de su compañero hasta que el pasado año decidieron volver a juntarse en el estudio, yendo por el camino más insultantemente fácil. Si nos hubieran dicho que el Stuart Price menos inspirado se encuentra detrás de la producción de “Ice On The Dune” nos lo hubiéramos creído. En efecto, el pop lo inunda todo en estas nuevas canciones, pero desde el primer momento se aprecia que el dúo busca desesperadamente instalarse en las listas de éxito, pero innovando menos que el diseño de un palillo.

Puede que no haya ningún candidato claro a tomarle el relevo a “We Are The People” en nuestra memoria pop (lo único que se lo podría acercar son el tema titular, “DNA” y “Celebrate”, aun recurriendo esta última a una melodía machacona que puede recordar a unos imitadores cualquiera del french touch más azucarado). Pero tampoco es que nos encontremos ante un desastre mayúsculo. Más allá de la atropellada y empalagosa “Alive”, el falsete desmedido de Steele en “Awakening” (inevitable acordarse de Scissor Sisters durante esos minutos) o esa “I’ll Be Around” que intenta retar al “Everywhere” de Fleetwood Mac, lo que queda es un disco que solamente se acoge a la enmienda del entretenimiento. Por momentos puede sonar algo repetitivo y nada elegante (algo que sí ocurría en muchos números de su debut) al haber vendido su alma a las producciones más propias de un Calvin Harris o cualquier estrellita de la órbita dance-pop, pero eso puede solucionarse esquivando en nuestras listas de reproducción aquellas piezas que más tirria nos despiertan. Aunque eso sí: un tercer álbum que quiera seguir por los mismos derroteros se les puede quedar grande, igual o más que esas vestimentas que ni la peor de las mamarrachas se pondría para salir de casa.

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