II II

Álbumes

Desire DesireII

6.6 / 10

Desire  II ITALIANS DO IT BETTER

Dicen que la noche en Nueva York resurge de sus cenizas. Si es que alguna vez ardió del todo, claro. Lo que sí es cierto es que últimamente nos llegan ecos de la ciudad de los rascacielos en forma de sellos chulos y bastante cool, la mayoría con la voluntad de interferir en el contexto clubber sin perder de vista el esplendoroso pasado. Muchos son los que se alimentan de neo y cosmic disco, psicodelia y proto-house con producciones de nuevo cuño alineadas con las nuevas tecnologías para que el resultados sea de lo más trendy. El de Mike Simonetti, sin ir más lejos, es el que más lo peta. Puedes chequear sus sets, novedades y charts a través de su más que completo blog –en el que Simonetti se lo pasa bomba con esos sets promocionales colgados sin tracklist para que sus aficionados, que tienen algo de nerds de todo lo que suene a retro, se rasquen la cabeza y se pregunten por éste o aquél tema desconocido–.

Italians Do It Better –traducido como “los italianos sí que la saben meter”– cuenta con un elenco de artistas que empieza a rodar en clubs de ese y este lado del charco, con cositas destacables todavía publicadas en plástico, cómo no, de gente como Professor Genius o Invisible Conga People –con su referencia Cable Dazed / Weird Pains del año pasado entre mis favoritas de toda la discografía del sello–. Entre sus nuevos fichajes tenemos que rendir cuenta de estos Desire que estos días están presentando su álbum de debut “II” (no me consta que haya un I) con el productor Johnny Level haciendo de director de orquesta y convirtiéndose de nuevo en el ejecutor en estudio de los sueños húmedos de Simonetti. No por nada, el mismo Adam Miller, su verdadero nombre, encabeza otros de los grupos estrella del sello, Glass Candy y Chromatics. Desire, de hecho, es un remedo de otros grupos, ya que la vocalista, y teclista Megan Louise también forma parte de Montreal, y Nat Sahlstrom, bajista, estuvo también en Chromatics. El que nos ocupa hoy es un proyecto de slow disco de lo más emotivo que podría ser la banda sonora de un cabaret nocturno para almas en vela. Producción bien cuidada con un pie en lo retro y con otro en los beats de nuevo cuño que recogen el testigo de la hornada electroclash, una especie de post-new romantics –explota ramalazos y trucos de italo azucarado de mediados de los 80– que seguro que conforman el ojito derecho de un Simonetti al que le va lo que está de moda una barbaridad.

También diría que le ponen más los ochentas europeos que los norteamericanos. El hilo artístico del sello conserva un no sé qué de la nocturnidad de los setenta, pero con un toque clashy y superficial muy de la década en que Madonna saltó a la palestra. Todas las producciones parece estar facturadas con el viejo continente como punto de mira, algo que muy pocos sellos de la costa este norteamericana han tenido en cuenta tradicionalmente (y menos con la discoteca como contexto). Mike estará satisfecho, sí. Ha puesto una nueva piedra para convertir a su sello en una especie de nuevo Zé Records de principios del siglo XXI. Por lo menos ha conseguido que cada mes estemos atentos a su última salida al mercado.

David Puente

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