II II

Álbumes

Lindstrøm LindstrømII

7 / 10

Lindstrøm & Prins Thomas  II ESKIMO / K INDUSTRIA

Ojo, que en Pitchfork le han puesto un notable alto a este álbum, y eso son palabras mayores en los mentideros foreros y blogueros de esta internet nuestra de cada día. La nota no tiene en cuenta la originalidad del título. Lo que sí puede ocurrir es que estos norteamericanos se hayan quedado boquiabiertos con toda la escena neo disco y space disco que asola Europa, y que todo lo que lleve una firma que suene a escandinavo tenga bula papal. Supongo que en Chicago deben estar flipando con toda esta corriente que apuesta por volver a la música espacial de hace treinta años y que encima sirva de excusa para obtener bolos en clubes del viejo continente. Bueno: a decir verdad, Lindstrøm & Prins Thomas ya son requeridos en todo el mundo con sesiones en Tokio que pueden llegar a las ocho horas. Pegaron el pelotazo con su primer álbum en conjunto allá por el año 2005 y desde entonces no han parado de aparecer en charts y revistas de tendencias.

Por entonces, el dinámico dúo noruego demostró que en plena época del sonido minimal se podía salir uno de la tangente y vender mucho reivindicando el sonido disco de finales de los setenta y principios de los ochenta –reminiscencias de la corriente post-disco con melodías que tanto recordaban a nuestros queridos productores de italo–. De hecho, hay quien dice que fueron ellos los que iniciaron el boom del nuevo cosmic disco, con aquel “I Feel Space” que firmó Lindstrøm él solo: lo que sí es seguro es que son los responsables de la popularización de este sonido entre los jóvenes de menos de treinta años. Tanto a Lindstrøm como a Prins Thomas les hubiera gustado nacer en la década de los 70 y formar parte de aquellas kosmische bands que empezaban una jam en Marte y la podían acabar perfectamente en Saturno. A la pareja de blanquitos también les hubiera gustado parir álbumes como ese “Automat” (1978), de Automat –valga la redundancia–, difícil de encontrar, carísimo, y que es una odisea épica de agárrate y no te menees con un sonido vintage que, obviamente, no ha podido ser superado 30 años después.

Algo de esa voluntad planeadora de desarrollos largos, por no decir eternos, se pudo comprobar en “Where You Go I Go Too” ( Smalltown Supersound, 2008), el álbum del guaperas de Lindstrøm –a veces pienso que tendría que ser más feo para ganarse la connivencia de los disco masters más escépticos–. Creo que es demasiado pretencioso establecer diferencias entre el primer álbum en colaboración de Lindstrøm y Prins Thomas –que, muy originalmente, se titulaba “Lindstrøm & Prins Thomas” (Eskimo, 2005)– y este segundo, entre otras cosas porque no creo que ni siquiera ellos hayan establecido estrategias diferentes entre el predecesor y su secuela –tal vez existe una voluntad de sonar más a directo y menos a estudio casero–. Lindstrøm no es muy amigo de conceptualizar su música. Es un pirado del krautrock, la psicodelia y el space disco, y lo que hace le sale así y punto. A Prins Thomas no le conozco el discurso, pero con la cantidad de remezclas que le han salido últimamente dudo mucho que esté para teorías artísticas. Lo que si está claro es que esta segunda entrega en formato álbum de los de Oslo llega en un momento ideal, porque el contexto está demandando la vuelta de formas balsámicas como el balearic que desembarcó en Ibiza en los ochenta a la par que aquellos superclubs de la isla, en aquellos tiempos en los que el éxtasis era puro. Y qué mejor balearic que esos mantras acolchados con esos bajos arpegiados que te dejan en suspenso y con ganas de fumarte otro porro mientras te da la brisa en la cara. Pura psicodelia que, por cierto, es otra de esas tendencias que, sin estar de moda, sí que es verdad que vertebran una moda sutil que no hace mucho ruido pero lo inunda todo.

En época de crisis económicas y de ideales como la nuestra, la música de Prins Thomas y Lindstrøm puede ser un placebo mejor que el fútbol. De todas maneras, una vez os hayáis cansado del disco estaría bien que le echárais un vistazo a las producciones de gente como Conrad Schnitzler, que últimamente ha sido reivindicado por DJ Mooner –antes en Zombie Nation, ahora metido en tareas de selector y digger– en el recopilatorio “Rare Tracks 1979-1982. Re-Edited”, publicado el verano pasado en la plataforma Erkrankung Durch Musique. Aquello, más que placebo, es un chute de heroína directo en vena.Y si no hay quien te saque de la fórmula L&P, pues entonces busca por ahí su participación en el programa Essential Mix de la BBC 1, que fue escogida como la mejor sesión de todas las que se realizaron en 2007 para el radio show de Pete Tong. Comprobarás que en cabina lo suyo no es revivalismo puro.

David Puente

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