II II

Álbumes

Marcel Dettmann Marcel DettmannII

6.8 / 10

Marcel Dettmann es uno de los mejores DJs de techno –en el sentido más arquetípico del término– que uno puede escuchar en la actualidad. Pocos logran conjugar contundencia y sutileza como el berlinés. Por mucho que uno esté curado de espantos con la “trucha”, hay algo en sus sesiones que te mantiene atrapado, descubriendo infinitos matices entre la avalancha de ritmos duros. Puede que sea su look a lo Thor, o puede que, simplemente, su olfato sea primoroso. En sus producciones, sin embargo, el resultado tiende a ser un tanto irregular. Su coherencia a la hora de adscribirse a una estética determinada –el techno sobrio, de cantos afilados y porte pétreo– es admirable, pero es precisamente cuando traiciona esa coherencia cuando logra los mejores resultados. Observando sus últimos lanzamientos, resultan mucho más seductores los acercamientos al electro nebuloso de “Landscape” (Music Man, 2012) que los ritmos a piñón fijo de “Linux / Ellipse” (50 Weapons, 2013). De la misma manera, algunos de sus mejores remixes son aquellos que han incorporado elementos normalmente ajenos a su discurso como las voces; ahí está su memorable reconstrucción del “Work” de Junior Boys para corroborarlo. Teniendo en cuenta que sabe manejarse en terrenos ignotos resulta un tanto sorprendente que a la hora de enfrentarse a sus álbumes se aferre tanto a su zona de confort. Ocurrió hace tres años en “Dettmann” (Ostgut Ton, 2010) (sí, no estaba mal, pero a ver quién era capaz de escuchárselo del tirón) y, lamentablemente, vuelve a suceder en “II”.

El primer adelanto del disco, “Seduction”, fue de lo más esperanzador. En un arrebato espiritista, Dettmann doma los sollozos de Emika con ecos reverberantes y escapa del cerco de sus habitualmente milimétricas estructuras con patrones rítmicos inestables, guiados por toms de 808 robustecidos con saturación. Escuchándola, uno se imaginaba al alemán siguiendo los pasos de, por ejemplo, Andy Stott, alejándose de los dictados de la pista y aventurándose a explorar abismos abstractos. A decir verdad, fue un espejismo. Es cierto que el disco incluye exploraciones ambientales como “Stranger” o fogonazos marcianos como “Shiver”, pero estos impulsos solo se manifiestan en forma de pequeños interludios sin el suficiente desarrollo como para ejercer de contrapeso a un conjunto demasiado dominado por la funcionalidad techno. El caso más frustrante es el de “Outback”, una incursión en el dub ingrávido co-producida por Levon Vincent. Es uno de los momentos más brillantes del disco, pero su brevedad menoscaba su potencial. El resto del tracklist está dominado por diversas acepciones de su libro de estilo. “Ductil” y “Radar” se acercan a una suerte de drone techno fundiendo argamasas graníticas en descomposición con ritmos cortantes, mientras que “Throb” y “Lightworks” muestran su faceta más contenida con ritmos algo más acolchados y secuencias cerebrales. Pero, aunque pise el freno, el problema es de fondo; cuesta empatizar con los tracks más allá de su condición de DJ tools. De hecho, los defectos del disco poco tienen que ver con la dureza. La mejor prueba de ello es “Soar”, que cuenta con el bombo más rotundo del disco, pero mantiene la tensión en todo momento gracias al dinamismo de sus atmósferas desoladas. “Aim”, por su parte, es otro de los momentos más inspirados gracias al contraste de calidez que aportan sus plácidos pads ante tanta sombra grisácea. El track llega al final a modo de descompresión, pero también como demostración definitiva de que un disco de techno que peca de monotonía pocas veces podrá esquivar el tedio.

En conjunto, hay poco que reprochar a nivel técnico o formal, pero, como tantas veces ocurre cuando productores especializados en armas para la pisa dan el salto al álbum, el resultado global es bastante insulso. A un trabajo largo hay que exigirle unos ciertos mínimos conceptuales o narrativos, algo que le dé sentido en sí mismo e impida que sus piezas tengan el mismo efecto por separado (en otras palabras, que lo haga distinto a la suma de tres EPs). Probablemente, si Dettmann pinchara cualquiera de estos tracks en una de sus sesiones, cobrarían una nueva dimensión. Pero hoy deberíamos estar hablando de otra cosa.

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