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Álbumes

Crystal Castles Crystal Castles(III)

9.2 / 10

En 2006 lanzaban su primer single, “ Alice Practice”, y triunfaba en la blogosfera. Un año más tarde llegaba “ Crimewave”, que gracias a la remezcla de HEALTH les puso en el punto de mira de mucha más gente y se coló entre los 20 singles más vendidos en el Reino Unido. Y en 2008, por fin, su debut, un álbum homónimo que sorprendía con su mezcla de 8bits, noise y espíritu DIY. Una imagen adecuada (la anti-imagen en realidad: estética feísta, ropas que cualquiera relegaría al fondo del armario y un rollo tirado que recuerda al de los 90), unos directos que a veces terminaban en caos (como su paso por el Sónar 2009, en el que se encararon y acabaron a golpes con la seguridad del festival cuando les obligaron a cancelar su directo, después de que Alice se encabronara porque no se les escuchaba en condiciones) y, sobre todo, un creciente número de fans que recibían de buena gana esa bofetada a la corrección política y a esos grupos anclados en el revival u obsesionados con triunfar con el primer álbum: lo de Crystal Castles era un corte de mangas a la dictadura del hit instantáneo y de caer en gracia a prensa y críticos. Y luego estaba (está) Alice Glass, esa suerte de replicante con el que habría soñado Ridley Scott para “Blade Runner”: menuda y terriblemente carismática, viene a ser la respuesta del siglo XXI a las riot grrrls y no duda en señalar con el dedo a esas prima donnas del pop que explotan su imagen para vender más (la última de sus víctimas ha sido Katy Perry, a quien ha acusado de sexualizar todo lo que hace, incluyendo los célebres cupcakes de su corsé, y así condicionar a que las niñas pequeñas se vistan de forma sexy). Otro elemento clave para entender ese éxito, sin duda, reside en unos fans, que parecen haber encontrado en el esquivo dúo una voz que si se caracteriza por algo es por sudársela lo que piensen los demás: puro punk, guste o no. Pero sin buenas canciones, todo eso no se habría sostenido y Crystal Castles no habrían pasado de ser el grupo de la temporada, el entretenimiento de turno, pero luego llegó “(II)” y quedó claro que lo suyo no era flor de un día.

Ahora, después de algún que otro retraso y tras abrir boca con single como “Plague”, llega por fin “(III)”, el esperado tercer disco, ese tercer disco del que esperaba que fuera a terminar de consolidar (o relegar al olvido) a Crystal Castles. Después de escucharlo está claro que aquí estamos ante el primer caso, el de la consolidación absoluta e indiscutible. Si alguien a estas alturas no entiende al dúo canadiense o espera de ellos que se suban al carro de la moda de turno, no va a encontrar motivos para la euforia, porque Ethan Kath y Alice Glass siguen haciendo en 2012 lo mismo que hace cinco años: los que les da la gana. Había quienes especulaban con un giro al witch-house, pero basta con una escucha para darse cuenta de que si en algún momento Crystal Castles animaron a pensar eso es porque estaban jugando al despiste. Aquí lo único que huele, y de lejos, a witch-house, es “ Child I Will Hurt You”, que en realidad se trata de una nana envenenada, pese al preciosismo de los arreglos, y que deja en desventaja a ese otro clásico del witch-house como es “King Night” de Salem. El dúo, de hecho, ha retomado las cosas donde las dejaron en “(II)”: “ Affection” y “ Telepath” son la respuesta a ese “ Celestica” que algunos no aceptaron (o no quisieron aceptar) por tirar de bases de electrónica bailable, aparentemente fácil de digerir, pero que ya se encargan ellos de retorcer.

En “(III)”, Crystal Castles vuelven a dar una lección de desasosiego, inquietud y hasta opresión, pero con tal maestría que es fácil caer en las redes que tejen Kath y Glass y no querer salir de ellas, hasta encontrar placer en dejarse atrapar en esas melodías entrecortadas y esos sintes que, como en el caso de “Plague”, parecen venir del mismísimo infierno: un infierno compuesto a base de sintes, ritmos de 8bits, bases de techno (“ Sad Eyes”, sin ir más lejos, pasa por la interpretación del bakalao según el dúo y que entronca directamente con el “ Baptism” de su anterior trabajo). Incluso canciones aparentemente tranquilas como “ Affection” o “ Pale Flesh” transmiten algo de esa quinina que Alice Glass sabe inocular usando la voz a su antojo, ya sea como un grito histriónico o como un amenazador susurro.

Con “(III)”, Crytal Castles no pierden su relevancia como cronistas de la angustia existencial, de la revolución bailable y del nihilismo. Llevaban tiempo amagando con entregar la banda sonora de estos tiempos, pero es ahora cuando lo consiguen, ya sea por la coyuntura social o porque dan un paso más con “(III)” y ponen nombre a ese malestar. Basta con echar un vistazo a los títulos de las canciones del álbum para constatarlo a simple vista: “ Mercenary”, “ Kerosene”, “ Violent Youth”, “Plague”, “Sad Eyes”... canciones que además transmiten la tensión y el conflicto mucho mejor que cualquier panfleto y en menos tiempo, por no hablar de la oportuna portada, esa Pietà moderna y terrible fotografiada por Samuel Aranda. “(III)”, como los tiempos que corren, viene que muerde.

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