III - MMXII III - MMXII

Álbumes

Clubroot ClubrootIII - MMXII

7.8 / 10

Lo que comenzó siendo un trabajo refinado de dubstep gaseoso, fuertemente inspirado por la neblina y el temblor de Burial, ha acabado convirtiéndose en una de las trilogías más sólidas del recuento electrónico de los últimos años, con instantes en los que se han alcanzado instantes de un estremecimiento indescriptible que todavía deja un cosquilleo en el espinazo los días más fríos. Clubroot tendrá que arrastrar hasta el fin de sus días la etiqueta de epígono de Burial –los más maliciosos, que los hay, le tildarán de imitador–, pero había instantes (muchos, de hecho) en “Clubroot” (2009) y el orbital “II - MMX” en los que el alumno se ponía a la altura del maestro y le mirada frente a frente, sin miedo. Esos momentos también aparecen en “III - MMXII”, un disco que debería ser definitivamente el cierre de un ciclo creativo y la ocasión para volver a pensar cómo debe ser su música y hacia dónde ir. Fin de ciclo porque, aunque Daniel Richmond mantiene el nivel general de sus dos álbumes anteriores, ya se percibe algo agotada la fórmula, algo predecibles sus movimientos. Si en la primera entrega te dejaba con una duda razonable –una copia perfecta, pero una copia– y en la segunda despejaba esa misma duda –antes de que Burial renovara sus recursos estilísticos con los giros prog de “Loner” Clubroot ya tenía incisos trance en piezas anteriores como “Orbiting” o “Cherubs Cry”–, el tercer álbum vuelve ser más introspectivo que expansivo, y por tanto con riesgo profundo de colapsarse hacia adentro sin posibilidad de renovación.

Escuchando con atención queda claro que no es una repetición exacta y que ha habido cambios en el cauce expresivo de Clubroot: hay momentos como “Lurking In The Shadows” que son abiertamente oscuros, tremendistas, con los bajos más gruesos que jamás le hemos escuchado, con melodías minimalistas propias de Kode9 o Photek y que se alejan de la habitual textura acuosa de su aproximación al dubstep. Pero incluso esa manera de hacer ya suena caduca –aprovechable si se hace bien, como es el caso, pero nunca más representará un shock– e impide que tema a tema el álbum se afiance como una obra victoriosa, como sí lo fue la entrega precedente. Por supuesto, hay más cortes de primer nivel –contados uno a uno– que pequeños fiascos. La introducción ( “Ennio’s Eden”), por ejemplo, es de una solemnidad espectacular, como un edit extendido de la primera parte del “Oxygène” de Jean-Michel Jarre: sintetizadores lentos y con desarrollo de fanfarria olímpica y efecto de poderío cósmico para entrar a lo grande. Luego van apareciendo todos los estados de ánimo y los recursos imaginables en un disco de Clubroot: voces que se alargan en profundos suspiros y repiqueteos de teclado lacrimógeno ( “Left-Hand Path”), dubstep entre sombras y luz de Luna ( “Summons”), paisajes románticos con hadas bañándose en el arroyo ( “Murmur Interlude”) y tambores de guerra que en casos concretos parecen una actualización del mecanismo rítmico del citado Photek en “Ni-Ten-Ichi-Ryu” ( “Garrison”), a lo que hay que sumar ambient profundo y sensible con bajos submarinos ( “Faith In Her”) y cortes que hacen honor a su título: “Celestial”.

Hay más drum’n’bass que dubstep si nos atenemos a los ritmos –en piezas como “My Kingdom” se aprecia el desarrollo y el tanteo entre un espacio y otro–, y eso es un buen progreso para Clubroot, un cambio notable, pero tampoco una revolución porque sólo sugiere la idea tímidamente, nunca la acaba de explotar, y cuando más se esfuerza en girar las tornas es al final de todo, en un tema oculto y sin título que añade más aroma photekiano y que indica por dónde debe ir su música en adelante. “III - MMXXII” quizá queda empañado por esa sensación agridulce de saber que hay que cambiar el rumbo, y no está a la (gran) altura de los dos álbumes anteriores. Pero también deja dos ideas firmes: la primera, que Clubroot es consciente de que hay que variar para seguir, y que ha empezado a trabajar en esa línea; la segunda, que mientras el envoltorio de texturas sea tan estremecedor como aquí vuelve a ser, nunca habrá disco malo de Clubroot. Quizá haya alguno que no baje directamente del cielo como un ángel a darnos la buena nueva, pero siempre estarán por ahí cerca, levitando con temblores de frío y pasión.

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